I – La Pacificación de las Órbitas de Júpiter
No fue fácil y no fue rápido, tras la derrota del falso profeta, los Capitanes y Almirantes de las flotas de Kamelia no se rindieron inmediatamente, algunos intentaron fingir que su líder continuaba con ellos, pero otros intentaron hacerse con el poder ellos mismos, la incapacidad para ponerse de acuerdo de estos diferentes bandos fue lo que acabó por derrotarlos.
Cuando la Supremo Conocimiento finalmente estuvo en órbita detrás de Ciudad Sagan, Sheila se dio un momento para cerrar los ojos y lanzar un largo suspiro.
—¿Se encuentra bien Señora? —Ariadna le puso la mano en el brazo a la Almirante.
—La vida da tantas vueltas, ¿quien iba a decirme que un día sería yo la que estaría a la caza de piratas. —Una sonrisa de amargura cubrió el rostro de la D’Aramitz.
Ariadna no se atrevió a comentar, ella había escuchado historias de cuando su respetada Almirante había sido una pirata, pero nunca se había indagado realmente.
—Pero por el momento son responsabilidad de la tripulación de reemplazo, nosotras nos hemos ganado nuestro merecido descanso ¿no es cierto?
—Totalmente cierto mi Señora.
Las fuerzas militares de Kamelia se habían dividido en mas de dos docenas de bandas de piratas, lideradas por Señores de la guerra, cada uno mas ambicioso y mas enloquecido por el poder que el siguiente. Las fuerzas de Júpiter y la Inquisición no hubiesen podido en contra de semejante fuerza si los Señores de la guerra hubiesen sabido combatir en conjunto, pero divididos como estaban eran presa fácil, por si fuera poco la división entre los enemigos era tan grande que continuamente podían observarse combates entre ellos mismos.
Cuando Sheila descendió de la nave de transporte junto a su tripulación en el puerto principal de Ciudad Sagan, se encontraron con las sonrisas de Allan y la pequeña Alanis.
—¿Finalmente te tomarás unas vacaciones? —Los ojos de Allan miraban a Sheila con adoración.
—Solo será unos días, esos condenados piratas no nos dejan en paz…
—Nunca pensé que te escucharía decir algo así. —Allan le pasó a la niña y las abrazó a las dos.
II – La Universidad de Deimos
La Inquisición tenía sus propias formas de hacer las cosas, la inmensa ciudad orbital excavada en el interior de Deimos, fue otorgada a manera de compensación de guerra al pueblo de Júpiter. Los jovianos decidieron que convertirían la inmensa ciudad en una colosal universidad.
Durante la ceremonia de inauguración ni Pasternack ni Carter tuvieron el ánimo de lanzarse un discurso, sin embargo el Profesor Meyers sintió que tenía algo que decir.
—Cuando nuestro Louis me reclutó para la guerra contra la Inquisición, me prometió, venganza. Venganza por todas las vidas que se perdieron durante la guerra, venganza por todo el tiempo que la Inquisición nos mantuvo ignorantes, venganza por todos los recursos que perdimos en una guerra que nos impusieron, venganza por la humillación que sufrimos durante tantos años. Pero tiempo después tuve que trabajar lado a lado con los mismos líderes de la Inquisición de los que había jurado vengarme, y me di cuenta que absurdos y ridículos habián sido mis anhelos de venganza. Y odié tanto a aquel hombre débil en el que me convertí; y hoy me doy cuenta que no hay mejor venganza que esta. —Con sus brazos abarcó desde el podio toda la inmensidad de la Ciudad Universitaria de Deimos.— En el futuro las investigaciones y desarrollos tecnológicos que se hagan en las universidades de Júpiter serán esenciales para nuestra seguridad, es tiempo de recuperar el tiempo perdido.
Un aplauso ensordecedor llenó el patio principal de la Universidad de Deimos.
Tras el discurso Pasternack y Meyers se diriguieron a uno de los laboratorios en donde ya estaban trabajando el Profesor Carter, Diana y Louis.
—Debieron haber escuchado el discurso de nuestro estimado Meyers, le arrancó las lágrimas al público. —Pasternack abrazaba por el cuello a un renuente Meyers.
—Me disculpo por no haber estado presente Profesor, pero estos días estoy evitando al público. —Louis ajustaba una y otra vez un modelo holográfico.— Además tenemos un montón de trabajo atrasado.
—¿Descubrieron finalmente a qué se refería la doble de Genevieve al decir que el dispositivo para viajar entre realidades estaba allá afuera? —Meyers se libró del abrazo de Pasternack y se dedicó a observar el modelo holográfico.
