Alphonse se sentaba en la silla que su padre había ocupado durante tantos años, no era la primera vez y no sería la última, pero no por ello dejaba de sentirse extraño.
—¿Esto sugiere que tu hermano nos está engañando? —La sonrisa no abandonaba el rostro Raulus Calau, pero la forma en que se dilataban sus ojos demostraba que estaba preocupado.
—Hemos buscado en todos los registros de Meyers y no hay ninguna señal de que estuviera trabajando en un traje de invisibilidad. —Genevieve le pasó a Raulus los archivos a través de la conexión subconsciente.
—Y si su hermano no sacó esta idea del Doctor Meyers, ¿de donde salió? ¿Cómo desarrolló él la tecnología?
—Louis es un genio, de eso no hay duda, siempre lo ha sido. —Alphonse se recostó en la silla aparentando una tranquilidad que no sentía, debía ser neutral en este asunto, pero no podía ingorarse que Louis les había mentido.— Pero lo que me parece peligroso es que nos haya mentido en esto.
—Exacto, se trata de algo menor, ¿qué necesidad tenía de decir una mentira? —Genevieve adoraba a su hermano menor como cualquier hermana, pero ella sabía de lo que Louis era capaz, y eso le preocupaba.
—¿Qué haremos al respecto entonces? —Preguntó Raulus sin dejar de mostrar los dientes.
—Por el momento nada, esperar a que regrese y entonces pedir explicaciones.
—¿Quien garantiza que nos dirá la verdad esta vez?
Genevieve y Alphonse se miraron el uno al otro.
—Nosotros sabemos como sacarle la verdad a Louis.
—Exacto —corroboró Genevieve.— No es la primera vez que Louis nos dice una mentira.
Raulus asintió en silencio.
—Me gusta el estilo de los Rackham, resuelven los asuntos de su familia hablando, pero tengan cuidado. —Apuntó a la pantalla holográfica donde podía verse a Louis siendo entrevistado por una periodista.— El que tiene la lengua de oro es su hermanito.
—¿Doctor Rackham? ¿Comandante Rackham? ¿Señor Rackham? ¿Cómo deberíamos referirnos a usted?
—Por favor Amelia, después de verte en todos los medios de comunicación siento que te conozco de toda la vida, llámame simplemente Louis.
—Muy bien Louis ¿qué es lo que está sucediendo en esta base? ¿Los Rebeldes y la Inquisición finalmente han conseguido la paz?
—Me encantaría decir eso, pero no Amelia, lamentablemente la Inquisición y los Rebeldes son irreconciliables, ambas facciones hicimos esfuerzos para llegar a un acuerdo, pero no fue posible.
Louis recordó el amargo momento…
Los Almirantes se sentaron en el piso a su lado al igual que lo hizo Sheila.
—Ustedes están asustados de la tecnología que podríamos desarrollar en Júpiter, pero mientras nos mantengamos en guerra, yo seguiré desarrollando esas tecnologías. —La voz de Louis era profunda y calmada.— La alternativa que les propongo es la siguiente, la Inquisición o el representante de la Iglesia de la Inteligencia que ustedes elijan, junto con representantes del Sistema Solar interior y representantes de los pueblos de Júpiter se sientan juntos en un concejo, y en conjunto todos discutimos cuales son las tecnologías que se podrían desarrollar y cuales sería mejor dejar para mas adelante.
—Hay tecnologías que jamas deben desarrollarse Señor Rackham, y eso lo sabe usted tan bien como yo, y eso no está abierto a discusión ni ahora ni nunca, es como si intentáramos discutir ¿debemos jugar con la supervivencia de la civilización del Sistema Solar? ¿Si o no? Es una pregunta que no tiene ningún sentido.
—Pero, ¿se da usted cuenta que mientras continuemos en guerra yo voy a seguir desarrollando esas tecnologías? ¡Le estoy dando la alternativa! ¡Le estoy dando la oportunidad de discutirlo! ¿Y usted me dice que no le interesa?
—¿Cómo podría interesarme arriesgar el futuro de miles de millones de personas? —El Gran Almirante abrió sus manos y sus brazos ampliamente— Porque eso es lo que usted conseguirá si continúa por el camino que va. Usted ha venido a esta base, ha arriesgado su vida y la de sus compañeros para evitar que las armas nucleares de esta base no vuelvan a ser utilizadas. Sin embargo en sus laboratorios juega a crear moléculas y átomos nuevos.
Louis se enderezó y se puso muy derecho, ¿de donde había sacado Fernandez aquello?
—¿Qué? ¿Acaso creía que no lo sabíamos? —Alberto no quería parecer sarcástico pero no pudo evitar una sonrisa.— Nosotros analizamos los restos de sus naves Señor Rackham, y aunque no lo hiciéramos, eventualmente sería evidente, sus naves disparan mas rápido, mas lejos y resisten mas que las nuestras ¿cómo es eso posible? Y pronto la respuesta se hubiese hecho muy clara, están utilizando nuevas formas de materia, tecnología que fue prohibida hace siglos.
—Y ¿qué decir de ustedes? —Sheila no se pudo quedar callada.— ¿Acaso no funcionan los reactores de sus naves con plutonio? ¿No dice claramente en las escrituras del Gran Profeta Gimenez que el plutonio está terminantemente prohibido?
—Hay excepciones para la Inquisición. —Tartamudeó el Almirante Gomez.
—¿Excepciones? ¿Por qué? ¿Son ustedes mejores que nosotros? —Sheila no podía creer aquello.
—No somos mejores, pero tenemos conocimientos especiales para manejar el plutonio. —Intentó aclarar Fernandez.
—¿Y por qué no le enseñan esos conocimientos especiales al resto de nosotros? Podría ser muy útil. —Había un evidente tono sarcástico en la voz de Louis.
—No, la Inquisición no puede permitir que el uso de Plutonio prolifere y quede en manos de cualquiera.
—¿Es decir que solo la Inquisición tiene derecho a tener «accidentes» con plutonio? —Sheila se cruzó de brazos.
—Si se refiere al incidente con la Universidad de Ganímedes, le aseguro que esa mujer recibirá su castigo.
Sheila quizo decir algo mas, pero Louis puso una mano sobre la suya y evitó que continuara.
—¿Entonces eso es todo? ¿Rechaza mi ofrecimiento de paz? —El tono de Louis había cambiado, se hacía evidente que cualquier mención a la Universidad lo ponía de mal modo.
—No puedo mas que apelar a su raciocinio Señor Rackham, usted mejor que nadie sabe lo peligroso que es experimentar en los campos que usted lo está haciendo.
—Oh si, yo lo sé muy bien Almirante. —Louis se puso de pie.— Pero creo que en el caso de mi y mis amigos haré algunas excepciones, le agradezco que al menos haya aceptado desarmar las armas nucleares.
El Gran Almirante intentó decir algo mas, pero Louis ya se había ido.
Amelia, la periodista observó que los ojos del entrevistado se perdieron en el vacío por un instante.
—¿Sigues conmigo Louis?
—Por supuesto Amelia, solo estaba pensando en las grandes oportunidades que perdemos.
—¿A qué te refieres?
—Durante la ocupación de la Inquisición los habitantes de las órbitas de Júpiter, hemos perdido muchas oportunidades por miedo a lo que el futuro pueda albergar, pero ya no mas, debemos admitir el futuro con brazos abiertos, y sin miedo, y escúchame bien, —Louis se volteó a mirar a las cámaras— escúcheme bien todos ustedes, los días de la Inquisición en Júpiter están contados.
Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 16 de Junio 2014
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