Los Cielos de Júpiter: Supremo Conocimiento

Alberto estaba viviendo su peor pesadilla, no solo Apóstolos si no que Roland también se lo había dicho en multitud de ocasiones, el Profeta vendría a matarlo, pero era el nuevo Gran Almirante y debía actuar la parte.

—¿Cual es la ubicación de las fuerzas rebeldes en estos momentos? —Preguntó con su voz chillona pero intentando que sonara tranquila.

El operador hizo que se manifestara un holograma de la Nave de Batalla completa. La «Supremo Conocimiento» era en verdad un aparato magnífico, colosalmente grande, con dos cilindros de gravedad artificial contrarotatorios en cuyo interior vivía la población equivalente de una pequeña ciudad orbital.

—Al parecer están divididos en dos grupos, pero se mueven en paralelo, cuando uno de los grupos encuentra un bloqueo toman la ruta del otro, se vuelven a separar y así sucesivamente, están en el sector 25 y continúan aproximándose, pero no diría que su objetivo es esta sala Gran Almirante.

—¿Ya cambiamos todos los códigos de acceso? ¿Están bloqueadas todas las compuertas?

—Así es Señor.

—Entonces ¿cómo es que continúan avanzando?

—No tengo idea Gran Almirante, pero las compuertas no parecen ser ningún impedimento.

—Y si no se dirigen hacia aquí ¿cual parece ser su dirección?

—Lo único que parece ser importante en la dirección que han tomado es el bloque de celdas Señor…

El Gran Almirante Fernandez tuvo que pensar por un par de segundos antes de conseguir la respuesta que buscaba en su mente, pero de pronto se le hizo evidente.

—El asesino… —Intentó tragar pero su boca estaba seca— ¿los rebeldes vienen por el asesino? Pero ¿por qué?


Cuando Diana descubrió los códigos secretos de identificación de todas las naves en el destacamento que acompañaba la nave del Paladín Treviño fue otro enorme golpe de suerte, tenía lógica que el Paladín tuviera aquellos códigos disponibles, lo que no tenía ninguna lógica era que los tuvieran en un archivo sin encriptación, pero por supuesto el Paladín jamás espero que su nave fuera abordada.

Aquello había permitido a Sheila colar un pequeño ejército en el interior de la Nave de Batalla «Supremo Conocimiento,» tuvieron que actuar muy rápidamente antes de que los códigos fueran cambiados, y además conseguir que las pequeñas corbetas aparecieran como fragatas en los instrumentos de detección de la Inquisición no fue fácil, pero Louis, Pasternack y Meyers se las ingeniaron.

Pero luego de entrar en la nave era difícil ocultar el hecho de que estaban desembarcando con un ejército de naves que definitivamente no eran fragatas. El plan de Sheila fue muy simple, dar batalla en el puerto de embarque y una vez que atrajeron suficientes marinos de la Inquisición huyeron e hicieron explotar las naves a sus espaldas. El hecho de que las naves iban a explotar se hizo muy evidente cuando los reactores comenzaron a sobrecalentarse y en realidad no muchos enemigos cayeron en la trampa, pero de aquel modo los marinos enemigos se veían en la necesidad de dar un largo rodeo entre los laberínticos corredores de la nave para poder alcanzarlos.

Sheila iba al mando de un grupo de cincuenta hombres y Genevieve comandaba otro similar, Alphonse iba acompañando a Sheila, pero Genevieve iba con Diana. Se movían por corredores de mantenimiento por debajo de las áreas de vivienda y las barracas, estaban por debajo del nivel de rotación óptimo, lo cual les hacía sentir una gravedad artificial ligeramente mas fuerte.

—¿Soy yo o estos rifles están verdaderamente pesados? —Le preguntó Diana a Genevieve en un recodo de uno de los corredores en donde se detuvieron unos instantes a recuperar el aliento.

—Este nivel de gravedad no debería afectarnos demasiado si solo estuviéramos caminando, pero corriendo como vamos es agotador.

—El próximo bloque deberíamos volver al nivel superior, la gravedad sería mas normal y podríamos correr mejor.

—Sí, pero también sería mas fácil para ellos ubicarnos.

—Y ¿qué importa? A esta hora el efecto sorpresa tiene que haberse agotado hace tiempo.

—Tienes razón, vamos a subir, si vamos a enfrentarlos mejor que sea en un área amplia.


Sheila por otro lado se había retrasado bastante, a eta hora las cámaras de seguridad de seguro la habían identificado como la notoria Capitán (ahora Almirante) Pirata, las desventajas de ser una mujer atractiva, la gente no olvida tu rostro con facilidad. Estaban atorados en alguna especie de laboratorio de investigación, era una lástima que ni Louis ni los dos profesores hubiesen venido con ellos, de seguro habrían encontrado algo de interés allí, pero para los guerreros que comandaba la D’Aramitz se había convertido en un callejón sin salida, ya habían luchado y derrotado a tres rondas de marinos de la Inquisición, al principio habían sido grupos pequeños, pero ahora cada vez llegaban en grupos mayores.

—Creo que no nos queda otra opción, vamos a tener que solicitar ayuda del otro grupo.

—Me hiere el orgullo tener que depender de mi hermanita menor —admitió Alphonse— pero es eso o estamos fritos. —Se asomó en una esquina y soltó una ronda de disparos en la dirección en que un grupo de ,arinos enemigos se había parapetado.

Sheila se concentró por unos instantes, estaba segura que la Inquisición estaba en capacidad hasta de leer las transmisiones subconscientes, pero era la opción mas segura que tenía. Se comunicó con Diana y le dio su posición, esta le respondió el mensaje asegurando que ya venían en camino.

—Deberían estar con nosotros en cualquier momento.

—Muy bien, vamos a hacer la misma movida de siempre, ya lo hemos hecho tres veces, ¿estás preparada?

—Lista.

Alphonse desapareció ante los ojos de Sheila y esta saltó a disparar contra los enemigos, Sheila notó apenas una sombra ligeramente mas clara que el resto de la habitación moverse hacia el enemigo, era la marca de que el mayor de los hermanos Rackham estaba en camino.

—¡Fuego de cobertura!

Los guerreros que la acompañaban abrieron fuego al unísono contra las posiciones enemigas.

En aquel instante Alphonse ya había llegado al lugar donde los oponentes se habían atrincherado, realizó un movimiento demasiado brusco y uno de los marinos de la inquisición miró a través de él, como sospechando.

—Creo que hay uno de esos asesinos moviéndose entre nosotros —le dijo a sus compañeros mientras comenzaba a cambiar la longitud de onda que captaba su visor.

Alphonse captando aquel movimiento característico soltó una bengala en medio del grupo encegueciendo a la mitad de ellos, tras lo que escapó pero no sin antes avisar a Sheila.

—¡Carguen! —gritó la hermosa Almirante D’Aramitz con su voz potente.

Sus hombres marcharon sobre el enemigo prácticamente masacrándolos, algunos consiguieron escapar, y lamentablemente dos de los hombres de Sheila también resultaron heridos. Pero no era momento para lamerse las heridas, un nuevo grupo de marinos de la inquisición cargaba sobre ellos intentando recuperar la posición. Arrastraron a los heridos y retrocedieron a la posición anterior.

—Entre mas esperemos aquí, mas de ellos van a llegar, tenemos que hacer algo. —Le dijo Alphonse.

—Ya vienen los refuerzos.

Los Cielos de Júpiter continúa el Miercoles 30 de Abril de 2014

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo. Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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