Curie solía ser una ciudad relativamente próspera, ubicada en una órbita muy cercana al gigante gaseoso, el pequeño establecimiento fue la punta de lanza en la investigación de la radiación; allí se desarrollaron la gran mayoría de las tecnologías de protección antiradiación que hoy día eran de uso común en todas las órbitas jovianas. Pero cuando llegó la Flota de la Inquisición, todo cambió. Los laboratorios cerraron y con ellos los negocios que dependían de ellos, la gente perdió sus empleos y la una vez próspera ciudad se convirtió en un lugar desolado y abandonado.
—Y ahora esos malditos usaron una bomba atómica en la órbita de Júpiter. —Willfred Rodriguez había sido piloto de un transporte de mercancías desde muy joven, y aunque su trabajo le hubiese permitido escoger cualquier otro lugar para vivir, su familia siempre había vivido en Ciudad Curie y el no vio razón para hacerlo diferente, hasta que llegaron los Inquisidores.
—Y la pregunta que le hizo Rackham a todo Júpiter, ¿qué vamos a hacer? —Andrés Tsui también había sido transportista por muchos años, vivía en Curie porque era barato y necesitaba ahorrar hasta el último centavo para el tratamiento de su hija enferma.— ¿O es que vamos a dejar que estos malditos sigan haciendo lo que les de la gana con nosotros? Religión o no religión, mandato del profeta o lo que sea, estos innombrables de la inquisición son unos hipócritas.
—Yo sé lo que voy a hacer —el rostro de Willfred tenía una sonrisa maliciosa que incluso Andrés podía ver a través de la pantalla.— Ya no voy a necesitar a «La Vieja Rosa» los Rebeldes me han prometido una nueva nave, pero tengo una última misión para ella. Espérame Andrés, y dile adiós a «La Vieja Rosa.»
Willfred salió de la cabina de su nave y entró en la cabina de su amigo Andrés.
—¿Qué piensas hacer viejo loco? —Le preguntó este.
—Ya lo verás, ya lo verás…
Ciudad Curie era guardada por una pequeña guarnición de naves, la mas grande siendo un viejo destructor que servia de base a las fuerzas de la Inquisición en el área y que por lo tanto cambiaba de órbita muy raramente. Y «La Vieja Rosa» tenía programada una órbita de colisión con con el destructor.
—Atención transporte «La Vieja Rosa» debe corregir su curso, o de lo contrario nos veremos obligados a abrir fuego. —La advertencia desde el destructor pudo escucharse en un canal abierto, pero la ruta de «La Vieja Rosa» ya estaba programado.
—Corran mientras puedan desgraciados. —dijo Willfred por el micrófono.
Los inquisidores no respondieron mas que abriendo fuego contra «La Vieja Rosa» que estalló en mil pedazos, pero el reactor nuclear ardiente continuó su camino hasta chocar contra el destructor y causar bastante daño.
—Sácanos de aquí Andresito, que seguro ahora vendrán por nosotros.
—¿Para donde nos vamos ahora Willfred? —Preguntó el piloto acelerando sin estar muy seguro en qué dirección.
—Me han asegurado que si uno se esconde en el Torus de Io y espera el suficiente tiempo, eventualmente los rebeldes te contactan.
—¿Crees que sea verdad?
—Espero que lo sea.
—¿Te imaginas tú y yo pilotando una de esas potentes corbetas de los rebeldes a través de las nubes de Júpiter?
—No creo que nos den una corbeta al principio, pero me conformo con uno de eso bonitos cazas…
A todo lo largo de las órbitas de Júpiter se repitieron incidentes similares, protestas en las calles de las grandes ciudades, comerciantes que se negaban a pagar los impuestos a los Inquisidores, otros que se negaban a comerciar con ellos, etc.
Mientras tanto los Almirantes de la Inquisición intentaban restablecer las comunicaciones con un anticuado sistema de correos. enviando naves con mensajes en toda dirección una y otra vez.
—Si fueses el Gran Almirante. —Le preguntó Louis a Diana mientras observaban el frenético ir y venir de las naves enemigas.— ¿qué es lo primero que harías en esta situación?
—Desplegar nuevos satélites y destruir los satélites que pusiste tú.
—Eso no funcionaría en esta situación, si despliegan nuevos satélites los volvemos a destruir y Fernandez sabe eso, y si intenta destruir nuestros satélites estos tienen la capacidad de ocultarse en la atmósfera de Júpiter, ¿entonces?
Diana se lo pensó un instante dándose cuenta que el Gran Almirante no la tenía fácil.
—Si no puede desplegar satélites, va a necesitar utilizar a sus propias naves como satélites.
—¡Bingo! La pregunta ahora es ¿cómo pretende distribuir sus naves? Dependiendo de eso planearemos nuestros ataques.
Durante un tiempo la estrategia de Fernandez fue difícil de adivinar, era evidente que no era sencillo controlar una flota de aquel tamaño en base a correos. Pero poco a poco se hacía mas claro que el Gran Almirante se había decidido por la opción mas óptima, ocho grandes grupos flotas rodeando Júpiter un poco por encima del ecuador.
Al escoger un número tan pequeño Fernandez se aseguraba que los rebeldes no pudieran atacar a ningún grupo individualmente pues cada grupo era muy fuerte por si solo, pero eso también lo obligaba a tener que ubicar cada grupo muy alejado de Júpiter, lo cual le daba un tremendo radio de acción a los rebeldes que por lo general actuaban cerca de la atmósfera del gigante gaseoso.
—Con esta disposición de naves la vamos a tener difícil para atacar cualquiera de estos grupos. —Opinó Diana.
—Pero nosotros no estamos interesados en atacar ninguno de esos grupos de Naves Diana, pero observa en cambio lo solitaria que ha quedado la Nave de Batalla Supremo Conocimiento en la órbita de Calisto.
—Está demasiado sola Louis, ¿no es sospechoso?
—Eres astuta Diana, tienes toda la razón, Fernandez nos tiende una invitación.
—Y tú tienes toda la intención de aceptarla si es que te conozco.
—Vístete con la mejor armadura que tengas querida, la fiesta es de gala.
Los Cielos de Júpiter continuará el Miercoles 28 de Mayo de 2014
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