La Almirante Samaniego no podía evitar notar que por detrás de ella la venían escoltando dos escuadras de marines, lo mismo que por delante, Fernandez siempre había sido un tanto paranóico, pero aquello era una exageración ¿acaso estaban asustados de ella? Nadie le puso esposas, nadie le puso un dedo encima, pero tampoco nadie le dirigió la palabra.
Fue conducida a la principal sala de reuniones en la Nave de Batalla Supremo Conocimiento, el lugar era enorme e intimidante, aunque por el colosal desorden que había en la mesa central, llena de papeles, pantallas flexibles y hologramas no podía decirse que el Gran Almirante fuese un hombre puntilloso.
La gran puerta del frente se abrió y el Gran Almirante Alberto Fenandez entró en la sala acompañado de Gomez y Bonafide quien iba unos pasos mas atrás.
—Samaniego ¿tienes la mas mínima idea de lo que hiciste? —Preguntó Fernandez incluso antes de tomar asiento.
—Yo solo obedecí tus órdenes Fernandez.
—¡Almirante Felicia Samaniego, en lo sucesivo se referirá al Gran Almirante Alberto Fernandez con mayor respeto! —La corrigió Bonafide.
Aquello era nuevo, ¿Alberto se había encumbrado tanto en su nuevo cargo hasta para exigir aquellas idioteces? Felicia no podía ocultar la perplejidad de su rostro.
—¿Puedo al menos sentarme? —Se atrevió a preguntar viendo que los otros dos oficiales de su mismo rango se habían sentado a la mesa junto al Gran Almirante.
—No, permanezca de pie. —Le respondió Bonafide.
Felicia se daba cuenta que estaba en una peor situación de lo que había imaginado, pero respiró profundamente y se armó de valor.
—Yo solo obedecí las órdenes del Gran Almirante Fernandez. —Su voz casi se parte en llanto pero consiguió controlarse.— Cuando reportamos la situación nos sorprendió recibir una respuesta directa del Gran Almirante, usted mismo nos dijo que debíamos evitar que los Rebeldes consiguieran su objetivo a toda costa y con todos los recursos que teníamos.
Alberto se pegó de la mesa, la miró con aquellos ojos saltones en mitad de su rostro delgado y le preguntó:
—Y cuando te dije eso ¿tú interpretaste que tenías permiso para usar una ojiva nuclear?
—Pues mi crucero estaba equipado con esa ojiva, si el Gran Almirante me dice que debo utilizar ¡todos! Los recursos que tenemos, ¿cómo se supone que debo interpretarlo?
—Su crucero está equipado con un arma nuclear para activarla en momentos de extrema necesidad, y eso es algo que hasta el mas estúpido de los marinos sabe. —Intervino Gomez.
—Ustedes no estaban ahí, —Felicia meneó la cabeza— ¿Piensan que mi situación no era desesperada? Las pequeñas corbetas de los Rebeldes estaban cociendo a cañonazos a mis fragatas mucho antes de que nuestra flota pudiese siquiera comenzar a disparar, ellos tenían una sola fragata, ¡una sola! Pero esa sola nave inutilizó un Destructor, y estamos hablando de una nave que es mas del doble de tamaño, y lo dejó inútil con dos rondas de disparos, y el Destructor ¡nunca! tuvo oportunidad de responder el fuego. —El rostro de la Almirante Samaniego se contorsionaba recordando la batalla.— Y todavía no he comenzado a contar el desastre cuando el crucero del Profeta rebelde arrancó a disparar. —Sus ojos se abrieron grandes y se perdieron mirando hacia la nada.— Nuestras naves fueron destrozadas como si estuviesen hechas de papel.
—Pero usted habla como si esas naves hubiesen tenido alguna tripulación, pero los informes dicen que estaban siendo controladas a distancia, usted usó naves de un diseño obsoleto y las estaban controlando remotamente, —Bonafide sostenía una pantalla flexible con el informe.— Si usted hubiese atacado con sus propias naves, la situación hubiese sido muy diferente.
—Almirante Bonafide, ¿insinúa usted que no conozco las especificaciones de mis propias naves? Yo salvé las vidas de mis subordinados al utilizar aquella estrategia. Vuelvo y me repito, el Gran Almirante específicamente nos ordenó que evitáramos que los Rebeldes consiguieran su objetivo con todos los medios a nuestro alcance, y eso exactamente fue lo que hice ¡y sin perder a uno solo de mis hombres! ¿Acaso se me juzga por tener éxito allí donde ustedes fracasaron?
