La base en Calisto continuaba siendo el agujero enorme y congelado que Louis recordaba, él junto con los profesores Pasternack y Meyers habían dejado una instalación de nanites ensamblando continuamente nuevos reactores nucleares, pero a pesar de que los ardientes aparatos se apilaban por varias docenas, aquello no había conseguido mejorar el ambiente en lo mas mínimo.
—Cuesta creer que existe un océano debajo de todo este hielo. —Murmuró Diana cerca de Louis con su voz dulce.
Sin darle mayor respuesta, él la tomó entre sus brazos con un terrible abrazo de oso.
—Soy un hombre terrible ¿lo sabes? —La miró a los ojos muy de cerca sin soltarla.
—¿Qué? ¿Por qué? —Ella intentó deshacerse del abrazo sin demasiado énfasis.
—En cierta forma me contenta que Sheila y tú estén peleadas, así te puedo acaparar para mi solo.
—Eres un hombre terrible Louis Rackham. —Diana lo empujó y él la dejó ir, pero ninguno de los dos dejó de sonreír.— Pero para serte sincera extraño a mi amiga. —Miró hacia atrás por donde venía Sheila.
—¿Pero te das cuenta que ellos tienen razón? —Louis se aproximó a una de las fábricas de nanites y comenzó a reconfigurarla de acuerdo a su nuevo plan.— Infiltrarnos en la Supremo Conocimiento de la forma que lo hicimos fue una locura.
—Malditos si lo hacíamos y malditos si no lo hacíamos —La sonrisa amargada del rostro de Diana demostraba que lo entendía demasiado bien.
—No podemos esperar una respuesta diferente de nuestros amigos, incluso si saben que necesitábamos hacerlo, no pueden aceptarlo de forma consciente.
—O al menos no pueden admitirlo abiertamente, ¿qué clase de amigos serían si aceptan que nos pongamos en peligro de esa manera?
—Ya comienzas a hablar como la señora de Rackham.
Cuando Louis dijo aquello, algo encajó en la mente de Diana.
—¿Te sientes bien? —Louis se preocupó cuando la vio con la boca abierta y la mirada vacía.
—He cometido un error terrible. —Le dijo a punto de llorar.
—Tranquila Diana, respira ¿qué sucede?
—Mi padre, cuando nos vimos, antes de separarnos, te envió un mensaje.
—¿Un mensaje? ¿Qué mensaje?
—El dijo que la respuesta que buscas es mi nombre, el nombre que él quería para mi.
—¿Diana Rackham? —En esta ocasión le tocó a Louis quedarse con la boca abierta.
—¿Qué fue lo que quiso decir mi padre Louis? ¿Cual es la respuesta que buscas?
Louis tuvo que respirar profundamente antes de poder hablar:
—¿Recuerdas por qué la Inquisición ordenó cerrar la Universidad en primer lugar?
—¿El motor hiperlumínico?
—Raul, y yo trabajábamos en el proyecto juntos, pero él se asustó y encriptó su parte de la investigación lo que me dejó de manos atadas.
—Y entonces el nombre Diana Rackham es…
—La clave para ingresar a los archivos que estaban guardados en la Universidad de Ganímedes… —Louis tenía una sonrisa triste en su rostro.
—¿Entonces todo está perdido?
—Veo bastante difícil que la información haya sobrevivido a la explosión nuclear, aunque no es imposible, pero la información está en la cabeza de tu padre, y él está vivo…
—¡Exacto! Rescatamos a mi padre y el te ayudará a terminar el proyecto.
—Claro, pero primero está el asunto del rescate…
Meyers entró en la habitación con rostro grave.
—Hay algo que necesitan ver. —Su voz sugería algo terrible.
—¿Qué pasa?
—Tienes que verlo por ti mismo, la Inquisición se volvió loca.
Louis no sabía de qué hablaba Meyers pero lo siguió hasta la sala central de la base, allí estaban Sheila, Allan, Waldemar, Violeta, Pasternack y el resto del grupo, todos muy atentos a la transmisión de un proyector holográfico en donde un presentador narraba los terribles hechos acontecidos en Sagan.
—No puedes utilizar esto de forma política Rackham.
—¿Qué clase de monstruo crees que soy Pasternack?
Las noticias habían terminado y todos estaban tristes, nerviosos, y hasta asqueados de todo aquello.
—Pero tiene que decir algo, los familiares de esa gente necesita saber que nos preocupamos por ellos. —Sheila estaba visiblemente perturbada.
Louis le hizo señas a Diana que preparara el equipo para realizar una transmisión, ella tardó un poco en reaccionar impactada como se encontraba, pero se fue a buscar los aparatos.
