Los Cielos de Júpiter: Disparos en las Calles de Sagan

Mientras la vida de Louis se acerca peligrosamente a su fin, Sheila y su equipo intentan escoltar al Doctor hasta donde yace Rackham.

Los disparos agarraron desprevenidos a los soldados de la Inquisición quienes de inmediato se cubrieron detrás de unos vehículos, habían evadido casi todas las balas excepto una que se había alojado en la pantorrilla de un cabo.

Sheila observó como arrastraban al hombre mientras ella misma se escondía detrás de un árbol. Waldemar, Violeta y el Doctor habían vuelto a refugiarse en el interior del escondite, pero podía ver al viejo Capitán asomarse regularmente mostrando un solo ojo en el arco de la puerta.

Cuando los soldados de la Inquisición hicieron movimientos de asaltar la posición donde se encontraba Sheila, La Capitana Violeta salió por una ventana con un rifle que lucía enorme comparado con su delicada complexión, pero la mujer demostró que podía manejar el arma con una habilidad suprema cuando hizo caer a dos de los atacantes, pero hubo de ocultarse pues la respuesta de la Inquisición no se hizo esperar. Los balazos llovieron sobre la ventana, pero Violeta ya no estaba allí.

Sheila pensó que si tenían otro herido aquella noche la cosa se complicaría bastante. Pero tenía poco tiempo para pensar, si bien Violeta había acabado con dos de ellos, el grupo que había iniciado el asalto todavía tenía a tres que continuaban aproximándose a ella. De pronto escuchó a alguien que disparaba al enemigo desde las alturas del árbol donde ella se había ocultado. No pudo ver quien era el nuevo aliado, pero sintió un enorme alivio cuando los tres atacantes fueron cayendo uno a uno con tiros precisos.

El enemigo fue sorprendido nuevamente por aquel ataque, ocasión que aprovecharon para atacar también Waldemar, Violeta y hasta el Doctor quien se asomaba por la ventana disparando un revolver. Viendo aquello La D’Aramitz también se atrevió a lanzar una andanada de disparos ella misma.

Las fuerzas de la Inquisición emprendieron la retirada en loca carrera, su Sargento no paraba de gritarles órdenes, pero los soldados no obedecían y continuaban corriendo. Y quienquiera que fuese que estaba arriba del árbol se cargó al oficial.

El resto del grupo no tardó en unirse a Sheila.

—Tenemos que apresurarnos, volverán con refuerzos, estoy segura que me han reconocido. —La D’Aramitz no quitaba los ojos de la calle por donde había huido el enemigo, pero cuando escuchó movimiento en el árbol no pudo evitar mirar.

Los movimientos pausados y preciso del tirador al bajar del árbol hicieron sospechar a Sheila…

—Almirante. —Perceval hizo una profunda y sincera reverencia sin el mas mínimo asomo de burla, aquellos gestos le salían naturales.

—Capitán Perceval, no sabe lo mucho que me alegró cuando comenzó a disparar, ya me veía en una prisión de la Inquisición. No sabía que era usted tan bueno con el rifle. —Sheila comenzó a caminar mientras hablaba, sin perder de vista la esquina por donde habían venido los enemigos.

—Fue solo suerte Almirante, mi posición era superior y ellos no contaban con mi presencia. —En cualquier otro aquello sería falsa modestia, pero Perceval se escuchaba sincero.

—El Capitán Perceval insistió en acompañarnos aún cuando le dije que era preferible un grupo pequeño para una operación como esta, pero ahora me alegra que me haya desobedecido. —Waldemar tenía dificultades manteniendo el paso acelerado que llevaba el grupo con todo el peso que tenía a su espalda, pero no hizo mención de ello y redobló su esfuerzo.

En la lejanía continuaba escuchándose el caos, y Sheila sentía que en cualquier momento volverían a escuchar el alto de la Inquisición.

