Gran Mancha Roja

Los Cielos de Júpiter: Rumores de su muerte

2

La explosión del pequeño caza era transmitida una y otra vez a través de cada pantalla.

«El peligroso hereje y extremista Louis Rackham fue exterminado durante el día de ayer en una emboscada coordinada por el Paladín Ferdinando Treviño en las cercanías de las órbitas de Ciudad Sagan.

Louis Rackham era el lider de un grupo de extremistas que pretendían oponerse a la inmensa gloria de la Religión de la Inteligencia, pero la flota de la Inquisición le mostró que el poder de los Profetas no puede ser desafiado.

Se cree que el resto de los rebeldes se está dispersando e intentan ocultarse, pero el ojo de la Inquisición ya los está buscando para darles su merecido castigo.»

Apostolos levantó un gran tarro de cerveza.

—¡Yo brindo por eso! ¡Por la gloria de la Inteligencia, la sagacidad de nuestro paladín y la permanencia de la Inquisición!

El grito de ¡salud! Se extendió por todo el salón. Y aunque también brindaban y bebían un par de almirantes se encontraban apartados del resto.

—¿Compartes la alegría de Apostolos? —Roland dio un sorbo a su bebida.

—Hasta no ver no creer, y entre todos los cadáveres que encontramos ni uno solo llevaba la huella genética de Rackham, y mira que es una huella que conocemos bien. —Cuando estaba calmado Alberto conseguía que su voz sonara con mas normalidad.

—No es eso —meneó la cabeza y entrecerrando los ojos Roland continuó— en aquel desastre el hombre pudo haber muerto y nosotros no encontraríamos una pieza de ADN jamas, así que podría estar muerto; pero no lo siento, en los huesos, en la piel, la sombra de Rackham continúa sobre mi.

—¿Intuición Roland? Yo me ciño a los hechos, y este Treviño no nos trajo mas prueba que ese video.

—Pero seamos sinceros —Roland se agarró del tarro de cerveza con las dos manos— con cuantas ganas deseo que sea verdad, sé que no es cierto, pero como me gustaría que lo fuera.

—Oh sí, y por el bien de nuestro querido Paladín espero que sea cierto, porque si Rackham resucita de entre los muertos, no voy a querer estar en su piel…

Ambos observaron en la distancia como Apostolos y Treviño se reían a mandíbula batiente.


En el extremo mas alejado del Torus de Io se esconde un viejo transporte de personal, y aunque el aislante de la nave los protege del terrible plasma, en su interior las cosas se calientan pero por otra razón…

—¡¿Me están diciendo que los malditos cristales van a colapsar y nadie se había detenido a explicarme?!

—Primero que nada Sheila tienes que calmarte y entender que ya no va a suceder, el nuevo proceso nos garantiza…

—¡Nuevo proceso nada Pasternack! ¿Por qué razón de todas las personas en esta flota yo ignoraba que los cristales iban a dejar de funcionar? ¿Somos quienes arriesgamos el pellejo allá afuera y nadie se digna explicarnos que el estúpido dispositivo que nos mantiene con vida se va a dañar?

—¡Pero ya no! Los nuevos cristales van a funcionar por años —cansado de la prolongada discusión el Doctor Meyers había pasado a sentarse en el piso.

—¿Cuando iban a dejar de funcionar? —La D’Aramitz parecía que iba a comerse a los dos científicos con los ojos.

—Teníamos, teníamos…

—Unas dos semanas —terminó Pasternack.

—Dos semanas —esta vez fue el turno de Sheila de sentarse en el piso.

Allan que se mantenía en silencio mas atrás solo meneaba la cabeza incapaz de creer lo que escuchaba.

—Te imaginas que hubiésemos estado en mitad de Júpiter y que… —Sheila se mordió los nudillos incapaz de terminar la idea pues un escalofrío la recorrió de arriba a abajo.— ¿Por qué no nos habían dicho? ¡¿Por qué?!

—Fue Louis, él insistió en que saber la verdad bajaría la moral de la gente… —Pasternack aún de pie era quien hablaba pues Meyers se había quedado sin palabras.

—Ese maldito —susurró Sheila, pero casi de inmediato se puso de pie y gritó hacia el final del pasillo— ¡No te atrevas a morir maldito porque tienes mucho que explicar!


