Los Cielos de Júpiter: Discreta II

Louis se encuentra completamente recuperado y tras convencer a los líderes de las Casas de Asesinos ahora está al mando de un ejército con los mejores guerreros de todo Júpiter. Mientras tanto Pasternack y Meyers no habían parado de convertir las humildes fragatas de los piratas en autenticas máquinas de guerra y aunque aquel era un proceso considerablemente lento, la flota de la rebelión ya iba alcanzando las mil naves.

Por si fuera poco los profesores ya se estaban atreviendo a construir aparatos mas grandes…

Louis, Allan y Diana conducían a una vendada Sheila a través del hangar de la base de Calisto.

—Como esto sea alguna especie de broma todos ustedes van a conocer la ira de la Almirante D’Aramitz.

Los otros solo respondieron con risas, la detuvieron en lo que Sheila calculó que sería la mitad del hangar, cuando retiraron la venda de sus ojos se encontró mirando a Meyers y Pasternack con una sonrisa cómplice frente a un aparato que se le antojó enorme.

—¿Qué se supone que es esto?

—Esta es nuestra primera fragata Almirante —Le respondió Meyers calmado pero con un tono lleno de orgullo.

—No es tan grande como una fragata de la Inquisición, pero es al menos el doble de grande que nuestras corvetas, —Louis comenzó a hacer «la demostración» con gestos grandilocuentes y paseándose alrededor de la nave— nuestro diseño además es mucho mas eficiente, esta fragata puede equiparse con hasta nueve cañones de mejor calibre y mejor rango que las fragatas de la Inquisición, y no hablemos de la cantidad de misiles que puede cargar.

La compuerta se abrió y abordaron la nueva nave, los interiores eran mucho mas amplios que los de la vieja «Discreta» los pasillos eran estrechos diseñados para moverse en baja gravedad, pero la sala de mando tenía espacio hasta para cuatro tripulantes y el capitán, en artillería también tenían puesto para cinco, al igual que ne la sala del reactor. Sheila pensó que comandar una nave de quince tripulantes sería muy diferente.

—De este modo es como pretendes sacarme de tu precioso crucero ¿eh Rackham? —Sheila tenía una sonrisa burlona.

—Lamentablemente el crucero es demasiado grande y poco flexible para nuestro estilo de combate y aún no terminamos de acondicionarlo, pero si lo prefieres…

—Solo bromeo Rackham, esta nave es preciosa. —Sheila tomó asiento en el centro de mando y movió sus ojos fascinada por toda la cabina.

—Y aquí tenemos la última sorpresa —Louis levantó la tapa frente a los controles del asiento de Sheila y todos pudieron ver una media docena de cerebros clonados flotando en un líquido verde.— Esto no solo te permitirá conducir la nave con mayor facilidad, también te dará un mejor control de la flota en general.

—¿Y qué se supone que haré con la vieja Discreta? —Preguntó la Almirante recordando su nave anterior.

—Bueno pues ya que tú no la necesitarás, yo había pensado que Capitán Allan Lee suena muy bien ¿no lo crees así?

—¡¿Qué?! —Sheila salió disparada del asiento y se abrazó a Allan hasta con las piernas.— No vas a llevarte a mi Allan de mi lado ¿verdad que no?

Pero Allan estaba silencioso y disimulaba una sonrisa.

—Bueno Almirante, sería una gran oportunidad para mi ¿no lo crees? ¿Cómo te gustaría mas ascendiendo a Capitan o permaneciendo artillero para siempre?

Sheila volvió a sentarse despacito con los labios entreabiertos, casi incapaz de creer las palabras de Allan.

—¿Entonces vas a abandonarme?

—¡Por supuesto que no Sheila! Pero voy a protegerte mucho mejor desde mi propia nave.

Sheila volvió a ponerse de pie y lo abrazó nuevamente pero con mas fuerza esta vez y no sabía si reír o llorar.

—Creo que nuestros amigos necesitan un momento de intimidad, —susurró Louis haciéndole señas a los otros de que salieran de la cabina— dejemos que el Capitán y la Almirante arreglen sus asuntos.