—Louis ¿qué vas a decir?
—Tranquilícese Profesor, y confíe en mi.
Diana no tardó en poner las cámaras en su lugar y ahora que los satélites eran controlados por los rebeldes no había necesidad de hackear nada.
Louis tomó una profunda inspiración y comenzó:
Ciudadanos de Júpiter, la terrible masacre que ha sucedido el día de hoy en Ciudad Sagan nos llena de dolor a todos. En nombre de los combatientes de La Rebelión quiero que los familiares de las personas que fallecieron hoy sepan que compartimos su pena.
Pero también quiero que sepan que este crimen no quedará impune, La Inquisición ha cruzado un límite, primero al explotar el dispositivo nuclear y ahora con este acto sangriento y sin sentido. En este mismo momento nuestras fuerzas se movilizan para conseguir imponer nuevamente la justicia y la cordura.
Con eso cortó la transmisión.
—Eso fue demasiado corto, esa pobre gente esperaba algo mas de ti.
—Discúlpame Sheila, pero no tuve tiempo de escribir un discurso.
La Almirante torció el gesto pero no respondió.
—Te dije que no utilizaras estas muertes de forma política Louis.
—¿Qué quería usted Profesor? ¿Que le dijera a estas personas que nada iba a ocurrir? ¿Que las muertes de sus familiares pasarían por debajo de la mesa?
—Louis tiene razón Profesor. —Admitió Sheila.
Pasternack no dijo nada si no que asintió en silencio.
Louis miró a su alrededor y vio a su gente derrotada, en una esquina estaba Waldemar consolando a una Violeta cuyas lágrimas brotaban silenciosamente, en otra Sheila se abrazaba a Allan con desesperación. Pasternack no decía nada pero sus ojos estaban idos mientras que a su lado el Profesor Meyers murmuraba juramentos de venganza.
Diana lo miró a los ojos y por el subconsciente le transmitió:
«Tienes que decir algo.»
Louis también se sentía terriblemente, pero él era el líder y no se le permitía sentirse así.
—¡¿Qué es esto?! ¿Ustedes necesitan un discurso también? —Caminó hasta donde estaba Violeta y le secó las lágrimas con un pañuelo.— ¡Hay que ver! Como les gusta oírme hablar —su voz calmada llenaba la sala— Voy a decirles algo terrible pero no por ello menos cierto —regresó a la mitad de la sala— si la Inquisición comete estas locuras es porque están desesperados, porque se saben perdidos. Vengan conmigo, —le puso una mano en el hombro a Meyers— ¿quieren venganza? Yo voy a mostrarles como vamos a obtenerla. —Desapareció hacia las profundidades de la vieja mina.
—Que hombrecito mas parlanchin —susurró Sheila bajito de forma que solo la escuchara Allan.— Pero como me alegra que esté de nuestro lado; nunca le digas que yo lo dije.
—Tranquila amor mío tus secretos están a salvo conmigo —le respondió Allan con una sonrisa.
La vieja mina abandonada penetraba profundamente en la luna, Louis los condujo por un corredor oscuro y mal iluminado hasta un enorme elevador que se enterraba en un gran agujero oscuro.
—Cuando los primeros colonos llegaron a Júpiter conseguir agua fue una de sus primeras preocupaciones —explicó Rackham cuando todos llegaron.— Pero no fue la única, estas minas se construyeron para obtener agua, pero también para descubrir los secretos que ocultaba el hielo de Calisto. Este elevador llega hasta el océano subterráneo y a través de ese océano seremos capaces de encontrar la base donde la Inquisición está escondiendo sus armas nucleares…
—¿Cómo se supone que navegaremos en ese océano? —Preguntó Violeta sin terminar de entender.
—Capitana, nuestras naves son capaces de volar entre las nubes de Júpiter, ¿cree usted que no soy capaz de adaptarlas para sobrevivir a un poquito de agua?
A pesar de las palabras de Louis les tomó varios días adaptar y poner las naves en posición, el enorme crucero ni siquiera entraba en la mina así que estaba fuera de discusión, pero las fragatas y las corbetas eran suficientemente estrechas para poder ser movidas hasta el océano que se ocultaba bajo el hielo de Calisto.
A través de los ventanales de la nueva Discreta solo podía observarse una profunda oscuridad apenas interrumpida por las lejanas luces de las otras naves que podían verse en la distancia.
—Dispersense y reporten cualquier variación en los niveles de radiación. —ordenó Louis.— La Inquisición no sabrá ni que la golpeó.
Los Cielos de Júpiter continúa este Viernes 6 de Junio 2014
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Le estas complicando la cosa a nuestro apreciado Louis.
Él se las busca solito ;D