—No estamos seguros. —Diana alteró el modelo para que se mostrara completamente y los Profesores pudieran comprender mejor. El holograma mostraba las órbitas de Júpiter y una serie de estaciones orbitales enormes ubicadas de forma regular en torno a una de aquellas órbitas.— Pero tenemos fuertes sospechas que podría tratarse del torus de Io.
—¡Jajaja! Pensar que nos ocultamos allí tanto tiempo y nunca pensamos que podía ser la solución a nuestros problemas. —Pasternack se encontraba de un humor excelente.
—Es uno de los fenómenos de mas alta energía de todo el Sistema Solar. —El Profesor Carter levantó la vista de su trabajo al fin.— Si tan solo pudiéramos darle algo de orden y cohesión a toda esa energía podríamos conseguir realizar algunos portentos realmente difíciles de creer.
—Pero aún así los cálculos no dan, ¿no es cierto? —Meyers tomó asiento cerca de Louis y lo miró mortalmente serio.
Louis meneó la cabeza negativamente sin decir palabra.
—Bueno, no lo sabremos hasta que no hagamos los experimentos físicamente, un modelo holográfico nunca es completamente acertado. —Diana intentaba ser optimista.
—Esperen, esperen, —La sonrisa de Pasternack era sencillamente excesiva.— La Inquisición nos ha dejado otro regalo… —El Profesor les transmitió por un canal subconsciente los esquemas para la construcción de un reactor de antimateria.
Todos quedaron sin habla por un instante incapaces de creer que aquello era real.
—¿Esos mal nacidos tuvieron esta tecnología todo este tiempo y no nos dijeron nada hasta ahora? —Diana siempre tan mesurada no se pudo contener en esta ocasión.
—Tenemos que calmarnos, —Louis lo tomó mucho mejor.— Si nos han dado esto, significa que han entendido la gravedad de la situación en que nos encontramos.
III – Guardianes de la Puerta del Infinito
Antes de partir de regreso a Marte los Almirantes de la Inquisición solicitaron una última reunión, había representantes de Júpiter, Marte e incluso algunos de los Alcaldes de las ciudades de Kamelia.
—¿Debemos asumir entonces que Júpiter construirá el aparato para viajar entre universos paralelos? —La voz chillona de Fernandez consiguió que de inmediato se hiciera silencio en toda la sala.
—Con la ayuda que la Inquisición nos ha provisto, comenzaremos los primeros experimentos en pocos meses. —La profundidad del tono de Louis era un contrapunto absoluto.
El Gran Almirante bajó la vista, quizá reflexionando en aquella ayuda que mencionaba Rackham.
—¿Están conscientes de los peligros a que exponen a todo el Sistema Solar al realizar esos experimentos? —Fernandez ni siquiera levantó la vista.
—¿Está usted consciente que esos peligros ya nos golpearon hace tiempo? —Louis no podía creer que volvieran sobre aquel tema.— El multiverso existe y ya hemos recibido a sus primeros visitantes, ¿quien dice que no vendrán mas? ¿No piensa usted que debemos tener la manera de hacer lo mismo?
—A lo que me refiero es que tal vez al realizar estos experimentos estemos llamando la atención sobre nuestra propia existencia. La llegada de estos «visitantes» como los ha llamado usted, quizá haya sido casual, pero si desde las otras realidades descubren que nosotros tenemos la capacidad de hacer lo mismo, ¿no nos estamos exhibiendo a un escenario al que no estamos preparados? ¡Del que no sabemos nada!
—¿Preferiría la Inquisición que permaneciéramos ignorantes? —Sheila no pudo continuar callada, toda aquella conversación de física y universos paralelos la superaba, pero podía entender que el Gran Almirante estaba hablando estupideces— ¿Cree que podemos prepararnos sin tener control de esta tecnología? ¿No deberíamos al menos saber como funciona? ¿No deberíamos tener los medios para responder en caso de ser atacados?
—Por supuesto. —El Gran Almirante intentó que su voz sonara lo mas calmada posible, para que las pasiones no se exacerbaran.— Por supuesto Almirante D’Aramitz, nosotros comprendemos su punto, pero ¿estamos preparados para lo que podríamos encontrar del otro lado? ¿Estamos absolutamente seguros que estamos tomando todas las medidas de precaución posibles?
—En eso tiene toda la razón, y sería un placer para nosotros escuchar cualquier sugerencia que tengan ustedes al respecto. —Louis se daba cuenta que Fernandez solo intentaba extremar los cuidados al máximo.
El Gran Almirante asintió en silencio.
