Los Cielos de Júpiter: Plural

El agujero en la frente de Ferdinando atravesaba su cabeza con total claridad. Viendo aquel rostro amplio, la armadura maciza pero elegante, la espada ensangrentada todavía sujeta firmemente en la mano; Louis pensó que en otras circunstancias fácilmente hubiese podido ser un aliado de aquel hombre, pero lamentablemente las circunstancias eran estas.

—¿Donde está el otro? —Miró a su alrededor esperando encontrar otro cadáver.

—Un par de médicos de la inquisición lo tienen mas allá, están intentando detener el sangrado, —Alphonse apuntó hacia un rincón de la enfermería— Treviño casi le arranca el brazo.

Todavía un tanto desgarbado, Louis flotó hacia el lugar; tenían el cuerpo sujeto a una cama y conectado a un montón de instrumentos, evaluó la situación y consideró que el muchacho tenía posibilidades de vivir, pero no había manera de que recuperara aquel brazo.

—Sobrevivirás —le dijo aún sabiendo que no podía escucharlo— pero a veces el precio por sobrevivir es demasiado alto.

Ninguno de los dos médicos se atrevió a levantar la vista, continuaron en su labor como si Louis Rackham el líder de los herejes no estuviera allí, pero Louis podía ver que se mordían los labios.

—¿Es él? —Preguntó Diana aproximándose.

—Este es es hombre que me arrebató el gustó de aniquilar a Treviño, pero me entregó un crucero de la Inquisición en bandeja de plata.

—No solo eso —agregó la muchacha,— Meyers y Pasternack han encontrado los cerebros, estaban ocultos aquí, en uno de los compartimentos de carga.

—No puedo creer nuestra suerte —Pero volteándose a mirar al muchacho cuyo brazo estaba siendo removido en aquel momento se corrigió.— Bueno, no puedo decir que haya sido suerte exactamente. —flotó hacia la salida de la enfermería— Ven conmigo hermano, quiero que me cuentes la historia completa.

Alphonse lo siguió con una sonrisa socarrona.

Incapaces de ocultar el inmenso crucero en la atmósfera joviana lo redirigían hacia el Trous de Io con la esperanza de mantenerlo alejado de los ojos de la Inquisición el suficiente tiempo como para repararlo y reacondicionarlo. En la batalla se habían perdido tres fragatas, y las tripulaciones de otras dos habían perecido en el intercambio, treinta valientes tripulantes cuyas vidas se habían perdido para siempre, pero era poco comparado con las pérdidas que había sufrido la Inquisición de cuyas naves solo el crucero había sobrevivido y eso al costo de ser capturado.

—¿Cómo supiste que Treviño no haría volar el crucero apenas te acercaras? —Le preguntó Louis a su hermano— somos reconocidos por ser atrevidos, pero creo que rompiste el record familiar.

—Tengo que admitir que no lo sabía por seguro. —Respondió Alphonse, Louis se volteó a mirarlo a los ojos pero no lo interrumpió, Diana simplemente meneaba la cabeza en silencio— pero si todas las otras naves se estaban sacrificando para conseguir que esta sobreviviera, se hacía claro que la tripulación de esta nave no estaba dispuesta a sacrificarse ellos mismos con tanta facilidad.

—No creo que haya sido tan evidente como dices, pero… —Louis podía enumerar un sin fin de razones por las que los planteamientos de Alphonse pudieron haber salido mal, pero a la luz de los resultados aquello sería inútil.

—La clave me la dio el mismo Treviño, —continuó Alphonse— el hombre estaba ciego en busca de su presa, no se daría por vencido con tanta facilidad. Y en efecto no lo hizo. —Alphonse abarcó el crucero con sus brazos.

—Pero tuviste suerte, en el último momento tuvimos mucha suerte, no olvidemos al muchacho que perdió su brazo. —Louis señaló hacia atrás a la enfermería de la nave.

—Willmer Lee, ese es su nombre. —Apuntó Diana.

—Así deberíamos rebautizar este crucero.