Violeta se notaba agotada, respiraba con la boca abierta y su pecho se agitaba acelerado, Sheila la tomó del brazo y prácticamente la llevaba arrastrada. El Doctor Francis también se notaba incómodo con el enorme peso del equipo que llevaba encima, pero viendo al viejo Capitán Waldemar caminar a toda velocidad no se atrevía a decir nada.

Aún caminando a aquella velocidad llegaron a la escalera de caracol bien entrada la noche, las luces artificiales de Ciudad Sagan ya estaban casi completamente apagadas.

—Voy a quedarme haciendo guardia. —Anunció Perceval mientras se subía a otro árbol.

—Solicita refuerzos, ya que estamos aquí no hay necesidad de ocultarnos. —La voz de Sheila era entrecortada, estaba casi sin aliento.— Que le traigan mas equipo al buen doctor y que cubran toda esta área, prioridad uno.

—De inmediato Señora. —Perceval ya estaba en la copa del árbol y comenzaba a explorar las inmediaciones con la mira telescópica del rifle.

Sheila descendió con el resto del grupo, estaban agotados y las escaleras eran largas y estrechas.

—No se quejen, yo hice el trayecto de subida.

—No nos quejamos Almirante, no nos quejamos. —Pero los pasos de Waldemar eran lentos y pesados.

Sin embargo alcanzaron la válvula de la esfera magnética mas rápido de lo que creían, Sheila se apresuró a dar los nueve toques que había acordado con Diana con fuerza y precisión. De inmediato escuchó los mecanismos abrirse; cuando Diana se asomó, su rostro de alivio era evidente.

—¡Gracias amigos! Gracias.

—Todavía no nos agradezcas. —Sheila la abrazó y se dio cuenta que la chica temblaba.— Esperemos haberlo hecho a tiempo.

El Doctor Francis se aproximó a Louis y lo primero que hizo fue administrarle una dosis de nanites médicos, pero notó que los ojos de Rackham se entreabrieron y lo miraron.

—Veneno… —Lo escuchó murmurar.

—¿Habló? —Diana no lo podía creer.

—Sí, ha dicho veneno, y no se equivoca. —Admitió el Doctor mientras analizaba los datos que los microscópicos robots comenzaban a transmitirle.— Es realmente sorprendente el control que tiene de sus funciones el Doctor Rackham, no solo ralentizó su metabolismo lo suficiente para detener el sangrado, también consiguió que la toxina no se esparciera demasiado en su cuerpo, otra persona no habría sobrevivido.

—Pero no lo entiendo, ¿no nos había dicho Louis que los Rackham eran inmunes a los venenos?

—Pues le aseguro Almirante que esta toxina lo está afectando. —Las manos del Doctor se, movían con rapidez y eficiencia sobre sus instrumentos.

—¿Pero cree poder curarlo Doctor? —Diana pronunció aquella pregunta con lentitud de muerte, temiendo tanto la respuesta.

—Todavía no lo sé, pero es un individuo extremadamente fuerte, si pudo resistir hasta ahora sin ayuda, estoy seguro que toda la ayuda que voy a prestarle solo puede mejorar. —El Doctor hablaba sin dejar de mover sus dedos y y ojos entre los diferentes instrumentos.— La buena noticia es que puedo reparar las heridas, hay un poco de contaminación con el sistema digestivo, pero el verdadero problema es el veneno. Hizo bien en solicitar mas equipo Almirante, pues voy a necesitarlo, y que sea rápido.

Sheila salió al exterior de la esfera para emitir las nuevas órdenes y asegurarse que les dieran la urgencia necesaria. Y entonces a lo lejos arriba escuchó a Perceval disparando.

—Chicos, Perceval está intentando defendernos, vamos arriba y dejemos trabajar al Doctor.

Pero Sheila no necesitaba dar aquella orden, Waldemar, Violeta e incluso Diana ya se aproximaban a la válvula a toda velocidad armas en mano.

 

Los Cielos de Júpiter Continuará el Lunes 11 de Agosto 2014

Ayudanos a continuar creciendo, comparte este artículo con tus amigos

Discover more from La Cueva del Lobo

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Foto del avatar
Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo.

Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

Artículos: 7687

Deja tu comentario

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.