Había un extraño vacío entre las órbitas de Júpiter, las colosales naves de la Inquisición que durante quince años habían sido una presencia constante, habían desaparecido de un todo. Muchos de los pobladores de las órbitas jovianas se ilusionaban entreteniendo la idea de que quizá no volverían nunca. Pero no todos eran tan inocentes…
—No es fácil esconder una flota de ese tamaño, hay que reconocer que el Gran Almirante es un sujeto ingenioso.
El Profesor Meyers apuntaba en una proyección holográfica a los puntos que representaban las naves de la Inquisición, que se escurrían detrás de las sombras de las múltiples lunas de Júpiter.
—Tú no me odias por intentar negociar la paz con la Inquisición ¿verdad Meyers?
El profesor se envaró un poco, agarrado desprevenido por aquella pregunta de Louis.
—Por supuesto que no Rackham, —se relajó nuevamente— sobre todo porque yo sabía que era un intento inútil. La Iglesia de la Inteligencia y la Inquisición están enfermos de poder, si no se retiraron tras causar tanta miseria como lo han hecho ellos en los últimos años, no se retirarán por ninguna razón. —Meyers intentaba reprimir el odio que contenía su voz, pero con pocos resultados.
—Tienes razón, pero había que intentarlo ¿no?
El profesor asintió en silencio.
—Muy bien, concentrémonos en la tarea a mano, —Louis devolvió su atención a la proyección holográfica— ¿donde crees tú que montarán la trampa?
—Sheila y yo hemos estudiado sus órbitas y los lugares donde podrían reunirse con sus refuerzos, y el lugar mas indicado parece ser el borde interior de los asteroides troyanos, en el sector ZD-37. De hecho creemos que es muy posible que los refuerzos ya se encuentren allí a la espera.
—Entonces ¿piensas que están comunicándose?
—Sí pero no con ningún medio que nosotros podamos siquiera detectar. —Meyers realizó una pequeña pausa— Louis ¿estás seguro de lo que estás haciendo? Tú sabes que es una trampa, ¿vas a morder su carnada?
—Oh si mi estimado Profesor, vamos a morder esa carnada con todos nuestros dientes, esta es la mejor oportunidad que nunca tendremos para librarnos de la Inquisición por siempre.
Recibieron una llamada de Diana.
—Louis, te necesitamos en el puente.
Rackham se despidió del profesor y se fue flotando hasta el puente de mando donde fue recibido por el rostro de Sheila proyectado en una enorme pantalla.
—¿Almirante? ¿En qué puedo servirte?
—Louis, hemos detectado lo que a todas luces es otro astillero de la Inquisición, no hay una sola nave a la vista, pero parece continuar activo y en funcionamiento, ¿no deberíamos hacer algo?
—¡No Sheila! Eso solo es otra trampa, no me extrañaría que estuviese cargado con explosivos de arriba a abajo, ni te le acerques, eso solo conseguirá retrasarnos.
—Retrasados ya estamos Rackham. —A Sheila no le gustaba nada perder aquella oportunidad, pero el tono de voz de Louis dejaba bien en claro que aquella no era una orden que pudiera desobedecer— ¿Ya has decidido la órbita que tomaremos? Cada minuto que retrasas tu decisión es mas ventaja para los Inquisidores.
—Sí, vamos a seguir la sugerencia tuya y de Meyers, no ganamos nada con intentar escondernos, se hace claro por el patrón de movimiento del enemigo que ya nos han detectado, así que nos aproximaremos limpiamente.
—Excelente, mas de diez años de pirata y todavía me disgusta andar escondiéndome, ¡atención flota! Sector ZD-37 de los Asteroides Troyanos, ¡a toda máquina!
El desarme de las armas nucleares había tomado semanas, se hicieron presentes los Alcaldes de las principales ciudades y habían exigido que los procedimientos se realizaran dentro de los estándares de seguridad mas altos. Pero el proceso mas engorroso fue la neutralización del plutonio para evitar que nadie pudiera nunca volver a utilizarlo en la producción de armas nucleares, los Profesores Meyers y Pasternack asistieron en el desarrollo de un dispositivo que convertía al plutonio en un isotopo menos peligroso y posteriormente lo mezclaba con Torio y Uranio para hacerlo mas manejable. De este modo las autoridades civiles podían continuar el proceso ellos mismo hasta consumir el elemento o volverlo completamente inútil para el uso bélico.
Pero mientras los Rebeldes estaban ocupados asistiendo a los civiles con el manejo del plutonio, les llegaron noticias, las naves de la Inquisición se estaban retirando de las órbitas de Júpiter, fue un momento de breve alegría pues muchos creyeron que aquello marcaba una victoria para los Rebeldes, pero cuando los civiles miraron los rostros largos de los Rebeldes, se hacía claro que no había razón para alegrarse.
Se hacía claro que aquello era solo el primer paso en una nueva escalada militar, pero también sería la última vez que la Inquisición estaría con sus fuerzas diezmadas, quizá nunca volverían a tener una oposición como aquella. El problema era que en mitad del espacio era difícil ocultar nada, la Inquisición pronto se daría cuenta que los estaban persiguiendo y se prepararían de acuerdo.
Júpiter estaba muy lejos, el gigante gaseoso lucía minúsculo en la distancia, habían perseguido a la flota de la Inquisición por muchos días, sin embargo Sheila estaba orgullosa de sus subordinados, la formación se mantenía a la perfección.
—Almirante entraremos en rango máximo de disparo en pocos segundos.
—Excelente Ariadna, habla un canal con toda la flota.
—Canal abierto Señora.
—Señores, no esperen por rango óptimo, repito, no esperen por rango óptimo, abran fuego en cuanto tengan rango máximo. De resto no tengo que decirles como manejar sus naves, ¡Fuego a discreción!
El retroceso de los cañones de la fragata era lo suficientemente fuerte como para sacudir el puente y a la Almirante en su puesto. Las silenciosas balas se movían a una velocidad impresionante hacia sus objetivos. Frente a la formación de los Rebeldes se encontraba la totalidad de la flota de la Inquisición que parecía un colosal muro frente a ellos. Pero las armas Rebeldes daban en sus blancos y las naves enemigas se deformaban fruto de los impactos.
—¿Detectamos la presencia de los refuerzos enemigos Ariadna?
—No mi Señora, todas las naves que podemos detectar han sido identificadas previamente, no detectamos los refuerzos. —Ariadna se volteó a mirar a la Almirante con unos ojos llenos de esperanza.— ¿Quizá Rackham se equivoca mi Señora? ¿Quizá esta vez si agarramos a la Inquisición con los pantalones abajo?
—No querida mía. —Sheila negó tristemente con la cabeza.— Lamentablemente Louis raramente se equivoca.
No había Sheila terminado de decir aquello cuando fueron golpeados por una extraña fuerza y la Fragata se llenó de un intenso calor.
—¡¿Qué fue eso?! ¿Cómo es que la Inquisición nos alcanzó a esta distancia? ¿Con qué se supone que nos están disparando?
—No lo sé Almirante, pero estamos recibiendo reportes de toda la flota de que están siendo golpeados por las mismas armas. —Ariadna no se daba abasto con la cantidad de comunicados que le habían llegado.
—¡Comunícame con Rackham en este instante!
Fueron golpeados una segunda vez y el aire en el interior de la nave parecía estar ardiendo.
Los Cielos de Júpiter continuará el Miercoles 19 de Junio 2014
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