Louis, Alphonse, Diana y los otros rebeldes no se enterarían si no hasta mucho tiempo después que aquella fue la última oportunidad de redención del Paladín Ferdinando. El Gran Almirante Apóstolos furioso al descubrir que Treviño en realidad había fallado en su misión y que Rackham seguía con vida, le había dado un ultimatum, acabar con el líder de los rebeldes de una vez y para siempre o perder todos los rangos y honores que le habían sido otorgados a lo largo de su carrera militar. Aquello explicaría las acciones desesperadas de Ferdinando y la aparente «suerte» de Alphonse.

Llegaron al compartimento de carga, Meyers y Pasternack flotaban en medio de los tubos llenos de cerebros y del líquido verde que los mantenía en funcionamiento.

—Profesores, la fortuna nos ha sonreído al parecer.

—Y de qué manera Louis, de que manera —Pasternack le puso una mano en el brazo y se lo apretó con fuerza al tiempo que cerraba los ojos.— Con esto estaremos en capacidad de desarrollar nuestros sueños mas ambiciosos.

—Pues yo soy muy ambicioso mi querido Robert, no sé si todos los cerebros del Sistema Solar me alcanzarían… —Dijo Louis con una amplia sonrisa mientras todos los otros meneaban la cabeza— pero de seguro será un buen comienzo.

—El Profesor Pasternack me dice que su intención es acondicionar este navío para conseguir que también pueda volar en la atmósfera joviana —Meyers se aproximó con una pantalla holográfica en la mano en donde realizaba algunos cálculos.— Pero yo debo insistir en que eso es imposible, las modificaciones que serían necesarias son enormes. —Le mostró los cálculos a Rackham.

—Debería darle un ojo a los reactores de esta nave Profesor, mientras nosotros nos entretenemos con mezclas de Torio mas o menos curiosas, nuestros amigos de la Inquisición juegan con el mas puro Plutonio…

Aquello dejó a Meyers sin habla durante unos instantes.

—¿Plutonio? ¡¿Pero es que la hipocresía de esta gente no tiene límites?! —Meyers asumió una actitud que a Louis le recordó la ruina humana consumida por el odio que el Profesor había sido poco tiempo atrás— Mientras nos prohíben a nosotros un montón de tonterías, ellos ponen plutonio en una nave espacial… —Meyers se puso la mano en el rostro y respiró profundamente un par de veces para conseguir controlarse.

—No deje que estas cosas le amarguen Profesor Meyers, —Louis le dio un par de palmadas en la espalda— todos sabemos que los desmanes de la Inquisición van mucho mas allá, piense en cambio que ahora tenemos en nuestro poder una considerable cantidad de material transuránico con el que podrá experimentar a gustó.

—Oh ¡sí! Y de que manera voy a hacerlo, —Meyers apartó la mano de su rostro y abrió los ojos exultante— todo lo que me prohibieron esos malditos, solo quisiera que… —la voz del hombre se quebró— mis alumnos, mis ayudantes, mi laboratorio…

Louis le pidió ayuda a Pasternack con la mirada, quien abrazó a Meyers y se lo llevó flotando mientras este continuaba alternando entre maldiciones y sollozos.

—Gran hombre, pero todos los grandes genios sufren de personalidades extremas…

—¿Lo dices por experiencia? —Interrumpió Alphonse a Louis sin dejar de sonreír.— ¿Cuales son tus planes con esta nave y todos estos cerebros?

—Por el momento digamos que la liberación de Júpiter hoy ha dado un gran salto gracias a ti, a todos nuestros compañeros de la Rebelión, y a un Marino de la Inquisición llamado Wilmer Lee. Sin embargo no debemos adelantarnos, hay algo importante, esta nave debe estar llena de rastreadores, estoy seguro que la Inquisición no dejará que una de sus naves se les pierda con tanta facilidad, es indispensable remover todo método de rastreo, debemos controlar todas y cada una de las emisiones electromagnéticas que realice esta nave, así que quiero que localices y apagues cada transmisor que encuentres, pero no los destruyas ¿de acuerdo?

