La Fortaleza Dorada Capítulo IV: A Través del Portal

Selemto pudo percibir la diferencia casi de inmediato. La magia del muchacho era poderosa, pero diferente. Muchas veces antes había activado el portal en compañía de la reina. Pero la magia de esta era gentil, suave, diáfana. El poder de Kalidor en cambio era turbio, fuerte, definido, preciso. No era de extrañar que pudiera activar el portal él solo. No obstante Selemto prefirió acompañarlo en la activación, solo para estar seguros.

Un grupo de exploradores de la fortaleza fueron enviados a través del portal. Lo habían conectado hasta otro portal en un pueblo en las cercanías del reino de Cirilus. En efecto los exploradores corroboraron que el pueblo aún se mantenía bajo control de las fuerzas de la fortaleza. Pero un Teniente que volvió de regreso les contó que las cosas no estaban completamente bien.

—Cirilus nos tiene cubiertos por tres direcciones, solo podemos obtener víveres y recursos por uno de los caminos que aún se encuentra en nuestro control. Nadie se atreve a moverse a través de los bosques en esta época del año, además siempre existe el temor a una emboscada.

—Quebraremos ese asedio al instante, —Ernoligas chasqueó los dedos— y obligaremos a Cirilo a replegarse.

El sótano estaba a reventar con las fuerzas de Ernoligas que de inmediato comenzaron a vitorear a su señor.

—Prudencia ante todo —dijo Kalidor y el portal de inmediato parpadeo.

—Enfócate muchacho, enfócate, —murmuró Selemto— no queremos perder la conexión justo ahora.

—¡Comiencen a moverse! —Ordenó Ernoligas, saltando el mismo a través del portal el primero.

El pueblo de Jacintus estaba cubierto por la nieve, y por los ejércitos de la Fortaleza. Los soldados comenzaron a gritar vítores de alegría cuando vieron llegar a Ernoligas y a las fuerzas que venían detrás de él.

El Orco saludó con su enorme sonrisa, llena de diente enormes y puntiagudos. Pero casi de inmediato comenzó a dar órdenes a sus hombres. Repartiéndolos alrededor del pueblo para crear un perímetro.

El pasaje de cada uno de aquellos soldados consumía la magia de Selemto, no fue demasiado difícil dejar pasar los primero cien o doscientos hombres. Pero cuando los números comenzaron a acercarse alrededor de los mil, el sudor comenzó a gotear por su barbilla. Miró a Kálidor al otro extremo del portal. El muchacho medio desnudo brillaba en sudor y sufría de pequeños temblores, quizá aquello de desnudarse no era tan mala idea después de todo. Kalidor pronunciaba arcanos cánticos que le había enseñado su madre siendo niño. Pero aquello era la marca de un mago joven e inexperto. Un mago auténtico se abstenía de pronunciar palabra o realizar cualquier gesto, la magia debía controlarse solo con la mente, para no ser dependientes de nada. ¿Cuantos magos había visto derrotados al ser simplemente paralizados o enmudecidos?

Los soldados podían escucharse bajando por las escaleras, marchando con orden impecable. Pero entonces percibió que el muchacho comenzaba a cantar con mayor potencia. En su descuido y cansancio, había dejado buena parte del control del portal sobre el chico, ¡vaya descuido! Volvió a enfocarse con cuidado. Pero entonces percibió algo extraño, una música lejana, un aroma a flores, una presencia…

—Kalidor ¿puedes sentir eso? —Selemto estaba casi jadeando en aquel punto.

El muchacho lo miraba de reojo y asentía con una sonrisa, pero sin dejar de pronunciar sus cánticos.

¿Qué han descubierto Selemto y Kalidor? ¿Qué significan ese olor, esa música y esa presencia? Lo descubriremos en el siguiente episodio de La Fortaleza Dorada, este próximo Domingo 7 de Febrero.

La imagen de portada pertenece a: upklyak

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo. Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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