Los Cielos de Júpiter: Rackham Gimenez

Frente a una tabla llena de enormes frutos los secretos comienzan a salir a la luz.

Sheila ni siquiera saludó a Perceval cuando lo vio, pero en medio de aquel océano de dolor, aquel rostro familiar iluminó la oscuridad.

Ya viene el Doctor, tranquilícese Almirante. —Fueron las palabras del Capitán Perceval mientras la ayudaba a salir de la nave.

A medio camino en efecto se toparon con el Doctor Francis quien venía a su encuentro.

—Tómese esto Sheila, la ayudará a calmarse.

—¿Es seguro Doctor? —La sola presencia del hombre ya la tranquilizaba.

—Por supuesto, confíe en mi, —Francis miró a los otros.— Tengo que revisarla, pero sin gravedad va a ser difícil, ayúdenme a sostenerla.

—Pero Doctor en la fragata…

—No creo que tengamos tiempo para eso Capitán Perceval.

Todos ayudaron a sostener a la Almirante en relativa estabilidad mientras Francis determinaba el estado de Sheila y la criatura, paseó varios instrumentos y dispositivos que cargaba consigo sobre el cuerpo de la Almirante y finalmente declaró:

—Es menos grave de lo que esperaba, todavía no ha roto la fuente, no creo que lleguemos a una de las ciudades, pero me dará tiempo para atenderla en la comodidad y seguridad de la fragata.

—Pero Doctor, —Sheila tenía dificultades hasta para respirar con tranquilidad— ¿El bebé va a nacer? ¿No es demasiado pronto?

—No se preocupe, con nuestra tecnología el bebé se desarrollará completamente sano y sin complicaciones, lo que mas debe preocuparnos en este momento es salir de la mitad de esta batalla.


 

El Administrador de Borlaug los había sentado en una sala con una mesa con frutas de todo tipo que parecían estar a punto de desbordarse de sus platos.

—¿Son ustedes una comunidad altamente agrícola? —Genevieve tomó una enorme mandarina y casi no podía creer que la fruta pudiera ser tan grande.

—Nuestra ciudad recibe el nombre por San Borlaug, el patrono de la agricultura…

Sin embargo ni Alphonse ni Genevieve recordaban a un santo con aquel nombre.

—Sabrá disculpar nuestra ignorancia. —Alphonse también jugueteaba con una piña colosal.

—No es ningún problema, estamos hablando de historia muy antigua. ¿sabían que Borlaug no fue canonizado si no cientos de años después de su muerte? Aunque mucha gente de su tiempo hubiese muerto de no haber sido por sus milagros.

—Interesante Administrador…

—Fuenmayor, Rodrigo Fuenmayor.

—Muy interesante Administrador Fuenmayor, pero ¿podríamos regresar al tema que nos atañe? —Genevieve no se sentía paciente aquel día.

—Tiene usted razón. —Rodrigo tomó asiento en una de las poltronas.— La llegada de La Katherina, fue algo muy similar a su llegada hoy. Cuando se nos presentó dió el nombre Katherina Rackham, por supuesto incluso en esta época cuando uno escucha el apellido Rackham, hay una sensación de alerta que sube por tu espina, y sabrán disculpar mi sinceridad. —El hombre les dedicó una amplia sonrisa como para quitar fuerza a aquella afirmación.— No obstante la mujer aunque muy hermosa, —en esta ocasión la sonrisa fue solo para Genevieve.— No era la belleza clásica de los Rackham. Soy un hombre viejo ¿saben? —El hombre se ajustó los cabellos blancos como para remarcar su punto.— Y en mi juventud los Rackham todavía estaban domando un Júpiter mucho mas salvaje de lo que conocemos ahora, los colonos de estas órbitas no siempre cohabitaron pacíficamente, y su familia luchó mucho para conseguir esa coexistencia.

—Le aseguro que conocemos la historia de nuestra familia.