Alphonse se limitó a inclinarse para afirmar y partió a cumplir las órdenes de su hermano de inmediato.


Roland jugueteaba con una taza de café mientras Alberto establecía el enlace y el canal encriptado. El holograma de una alta y atractiva, aunque quizá un poco madura mujer aparecía y desaparecía a intervalos.

—¿Qué sucede? ¿Eres realmente tú Alberto?

—Así es mi Dama Madouc, lamento importunarla, pero necesito una audiencia con usted de inmediato.

—Debe ser muy grave en verdad si estás saltando por encima de la autoridad del Gran Almirante Apóstolos.

—Precisamente mi Señora, se trata del Gran Almirante; todo parece indicar que su campeón ha sido derrotado definitivamente; esto al parecer ha desestabilizado bastante a Apóstolos, pero el mayor problema que vemos es que el Gran Almirante se ha negado a reportar a la autoridad de Marte. —Alberto ni se atrevía a levantar la vista para mirar a la mujer a los ojos.

—Apóstolos… —Madouc meneó la cabeza y los hermosos rulos blancos de su cabello se agitaron de manera hermosa, sin embargo el rostro de la mujer era afeado por la ira.— Les dije una y otra vez que ya era demasiado viejo, pero eso solo parecía hacerlo mas atractivo, y a la final mira como han terminado las cosas…

—Sé que mi Dama sabrá ser misericordiosa con el Gran Almirante, sobre todo cuando conozca nuestras sospechas.

—¿Sospechas? ¿De qué me estás hablando Alberto?

—Aunque hasta ahora me había negado a admitirlo, todo parece indicar que nos enfrentamos a un nuevo Profeta. —Explicó el Almirante Fernandez.

—¡¿Qué?! —Los ojos de la Dama Madouc se abrieron grandes como platos— ¿Otro Profeta y también está en contra nuestra? ¿Y Apóstolos no me reportó esto de inmediato?

—En un principio eran solo sospechas mi Señora, pero creo que ahora es imposible negarlo.

—¿Roland? ¿Alberto habla con verdad? ¿Están luchando contra un Profeta?

—Con respeto mi Señora Madouc, hemos presenciado una serie de acontecimientos que solo pueden explicarse con elementos fuera de la esfera de lo natural —afirmó Roland que hasta ese momento se había mantenido en silencio— Lamentablemente nuestros peores miedos son ciertos, nos encontramos en presencia de un verdadero Profeta.

—Vamos a necesitar todos los refuerzos que la gloria de Marte pueda enviarnos mi Señora.

—En eso tienes mucha razón. —la mujer los miró con algo de lástima— Lamentablemente la situación con la Tierra solo ha empeorado desde que se fueron lamento admitir…

—Pero mi Señora entiende la gravedad de la situación en que nos encontramos, si nos descuidamos esto podría escalar a niveles fuera de nuestro control.

—Si es que no ha sucedido ya. —Completó la mujer.— No creerías el desastre que es la Tierra en estos momentos, estamos teniendo dificultades controlando las fuentes de información, el temor ya se extiende por los Asteroides y algunas zonas de Marte, se habla del Profeta de la Tierra como «El Nuevo Gimenez.» Pero balbuceo, es evidente que ustedes también necesitan toda la ayuda que podamos darles, no quiero ni imaginarme que el Profeta de Júpiter también consiga oponérsenos, enviaré toda la ayuda que pueda cuanto antes, pero ustedes deben ser muy cuidadosos, y Alberto…

—¿Sí mi Señora? —Fernandez sabía que este era el momento que había estado esperando, y temblaba con emoción y ansiedad.

—Tendrás que ser tú quien sustituya a Apóstolos como Gran Almirante, sé que es una gran responsabilidad para tu edad, pero no hay alternativas mi estimado, eres las persona en quien mas confío en todo Júpiter así que el trabajo recae en ti.

—Me honra enormemente su confianza Señora, ¿me dirá cómo debo proceder?

 

Los Cielos de Júpiter continúa este Viernes 25 de Abril de 2014

 

 

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo. Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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