En el fondo del pasillo de aquel viejo transporte de personal hay un pequeño cuarto, allí hay una cama en donde un hombre con quemaduras de arriba a abajo está inconsciente, junto a él una mujer sostiene su mano de la forma mas delicada mientras susurra una canción en su oído.

—¿Recuerdas la primera vez que nuestros ojos se encontraron? ¿Recuerdas la primera vez que nuestras manos se tocaron?

Pero lo que Diana no podía dejar de recordar era el momento en que casi pierde al hombre que ama.


Todas las corbetas se habían ido y solo los tripulantes de la Discreta pudieron ver el momento en que el caza de Louis estalló en mil pedazos.

—¡Louis! —Diana era incapaz de creer lo que le mostraban sus ojos ¿Louis estaba muerto?

Aquello no tenía ningún sentido, se acababa de comunicar con ellas y les había dicho…

Entonces todo cobró sentido, se fijó en un pequeño fragmento del caza que se había despegado antes de la explosión, eso no era un fragmento ¡aquello era Louis!

—Louis está cayendo hacia Júpiter. —Diana apuntó al diminuto fragmento en los instrumentos.

Sheila corroboró y en efecto aquello tenía que ser una masa orgánica pues la respuesta al radar era muy débil a diferencia del resto de los fragmentos de la nave. Afortunadamente tenían rato acelerando pues el pequeño cuerpo caía hacia el planeta gigante rápidamente, y estaba lejos, muy lejos.

—Tenemos que llegar cuanto antes hasta él —En un primer momento Sheila corrigió su ruta con la intuición que le habían dado años de navegación en el espacio, pero luego corroboró con las computadoras pues no era un calculo de órbitas sencillo.— Tenemos que emparejar su velocidad, no queremos chocar con él, queremos que sea un encuentro suave.

—Ese traje lo protege de la radiación, pero si continúa aproximándose a Júpiter estará en problemas. —Diana temblaba solo ante la posibilidad.

Sheila aceleró la nave cuanto pudo, Diana se fue hacia la compuerta para ayudar a Louis a entrar a la nave.

A pesar del aislamiento que le proveía el traje el choque con las primeras trazas de aire probó ser terrible para Rackham, la fricción contra las primeras y débiles ráfagas de viento le causaron serios daños, perdió la conciencia y comenzó a dar tumbos en el aire.

Sheila no había tomado aquello en consideración, el caprichoso viento de Júpiter había lanzado a Louis en otra dirección, las computadoras no la ayudarían en aquella ocasión, tuvo que guiarse completamente por su intuición.

Diana saltó de la corbeta y guiándose con los propulsores de su traje atrapó el tambaleante cuerpo de Rackham, retornar a la nave hubiese sido realmente dificultoso si no hubiese sido por las maravillosas habilidades de navegación de la D’Aramitz quien prácticamente los embocó dentro de la nave ella sola.

—Estamos adentro, ¡vámonos!

Sheila no necesitaba el consejo de Diana para saber que era el momento de huir, con rapidez terminó de hundir la nave en la mortal atmósfera de Júpiter.

En el pequeño hangar Diana revisaba el pulso de Louis, estaba quemado y muy golpeado, pero estaba con vida.


En la habitación Diana estaba pegada al oído de Louis hasta casi besarlo.

—Tienes que recuperarte, recuerda todas las promesas que me has hecho, recuerda que dijimos que tendríamos unos hijos en un Júpiter libre, ¿o es que acaso lo has olvidado?

Entonces sintió como Rackham le apretaba la mano, abrió los ojos y se encontró con los ojos entrecerrados de Louis y una media sonrisa en su rostro lleno de quemaduras.

—Podría olvidar cualquier cosa menos eso. —Louis se escuchaba magullado, pero escucharlo era maravilloso pensó Diana.

Y a pesar de las quemaduras Diana se incorporó y lo besó en los labios.

Los Cielos de Júpiter continúa el Miercoles 2 de Abril de 2014

Saludos amigos, mis disculpas, debido a circunstancias inesperadas no pude publicar Los Cielos de Júpiter los últimos días. Pero aquí estamos de nuevo, espero lo disfruten.

El próximo capítulo saldrá el Miercoles 27 de Marzo.

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