—¿Han terminado de hablar sus idioteces? ¿Podemos pasar a lo importante? —Quien hablaba era una anciana Alcaldesa de una de las ciudades mas importantes de Kamelia.— ¿Cómo y cuando van a ayudarnos a regresar a nuestra propia órbita alrededor de la Tierra? ¿Tienen alguna idea lo que ha hecho a nuestra economía estar tan alejados del sol durante tanto tiempo? El comercio, la industria, incluso nuestros anillos agrícolas se han visto golpeados, ¡no entiendo como pueden ustedes vivir ustedes con luz artificial durante tanto tiempo!
—Como se habrá dado cuenta, Alcaldesa Armellada, en Júpiter también nos encontramos en estado de emergencia, —Allan se había encargado de negociar con las ciudades de Kamelia durante bastante tiempo y sabía que aquella mujer era problemática.— Nos estamos recuperando no de una si no de dos guerras muy cruentas, y posiblemente tengamos que prepararnos para otra en el futuro.
—¿Quiere decir que no recibiremos ningún auxilio de las ciudades de Júpiter? —Los ojos de la Alaldesa Armellada se abrieron grandes.
—Los proveeremos de las herramientas que necesiten, les permitiremos extraer los recursos que deseen de nuestras lunas y asteroides, y todos los reactores nucleares que recuperemos de las naves piratas que capturemos serán para ustedes, pero la mano de obra tendrán que ponerla ustedes mismos. —Allan sabía que había repetido aquello miles de veces, pero la Señora parecía necesitar que se le repitieran las cosas.
—Eso lo sabemos. —Armellada estaba molesta pero intentaba disimular.— Lo que queremos es que Júpiter nos ayude a organizarnos, ¿quien debe dar las órdenes en Kamelia? ¿Cuales ciudades deben ser reparadas primero? ¿Quien decidirá esas cosas?
—Vive y deja vivir, eso no es asunto nuestro. —A Sheila no le gustaba ni mirar a aquella anciana, la figura autoritaria le recordaba demasiado a una versión anciana de si misma.— ¿Han pasado tanto tiempo bajo el yugo de un tirano que necesitan que les digan como organizarse? Democracia, dictadura, monarquía, tecnocracia, cada ciudad es libre de organizarse a su propio gusto, pero recuerden, nadie pude obligar a otro a actuar en contra de su voluntad ni puede interferir en los asuntos de otros, vive y deja vivir, las Casas de Asesinos están vigilando.
—¿Cada ciudad gobernada independientemente? Eso probará ser un desastre, permaneceremos en una órbita ajena a nosotros durante demasiado tiempo de ese modo, lo que Kamelia necesita es ¡mano dura!
—¿Y les gustaría que fuésemos nosotros quienes proveyésemos esa mano? —Louis miró a la mujer a los ojos con una amplia y significativa sonrisa.
La Armellada se enderezó de inmediato como quien despierta de un mal sueño.
—¡No! No, por supuesto que no.
IV – El Doppelgänger prisionero
Louis sabía demasiado bien que todo lo que saliera de la boca de su doble era una mentira, pero de cuando en cuando le gustaba ir a visitarlo y escucharlo mentir, le parecía que de vez en cuando podía extraer una gota de verdad de aquellas palabras.
—¡Oh! vuelves a visitarme —el doble había estado leyendo un libro en la celda que le habían provisto, era un lugar amplio y cómodo pero sin lujos.— Es un bonito lugar el que me has provisto aquí, ¿decorado por Genevieve me atrevería a decir?
—Así es, y asegurado por Alphonse. —Le advirtió Louis.
—Alphonse es bueno en eso, verdaderamente bueno, y sin embargo todavía podría escapar ¿sabes?
—Eso lo dudo…
—Hay algo en tu sonrisa, ¿sabes algo que yo no sé verdad? —El Doppelgänger conocía los gestos de Louis tan bien como los suyos propios.
No le respondió pero lo que Louis sabía era que la celda estaba ubicada en una pequeña estación automatizada que volaba en lo profundo del interior de Júpiter, lleno de radiación y de vientos asesinos.
—Y sin embargo ¿sabes que esta vez no será la última en que verás tu propio rostro en un enemigo verdad?
Louis se mantuvo callado. El Doppelgänger lo miró de arriba a abajo.
—Pero tus enemigos también se llevarán una sorpresa ¿no es cierto? No tienen idea de lo que escondes por dentro. —Se pegó al cristal de la ventanilla que los separaba.— Tienes tu propio secreto ¿no es cierto? eres Louis Rackham, y no hay nadie que pueda oponersete… ¡Como me gustaría verte cuando despiertes de esa estúpida ilusión! ¡No has visto nada! No has visto lo que el multiverso tiene preparado para ti, ¡vas a llorar lágrimas de sangre! Entonces, cuando veas morir a los que amas, desearás haber estado aquí en mi lugar.
