Por supuesto no había campo de nanites lo suficientemente grande o poderoso como para cubrir un cuerpo del tamaño de Deimos, la otrora luna de Marte recibía los disparos del enemigo de lleno, pero la masiva capa de silicatos y carbonatos protegían apropiadamente los mecanismos de su interior, pero mas importante aún, brindaba una cobertura absoluta a la flota de la Inquisición.
Las fuerzas militares de Kamelia sin la presencia de un líder cayeron en el caos, las naves mas pequeñas y rápidas intentaron rodear a la masiva luna, pero al dejar atrás a las naves mas grandes pero mas lentas se convirtieron en presa fácil de la multitud de armas de las fuerzas combinada de Júpiter y la Inquisición.
—Aprovechemos que el enemigo está distraído con el regalo que les han traído los Inquisidores para mover a la gente fuera de esa ciudad.
Al comando de Sheila, mas naves de la flota joviana se acoplaron con el puerto espacial. Incluso desde la distancia la Almirante podía percibir la desesperación y la angustia en la gente que salía a toda velocidad.
—Almirante D’Aramitz. —La proyección holográfica del rostro de Fernandez apareció de la nada y sin invitación.— Envíe a los refugiados al interior de Deimos.
—¿Puede explicarse mejor Gran Almirante Fernandez? ¿Por qué deberíamos arriesgar a la gente que rescatamos metiéndola en la nave que está siendo atacada por todos nuestros enemigos?
—No se preocupe por eso Sheila. —El hombre se estaba volviendo exageradamente familiar.— Deimos puede resistir este castigo y mucho mas.
—¿Qué hay del arma de nanites de los terranos? No veo campo de fuerza sobre esa luna.
—Es usted perceptiva Sheila, y tiene razón, el exterior de Deimos es demasiado grande para ser protegido por un campo de nanites, pero no así su interior, le aseguro que los refugiados estarán a salvo adentro.
Un segundo holograma mas pequeño apareció en el puente de la nave de Sheila.
—Yo me encuentro en el interior de Deimos Señora Almirante. —Se trataba de Ana Rosa, la Infanta de Dama Infante de Marte— Usted no cree que ellos me arriesgarían ¿o sí?
Aquello decidió a Sheila.
—Por supuesto que no querida, espero que te encargues de consolar a estas personas que han perdido sus hogares de forma tan terrible.
Las naves de la flota joviana hacían el viaje entre la destrozada ciudad y Deimos tan rápido como podían, cuando Sheila observó que tras una multitud de viajes de muchas de sus naves, el número de gente que continuaba fluyendo no bajaba se le hizo claro que las ciudades de Kamelia estaban terriblemente superpobladas.
Las armas de Deimos diezmaban a las naves del enemigo, pero estas continuaban recibiendo nuevos refuerzos, Sheila hizo sus calculos y no le gustaron los resultados.
—Ariadna ¿tenemos a alguien en el interior de la Ciudad? ¿Algún modo de saber cuanta gente nos falta por rescatar?
—Déjeme averiguar Señora. —Ariadna se comunicó con los demás oficiales de la flota rápidamente, y pronto tenía la respuesta.— Tenemos un pequeño grupo de nuestros soldados asistiendo a los refugiados, según sus cálculos creen que todavía queda mas de la mitad de la población de la ciudad por rescatar.
—¡¿Qué?! Pero eso es imposible, ¿cómo vivía tanta gente en el interior de esa ciudad tan minúscula? —La Almirante no se lo podía creer.
Ariadna se encogió de hombros incapaz de entender ella tampoco.
Sheila devolvió sus ojos a la batalla las naves enemigas maniobraba tontamente en frente de los cañones de Deimos, pero era muy difícil que evadieran aquella cantidad de disparos. La mayor ventaja de los kamelianos era su número y aunque ya una infinidad de naves yacía destruida en los alrededores de Deimos, el enemigo continuaba trayendo mas y mas a un ritmo creciente. La Inquisición parecía estar jugando bien sus cartas, ocultaban el grueso de sus fuerzas por detrás de Deimos utilizándolo como escudo, e incluso a Sheila le pareció observar que incluso las naves mas pequeñas entraban en la luna para recibir reparaciones y luego volvían a salir, lo cual era una fantástica táctica, pero ¿por cuanto tiempo podrían mantener aquello?
Lo que mas atemorizaba a la D’Aramitz sin embargo era pensar que en cualquier momento una de aquellas naves que iba llegando podría traer un oficial de alto rango capaz de poner orden en el caótico comportamiento de la flota enemiga.
—Quiero que Waldemar y Violeta designen cada uno a otros doce capitanes, que dejen la tarea de rescate a los demás y que nos escolten.
—¿A donde vamos Almirante?
—Tenemos que sembrar mas caos entre las filas enemigas, no podemos permitir que continúen obteniendo refuerzos tan fácilmente.
Pronto Sheila, Violeta y Waldemar acompañados de un pequeño destacamento de otros veinticuatro capitanes se internaban en las inmediaciones de Kamelia cazando a la naves que se aproximaban a reforzar el grupo principal de enemigos, esto consiguió causar el efecto que deseaba la Almirante, los refuerzos perdieron su foco abandonado la batalla principal y dividiendo su atención hacia la pequeña flota secundaria de Sheila, oportunidad que no desaprovecharon Fernandez y los otros Inquisidores para posicionarse mejor en el combate.
Por supuesto no pasó mucho tiempo para que también la D’Aramitz y su equipo se encontraran sobrepasados por la gran cantidad de naves del enemigo, pero Sheila consiguió tentarlos para que la persiguieran y los guió por detrás de Deimos en donde los esperaba el grueso de la Inquisición.
La situación pintaba bien, si conseguían repetir aquellas maniobras en un par de ocasiones de seguro ganarían el tiempo suficiente para terminar de rescatar a todas las personas. Pero entonces recibieron una transmisión en un canal abierto:
Mis amados discípulos, únanse a mi y juntos desvanezcamos a los traidores del Sistema Solar, enseñemos a estas almas perdidas que el camino de su redención es la muerte.
Solo escuchar aquella consiguió que un escalofrío subiera por la espalda de Sheila.
—Estamos perdidos… —Murmuró para si misma.
—No la escuché Señora.
—¡Rápido Ariadna! Reúna nuestro grupo con el resto de la flota, ahora mismo. —La Almirante hizo lo posible para disimular el temblor de su voz, al menos creía que Ariadna no lo había notado.— Tenemos que estar cerca de los Inquisidores cuanto antes, ellos sabrán enfrentarse a esta situación mucho mejor que cualquiera de nosotros.
—¿Por qué Señora? ¿Qué sucede?
—¿Es que no has entendido nada muchacha? Si ese hombre, ese supuesto Profeta es quien creo que es, estamos a punto de enfrentarnos en batalla al propio Louis Rackham.
Los Cielos de Júpiter continuará el Viernes 7 de Noviembre 2014
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