Diana maniobró la pequeña lanzadera de modo que quedaron muy cerca de los disipadores de calor sin realmente tocarlos, aquel lugar era el ideal para dejar la nave que aunque invisible necesitaría dispersar calor de cuando en cuando, pero en las cercanías de los radiadores de la ciudad orbital aquello no llamaría la atención de nadie.
A bordo mientras se preparaban para salir estaban particularmente silenciosos, a pesar de que no podrían comunicarse durante los próximos minutos, solo intercambiaban monosílabos. A excepción como siempre de Louis:
—Lo trajes están completamente cargados, nos darán unos diez minutos de absoluta invisibilidad, después de eso igual que la nave tendremos que disipar calor, y mas vale que para entonces ya estemos en el interior de la ciudad.
—Ok. —Murmuró Diana mientras se ajustaba el traje.
Genevieve y Alphonse apenas asintieron.
De algún modo aquella gigantesca masa de ciudades los había puesto nerviosos, la esfera de Júpiter se veía eclipsaba por una multitud casi infinita de puntos y oscuros manchones de todos los tamaños. Había algo atemorizante en la oscuridad de aquellas ciudades.
Louis le dio un beso a Diana antes de ajustarse el casco.
—¿Estamos listos?
—Listos.
La atmósfera en el interior de la nave no podía escapar al exterior porque podría ser detectada, así que esperaron hasta que el aire fue comprimido en tanques antes de abrir la compuerta.
Al salir de la nave el calor de los radiadores de la ciudad se hizo patente, Louis pensó que era extraño que llegara a aquel extremo, pero se limitó a continuar flotando hacia las entrañas de la ciudad enemiga. Pero a medida que se iba internando mas entre los túneles y recovecos la temperatura continuó subiendo, definitivamente había algo mal, pero no tenía alternativa, no podía comunicarse con los otros por temor a ser detectado, y no podía arriesgarse a que alguno de ellos continuara sin él, así que continuó a pesar de que sudaba a mares.
Pronto descubrió la razón de aquel calor anormal, los disipadores de calor estaban viejos y nadie les había prestado ninguna forma de mantenimiento, de los cuatro anclajes que conectaban los radiadores a la ciudad solo uno estaba funcional y se había convertido en un muñón ardiente listo para dejar de funcionar en cualquier momento, Louis no pudo evitar pensar en el infierno en que se convertiría la ciudad si aquello terminaba de ocurrir.
Cuando finalmente se encontró en las profundidades de la ciudad se atrevió a desactivar el camuflaje óptico, no se le ocurría que alguien pusiera una cámara en aquellos lugares abandonados. En cuanto volteó hacia atrás no se extrañó de ver que sus tres compañeros lo habían seguido fielmente.
—Este lugar es una bomba de tiempo. —Transmitió Alphonse por la radio.
Louis no le contestó pero le hizo señas de que cortara todas las transmisiones, una cámara era improbable, pero la ondas de radio viajaban muy lejos…
Alcanzaron una compuerta de mantenimiento que Diana pudo hackear con facilidad, finalmente estaban dentro de la ciudad, cerraron la válvula y la atmósfera comenzó a llenar el lugar.
—¿Cuanto tiempo crees que permaneceremos en este lugar? —Alphonse prácticamente se arrancó el casco para decir aquello.
—Baja la voz, so sabemos quien pueda estar escuchando. —El hermano menor era mas calmado.— Yo lo vi con tanta claridad como tu, esos disipadores de calor apenas están funcionando, pero va contra toda lógica pensar que los van a dejar así, en cualquier momento enviarán una cuadrilla de mantenimiento, de hecho tenemos que tener cuidado de no tropezarnos con ellos.
Diana, Alphonse y Genevieve se miraron entre si poco convencidos.
—Esta gente se vino sin iluminación ambiental en un viaje desde la órbita de la Tierra, yo no sé tú, pero eso no tiene ninguna lógica para mi. —Apuntó su hermana.
—Muy bien, pero discutiendo sobre ello no ganaremos nada, salgamos de esta ciudad en cuanto podamos, así que rezlicemos nuestro trabajo con rapidez. —Louis se internó en el tunel y los otros no tuvieron mas alternativa que seguirlo.
Anduvieron un rato en silencio, hasta que finalmente Diana apuntó:
—Hay algo en el aire, un olor como a podrido…
—Basura. —Afirmó Alphonse arrugando su nariz.— La ciudad de los Calau también olía así.
—No, en lo de los Calau nunca olió tan mal. —Genevieve se sentía tentada a volver a colocarse el casco.
Louis que iba adelante les hizo señas de detenerse y que guardaran silencio. Entonces todos lo vieron, un haz de luz que se movía a lo lejos.
Rápidamente pero en silencio se hicieron a un lado y se ocultaron en la oscuridad. ¿sería posible que en efecto se tratara de la cuadrilla de mantenimiento?
Pero cuando pasaron portando enormes rifles y marchando en formación se hacía claro que estaba equivocado.
—Tienen que estar por aquí en alguna parte, nuestro Señor nunca se equivoca, y si él dice que intentarán invadirnos en este área no puede estar equivocado, dispersense y continúen buscando.
No necesitaron ni mirarse los cuatro volvieron a colocarse los cascos y reactivar los trajes, tras lo que salieron de su escondite en completo silencio.
Las miradas de los soldados pasaban por encima de ellos sin siquiera tropezarse, pero Louis no para de preguntarse, ¿cómo habían descubierto que estaban allí?
Los Cielos de Júpiter continuará el Miercoles 22 de octubre 2014
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