—¡No! Maldita sea ¡No! Se le juzga por utilizar una maldita bomba nuclear. —El Gran Almirante se puso de pie y sus chillidos eran temibles.— ¿Qué clase de ser humano tiene que ser usted para atreverse siquiera a pensar semejante monstruosidad?
—¿La clase que gana las guerras? —Felicia no se iba a dejar intimidar, si ya estaba perdida ¿cual era el sentido de mostrarse sumisa?— Porque no sé si te has dado cuenta Alberto, pero estamos perdiendo la Guerra, y si ese maldito Profeta hubiese puesto un solo pie en esa Universidad no hubiésemos podido sacarlo ni con todas las ojivas nucleares que tenemos en Júpiter y en Marte; porque no sé si lo has entendido su señoría Gran Almirante y bla bla bla, pero el día que los malditos Rebeldes comiencen a recuperar terreno, estamos perdidos ¿lo entiendes? Perdidos.
La quijada de Fernandez colgaba de su rostro lleno de asombro, intentó responder algo pero fue interrumpido por los pasos apresurados de uno de sus ordenanzas.
—¡Señor Gran Almirante Señor!
—¿Qué demonios sucede ahora? —Fernandez miró el rostro consternado de su oficial sin entender lo que ocurría.
—No tenemos comunicaciones Señor, hemos sido cortados por completos de toda la red, la última señal que recibimos fue de algunos satélites siendo atacados, pero después de eso, todo quedó en blanco.
—¡¿Qué?! —El Gran Almirante fue el primero en gritar pero no el último.
Todos comenzaron a intentar comunicarse a cualquier otra nave, pero fue inútil.
—Hemos sido cortados incluso de la comunicación subconsciente. —Bonafide no se lo podía creer.
Pero entonces en todas las pantallas de la nave apareció el rostro de Louis Rackham:
Ciudadanos de Júpiter, en estos momentos todas las fuerzas de la Inquisición han quedado incomunicadas, sus flotas vagan las órbitas de Júpiter sin rumbo fijo y sus oficiales se rascan la cabeza incapaces de entender lo que sucede.
Roland que en efecto se rascaba la cabeza en ese momento retiró la mano de inmediato.
Todos los Satélites artificiales que la Inquisición controlaba hasta hace poco han sido destruidos y han sido reemplazados por una nueva variedad en control de la Rebelión de Júpiter. Pero no se preocupen, el control de esta nueva red des satélites pasará en breve a ser controlada públicamente por todos los ciudadanos, sin el control o la censura de la Inquisición.
Pero antes, hay algo importante que todos debemos ver y luego discutir.
En las pantallas apareció la trayectoria del proyectil nuclear y la posterior colosal explosión sobre la Universidad de Ganímedes. Al ver aquello Fernandez se sentó y depositó su frente sobre las palmas de sus manos.
No, sus ojos no los engañan, y la grabación tampoco es falsa, en efecto acabamos de presenciar como la Inquisición utiliza un arma nuclear en un combate dentro de la órbitas de Júpiter. Esta es la misma gente que califica a a la Rebelión de Terroristas y asesinos, ¿cómo deberíamos calificarlos a ellos entonces? Monstruos, quizá sea la palabra mas adecuada.
Esta es la misma gente que dice que nuestra investigación y experimentos son peligrosos para todo el bienestar del Sistema Solar, y yo me pregunto, ¿habrá algún peligro en utilizar armas nucleares en una guerra? ¿Sabían ustedes que la Inquisición también usa clones en su ejército? ¿Qué es lo que veremos a continuación? ¿Cual es la siguiente monstruosidad a la que nos expondrá la Inquisición?
¿Tienen derecho los Inquisidores a utilizar estas tecnologías? ¿Queremos ser gobernados por estos monstruos? ¿Son verdaderos Inteligencialistas y seguidores de la palabra del Profeta Gimenez? Todas estas preguntas tenemos que hacernos a nosotros mismos. Pero sobre todo hay una pregunta de enorme importancia ¿cómo vamos a reaccionar?
Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 26 de Mayo 2014
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