—Por supuesto, lo que quiero destacar es que durante esas luchas, los Rackham supieron implantar el respeto, por no decir miedo. Y digamos que algo de ese miedo todavía se arrastra hasta nuestros días, por eso cuando esta Katherina Rackham se presentó en nuestro puerto, de inmediato hubo un gran alboroto entre la población, ¿quien era esta Rackham? Y ¿qué quería en un lugar tan apartado? Y… Por supuesto hubo ciertas presiones para… invadir su privacidad… —Era evidente que Fuenmayor no estaba contento de admitir aquello.— Lo que descubrimos por supuesto fue mucho peor, la mujer no era realmente una Rackham, si no la antigua esposa del Viejo de Casa Rackham, pero lo que realmente nos llenó de temor fue cuando descubrimos que su verdadero nombre era Gimenez, algunos de nosotros guardábamos la esperanza de que el nombre fuese algo casual, pero hicimos pruebas genéticas y descubrimos que no solo tenía el apellido del Primer Profeta, si no que además era su descendiente directo.

—Imagino que aquello los debió poner mas nerviosos aún ¿son ustedes muy creyentes? —Alphonse parecía divertido con la historia de los pueblerinos descubriendo que un dragón habita en el mismo valle que ellos.

—No, no somos devotos. —El Administrador en cambio estaba muy serio y concentrado en su narración.— Simplemente hemos estudiado la historia lo suficiente como para saber que aquello podía significar un peligro enorme para todos nosotros. Pero nuestros miedos en ese momento fueron nada en comparación a cuando vimos aparecer al muchacho.

—¿Muchacho?

—Su hermano.

—¿Louis estuvo aquí?

—Sentado en esa misma poltrona en donde usted está sentada, y comiendo una mandarina justo como esa.

A Genevieve se le atascó un gajo en la garganta de la impresión, como si el temor que aquella gente sintió en aquel momento se le transmitiera a ella de alguna forma.

—No necesitamos saber el nombre del muchacho cuando apareció en nuestro puerto, evidentemente se trataba de un Gimenez.

—¿Perdón? —Alphonse no entendía.— ¿Cómo lo descubrieron sin saber su apellido?

—Me va a disculpar, pero ¿le ha dado usted una buena mirada a su hermano?

Los rostros de Alphonse y Genevieve evidenciaban que no entendían de qué estaba hablando aquel hombre. El Administrador casi sin poder creerlo hizo aparecer dos hologramas, uno de Louis y el otro una copia muy antigua del Profeta Oscar Gimenez.

—¿Lo ven ahora? Denle un par de décadas a su hermano, pinten su cabello de blanco, y serán prácticamente la misma persona.

—Yo no diría que son la misma persona, pero en efecto puedo notar el parecido, ¿por qué la gente de Borlaug asumió que era otro Gimenez? —Genevieve no podía creer que no hubiese notado el parecido en todos el tiempo que había conocido a su hermano.

—Bueno, digamos que la llegada de Katherina nos tenía a todos muy nerviosos, en ese entonces la gente se lanzaba a los pies de su hermano y rogaba por piedad, pedían perdón por sus pecados, lloraban y juraban lealtad eterna de rodillas…

—¿Y cómo reaccionó Louis a todo eso? —Aquello había preocupado e interesado a Alphonse.

—Fue él quien logró que nos tranquilizáramos. —Rodrigo finalmente sonreía.— Él habló mucho con todos nosotros, haciendo que nos diéramos cuenta de lo estúpido que era estar asustados de un muchacho solo por la sangre que llevaban en las venas.

Alphonse y Genevieve intercambiaron miradas.

—¿Qué ocurrió entonces? ¿Tiene idea de qué hablaron Louis y su Madre?

 

Los Cielos de Júpiter continuará  el Miercoles 17 de Septiembre 2014

Ayudanos a continuar creciendo, comparte este artículo con tus amigos

Discover more from La Cueva del Lobo

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Foto del avatar
Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo.

Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

Artículos: 7751

Deja tu comentario

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.