La voz del Gran Almirante Fernandez destrozaba los tímpanos de toda la flota Inquisidora al gritar a través de las comunicaciones.
—¡Buen trabajo! Tenemos que continuar atacando ese flanco, no permitan que se reagrupen.
Los drones habían conseguido separar a un grupo de veinticinco naves Rebeldes que estaba siendo destrozado rápidamente.
Pero desde su propia nave de batalla el Almirante Gomez no se engañaba, miraba la representación de la batalla y juzgaba la situación con frialdad. En efecto los Rebeldes habían sido golpeados tremendamente, pero todavía les quedaban unas quinientas naves contando por lo bajo y con eso todavía podían borrar a la flota Inquisidora de arriba a abajo. Se comunicó con Alberto a través de un canal subconsciente, Fernandez continuaba gritando y gesticulando; dentro de la visión subconsciente su avatar le puso una mano en el hombro al de Fernandez para calmarlo.
«Si vamos a salvar las vidas de nuestros hombres y las nuestras, el momento de cantar la retirada es ahora.»
«¿Retirada? ¿Es que acaso enloqueciste? ¡Estamos ganando! ¿No ves la forma en que los estamos haciendo huir?»
En efecto la representación holográfica mostraba a los Rebeldes intentando alejarse a toda velocidad de la persecución de la flota Inquisidora que prácticamente mordía su cola.
«No puedes estar hablando en serio, bien sabes que la Almirante Sheila solo está intentando ganar distancia de nosotros para poder atacarnos con impunidad con el rango superior de sus armas.»
«Hemos destruido casi las dos terceras partes de su flota.»
«Y ellos con apenas mil y pico de naves nos han destruido mas de siete mil naves, Alberto no seas ciego.»
El Almirante Bonafide entra en la escena. Mientras en el mundo real cada uno de los Almirantes se encontraba en su propia nave, en sus subconscientes estaban compartiendo un espacio virtual y privado.
«Roland tiene razón Alberto, y tú lo sabes, continuar con esta carnicería sería inútil.»
«Pero si nos retiramos en este momento ¿qué evitará que Rackham continúe experimentando?» —El Gran Almirante se sentía realmente confundido.
«Nosotros ya no podemos hacerlo, y continuar sacrificando las vidas de nuestros hombres a sabiendas de que estamos perdidos es cruel.»
Ante aquellas palabras de Roland, Alberto volvió a mirar la representación holográfica de la batalla, en un parpadeo habían caído otros tres cruceros, había mas de cien personas en una sola de esas naves, entre los rebeldes también caían las naves, pero a medida que la distancia se incrementaba, la proporción de navíos Inquisidores que eran destruidos se iba haciendo mucho mas grande.
«Pero si nos retiramos en este momento, ¿no sería peor? Entre mayor sea la distancia mejor será para los Rebeldes.»
«No hay alternativa Alberto, vamos a perder a mucha mas gente, pero al menos todavía tenemos la oportunidad de escapar, pero tenemos que hacerlo ahora que los Rebeldes están acelerando en la dirección contraria.»
Alberto se mantuvo en silencio por unos segundos, pero no pudo evitar observar como un destructor que viajaba lado a lado de su nave de batalla era destrozado por los disparos Rebeldes. Cada momento que retrasaba su decisión mas gente moría…
—¡Retirada!
Los demás oficiales que estaban en el puente miraron incrédulos al Gran Almirante por un segundo.
—Canten la retirada, saquemos a nuestros hombres de esta masacre antes de que sea demasiado tarde.
La Almirante D’Aramitz se preguntaba si acaso sus cálculos estaban errados.
—¿Salimos del rango de los cañones de la Inquisición?
—No mi Señora, no entiendo porque han dejado de disparar.
Sheila volvió a revisar sus números pero no había nada mal.
—¿Qué está pasando aquí?
—Creo que se están retirando Almirante, la flota enemiga está intentando escapar. —A pesar de que el holograma lo mostraba claramente Tamara no se lo acaba de creer.
—¡¿Qué?! ¡No! ¡Tenemos que perseguirlos! ¡Toda la flota el enemigo está intentando escapar! No podemos permitirlo, que todas las naves cambien de ruta y comiencen una persecución.
La confusión entre las comunicaciones en aquel momento fue tremenda ¿la Inquisición escapaba? ¿Cómo era eso siquiera posible? ¿Debían ahora perseguir al enemigo del que apenas un momento atrás estaban intentando escapar?
—Louis Rackham, Almirante D’Armitz, permitannos retirarnos de la batalla sin mayor derramamiento de sangre.
Dijo la inconfundible chillona voz del Gran Almirante que se escuchó a través de un canal abierto.
—Sheila, canta el alto al fuego, déjalos ir.
—¡¿Louis?! ¿Cómo sabemos que no se trata de otra trampa?
—Puede que sea una trampa, puede que no lo sea, ¿quieres la sangre de esta gente en tus manos? Tenemos la opción de detener la batalla ahora, ¿prefieres asesinarlos?
Los ojos de Sheila se abrieron enormes, que precisamente la oveja negra de Casa Rackham le dijera aquello…
—¡Alto el fuego! Todas las naves alto al fuego, mantengan distancia optima de disparo.
Las dos flotas que segundos antes intercambiaban balas y misiles ahora se separaban con absoluta quietud, a su lado los acompañaban las ruinas de las naves destruidas y los cadáveres de ambos bandos que flotaban sin rumbo en el vacío.
—Fernandez, no vuelvas nunca a Júpiter portando un arma, o te encontrarás con nosotros.
—Puedes estar seguro que no lo haré Rackham. Lo juro.
Sheila continuaba observando a la flota enemiga esperando a que hicieran algún movimiento extraño o que simplemente comenzaran a disparar nuevamente, pero a medida que las naves de la Inquisición se alejaban mas y mas, se dio cuenta que las lágrimas fluían de sus ojos.
—Señora Almirante, el enemigo está a punto de salir de nuestro rango de ataque, ¿iniciamos la persecución?
—No Tamara, cancela esa orden. —Sheila intentó que su voz no se quebrara pero no lo consiguió.— ¿Entonces es así como terminan estos quince años de tiranía?
—¿Qué dice Señora?
—Nada Tamara, nada, comunícame con el Capitán Allan Lee.
Mientras tanto en el crucero, el Profesor Meyers se limpiaba la cara y murmuraba desde un rincón:
—Ya no quiero venganza, no, ya no la quiero, demasiada sangre, demasiada.
Pasternack estaba a su lado, pero no tenía palabras, así que se limitaba a apretarle el hombro con la mano.
Louis se acercó a Diana y la abrazó muy fuerte, Diana que había estado resistiendo los deseos de llorar ya no pudo mas y dejó que las lágrimas salieran.
Sin soltar a su amada con un brazo, con la otra mano Louis abrió un canal de comunicación a toda la flota y exclamó:
—¡Jupiter Optimus Maximus! ¡Jupiter Optimus Maximus! ¡Jupiter Optimus Maximus!
Atención, este NO es el final, Los Cielos de Júpiter CONTINUARÁ este Lunes 7 de Julio 2014
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