V- Camino a Marte
Las naves de la Inquisición entraban en la órbita que los alejaría de Júpiter, solo Deimos se quedaba atrás, en unos cuantos siglos difícilmente alguien recordaría que alguna vez fue una luna de Marte.
Ana Rosa la Infanta de Marte miraba triste a través del ventanal del puente de mando como se alejaba el colosal y singular planeta que había sido su hogar durante tanto tiempo. Bonafide se aproximó flotando suavemente.
—¿Piensas que vas a extrañar estos cielos Ana Rosa?
La niña lo miró como saliendo de un sueño, sus largos y hermosos cabellos flotaban en todas direcciones.
—Es un lugar maravilloso lleno de aventuras excitantes, ¡por supuesto que lo voy a extrañar!
—Eres muy joven y eres la Señora de todo Marte. —Habia un tono de orgullo en la voz de Bonafide.— Estoy seguro que tendrás la oportunidad de volver algún día. y ¿qué me dices de Louis? Una vez le preguntaste si era un Profeta, ¿qué piensas de él ahora?
—Él me preguntó si yo pensaba que él era capaz de hacer magia, entonces no me lo pareció, pensé que era solo un hombre común, pero ahora que he visto lo que es capaz de hacer…
—¿Qué piensas de él?
La niña lo miró de frente con sus ojos grandes y bonitos.
—¡Claro que es un Profeta!
VI – ¡Por el futuro!
Louis y Diana llegaban tarde, la chica se bamboleaba lentamente exhibiendo su prominente abdomen por todo el camino de piedras.
—¡Ah! ¡Pero solo mírenla! Cuanta vanidad. —Sheila no pudo dejar de burlarse de la chica.
—Mira quien habla. —Violeta recordaba claramente que Sheila había sido tanto o mas vanidosa cuando estuvo embarazada.
Estaban reunidos en las tumbas de los caídos para rendirles un homenaje ahora que la paz finalmente parecía haber llegado, se habían centrado en la tumba de Perceval, aunque Genevieve estaba un poco mas allá en la tumba de su propia doble acompañada de Alphonse; pero se aproximaron cuando vieron llegar a Louis
Aunque se encontraban en un cementerio el ambiente no era triste si no mas bien festivo, como si el saber que toda aquella gente no había muerto en vano les alegrara el corazón. Después de intercambiar saludos y abrazos y de admirar la barriga de Diana la cual ella no paraba de mostrar a todo mundo, el grupo se quedó mirando a Louis.
—¿Qué ocurre? —Preguntó viendo a forma en que todos lo miraban.
—Tienes que decir unas palabras. —Waldemar le sonrió desde abajo de sus espejas cejas blancas.— Todos lo estamos esperando.
—Yo pensaba que todos ustedes odiaban escuchar mis discursos…
—¡Así es, los odiamos, pero ya son una tradición! —Alphonse se aproximó abrazando a su hermana.
—Uno corto entonces —Louis también sonrió sabiendo que tenía deseos de hablar en una ocasión como aquella y que sus amigos lo complacían escuchando.— Aquí estamos, después de tantos esfuerzos y sacrificios, lamentablemente muchos de nosotros se quedaron en el camino y no vieron el final de esta guerra. —Cubrió con su vista todas las tumbas que los rodeaban y puso su mano izquierda sobre la lápida de Perceval.— Pero esos sacrificios nos han permitido construir un futuro hermoso. —Puso su mano derecha sobre el gran abdomen de Diana.— Los desafíos del futuro seguramente serán muchos pero ¿por qué pensar que solo nos esperan peligros y horrores? ¿Acaso el infinito no está repleto de todas las posibilidades? ¡Tanto buenas como malas! Estoy seguro que nos esperan nuevos retos y peligros, pero también grandes alegrías. —Abrazó a Diana.— ¡Por el futuro!
—¡¡¡POR EL FUTURO!!! —Exclamaron al unisono.
—¡Iuppiter Optimus Maximus! —Louis repitió la vieja consigna que los había llevado tan lejos.
—¡¡¡IUPPITER OPTIMUS MAXIMUS!!! —Respondieron todos.
Así terminan Los Cielos de Júpiter, muchas gracias a todos.
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Excelente final.
Final de héroes a decir verdad, creo que muchos -al igual que yo- no querían que ésta historia acabase, sé que lo que lo leímos de principio a fin habrán tenido sentimientos encontrados en más de una ocasión.
Excelente historia, gracias por ella.
¡Iuppiter Optimus Maximus!
Muchas gracias Iván, me contenta mucho leer tus palabras.
¡Iuppiter Optimus Maximus!
Un final abierto y bien interesante
Muchas gracias amigo.