Alberto había recibido los informes desde Marte, el primer lote de refuerzos había partido de Marte, pero las órbitas del planeta rojo  y el Gigante Gaseoso no estaban en su mejor punto de aproximación.

—Van a tardar al menos dos meses en alcanzarnos, —Declaró el Almirante Roland—  si pudiesen utilizar una órbita mas evidente los tendríamos aquí antes, pero están siendo extremadamente cuidadosos, así que se aproximan por entre los asteroides Troyanos lo cual les permitirá pasar desapercibidos un tiempo, pero los retrasará mucho.

—Hemos aguantado 15 años, yo creo que podemos aguantar un par de meses —la voz de Fernandez parecía ligeramente mas grave desde que se había convertido en Gran Almirante.— Lo que no me gusta es que parece que están mas asustados que nosotros, ¿de cuantas naves y de cuantos hombres estamos hablando exactamente?

—Los estarán enviando en varias olas, nos aseguran que al final tendremos el doble de tropas que tenemos ahora, pero este primer refuerzo solo comprende mil destructores y unos diez mil hombres.

—¿Cuando se supone que partirá el siguiente refuerzo?

—No nos dan seguridad, pero sugieren que en unos tres días a una semana.

—A ese paso tendremos el doble de tropas en unos diez años mas, tiene que ser una broma. —El Gran Almirante se llevó una mano a la sien como intentando mitigar un dolor de cabeza.— Pero no podemos arriesgarnos. —Se puso de pie y comenzó a pasearse alrededor de la mesa en la sala de planeación— quiero que se redoblen los esfuerzos en nuestros propios artilleros, y que las plantas de clonado reciban mas fondos para que se terminen cuanto antes. —Se detuvo brevemente y se llevó una mano a la boca midiendo lo que estaba por decir— no me gusta admitirlo, pero creo que en este punto Rackham y sus rebeldes tienen la ventaja tecnológica, así que nuestra única ventaja podrían ser nuestros números.

—No veo problema en admitir la verdad —apuntó Bonafide— y creo que haces bien en desconfiar del mando en Marte, tienen sus manos llenas con la Tierra y no creo que hayan entendido la gravedad de nuestra situación aquí. Pero ¿de donde pretendes sacar los recursos?

—Quiero que se reduzcan las patrullas en las ciudades orbitales a la mitad, ¿la gente de Júpiter simpatiza con la causa de Rackham? Entonces que disfruten siendo robados por los piratas.

—Actuar de ese modo solo conseguirá que Rackham gane mas adeptos ¿no lo crees?

—Lo sé Roland, lo sé, pero nuestra prioridad tiene que ser mantenernos en control, y las ciudades no son nuestra prioridad, necesitamos mas soldados, necesitamos mas naves y esa tiene que ser nuestra primera opción, si Rackham y sus hombres destruyen nuestros astilleros estaremos en graves problemas.

—¿Y qué hay de la tecnología? —Preguntó Bonafide— ¿No has pensado en solicitar permiso de Marte para utilizar una tecnología de mejor nivel?

—Los rebeldes controlan uno de nuestros cruceros a causa de la inocencia de Apóstolos, solo pensar en toda la tecnología que Rackham podrá sacar a partir de allí me pone los pelos de punta, te imaginarás lo que piensa la gente en Marte.

—Entonces, así como no confías en el Alto Mando Marciano para proveernos las tropas, ¿por qué confías en ellos para que nos provean de tecnología? —Roland intercambió una mirada con Bonafide.

—¿Qué es lo que sugieren? —Aquellos dos se traían algo entre manos, Fernandez notó aquella mirada curiosa.

—Desarrollar nosotros mismos nuestra tecnología —respondió Bonafide.

—Carter estuvo a punto de escaparse la última vez, pero todavía está bajo nuestro control, ¿por qué no permitimos que continúe trabajando en su proyecto?

—No —corto el Gran Almirante tajante— es demasiado peligroso.

—Yo solo digo que necesitamos una ventaja sobre Rackham, y ese proyecto podría ser precisamente lo que necesitamos. —Insinuó Roland.

—No creo que estemos tan desesperados, al menos no todavía…

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Viernes 16 de Mayo 2014

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo. Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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