El escondite de Apostolos era un lugar verdaderamente asqueroso, apestaba a carne podrida por todos lados, Louis intentaba no pensar que muy probablemente aquello era carne humana. Allan todavía seguía en comando del lugar recibiendo las continuas transmisiones desde Marte.
La silla de ruedas que Louis se veía obligado a utilizar podía conducirse subconscientemente, y Louis podía moverse con ella con cierta facilidad en ella, sin embargo la sangre seca ocultaba algunas irregularidades en el piso, cuando una de las ruedas tropezaba Rackham podía sentir el dolor subir y bajar a través de toda su espina, sin embargo ya se había acostumbrado lo suficiente como para disimular.
—Capitán Allan Lee, es un verdadero placer verte por fin. —Louis sabía que Allan se había estado culpando por la enorme cantidad de muertes que habían ocurrido durante el ataque de Apostolos.
—Pero si es la encarnación del Fenix en persona. —Allan dijo aquello con una media sonrisa, pero su cabello estaba desordenado y sus ojeras eran enormes.— Me alegra verte, pero creo que quienes se alegrarán mas serán nuestros «amigos» de Marte. —Lee apuntó al aparato que permitía la comunicación instantánea entre Júpiter y el planeta rojo.— Mientras hablas con ellos creo que voy a darme un baño y tomar una siesta, que realmente necesito.
Allan intentó salir del salón pero Louis lo tomó por un brazo.
—Quiero que pienses en toda la gente que hubiese muerto si tú no hubieses estado allí. —Rackham lo atenazaba con fuerza como intentando despertarlo de la pesadilla en que estaba metido.
—Louis, yo nunca en mi vida había visto tanta sangre en mi vida, sentía que me iba a ahogar en la sangre de la gente, ¡nuestra gente!…
Louis pudo ver que los ojos de Allan estaban llenos de lágrimas, pero no lo soltó, por el contrario lo agarró con mas fuerza.
—Piensa en la alternativa, yo no estaba, Sheila tampoco, ni Diana, ni Pasternack, ni Meyers, te dejamos solo y estoy seguro que hiciste lo mejor que pudiste; murió mucha gente es cierto, pero eso es lo que el demente de Apóstolos había planeado ¿crees que eres el culpable de las muertes? ¡No! El culpable es Apostolos. —Rackham intentaba mirarlo a los ojos pero Allan le rehuía la mirada.— Lo que tu lograste fue salvar Sagan, lo que conseguiste fue que conserváramos nuestra libertad, lo que hiciste fue salvar vidas, ¡y lo hiciste solo!
Pero Allan negó con la cabeza al tiempo que las lágrimas corrían por sus mejillas, se quitó las estrellas que indicaban su rango en el uniforme y se las ofreció a Rackham.
—No Louis, no quiero saber nada de esto, no sirvo para esto, no quiero volver a ver nunca otro desastre como este.
—Conservalas Allan, —Louis no las recibió.— Cuando hayas pensado y te calmes…
Pero Allan las arrojó en su regazo y se fue. Y Rackham que siempre tenía una palabra para todo esta vez no supo que decir.
Louis se encontró a solas con la máquina y no podía ver ningún control que pudiera entender.
—¿Cómo se supone que se activa esta cosa?
De inmediato apareció a su lado el holograma del Almirante Bonafide.
—Hasta que finalmente aparece usted. —Los ojos del Almirante de inmediato bajaron a la silla de ruedas.— Realmente lamentamos lo sucedido con Apostolos.
—Y usted que pensaba que yo era un Profeta inmortal…
—El Gran Almirante no podrá atenderlo en estos momentos. —Bonafide cambió el tema con rapidez.— Está ocupado intentando recuperar las pocas fuerzas que aún nos quedaban en la órbita de la Tierra.
—¿Entonces la Tierra puede considerarse perdida?
—De hecho cuando llegamos a Marte ya estaba perdida, lo único que hemos hecho ha sido ganar tiempo, pero dentro de poco las fuerzas de la Tierra comenzarán su ataque sobre nosotros, este… —Bonafide dudó un momento.— Doppelganger de usted, está empeñado en esparcir su religión sobre todo el Sistema Solar. Nuestra única esperanza es que usted y la Rebelión de Júpiter vengan y nos ayuden a defendernos aquí en Marte.
«Doppelganger» tenía años sin escuchar la palabra, pero Rackham debía admitir que se ajustaba muy bien.
—Ustedes no estaban en posición de atacar la Tierra, y no estarán en posición de defender Marte con o sin nuestra ayuda. Así que haremos algo muy diferente, lo obligaremos a atacarnos aquí en Júpiter, en nuestro terreno.
Bonafide volvió a mirar a Rackham como reconociendo al viejo enemigo al que temía tanto.
—¿Y cómo pretende usted hacer eso? Creo que por el momento no tienen ningún interés en atacar las órbitas de Júpiter, ellos desean acabar con nuestro poderío militar, solo entonces se lanzarán contra Júpiter.
—Entonces hacemos que Júpiter se vuelva mas interesante.
—¿Y cómo pretende usted hacer eso?
—Silicio, ¿se ha fijado usted lo abundante que es el Silicio en las órbitas de Júpiter?
—Le aseguro Señor Rackham que nadie en el Sistema Solar tiene ningún interés en el silicio.
—Pues creo que el silicio de Júpiter comenzará a interesarles porque ya hemos comenzado a lanzarlo contra su adorado Sol.
El rostro del Almirante Bonafide palideció y su mentón por poco cae al piso; de inmediato recordó su última batalla contra los Rebeldes Jovianos y la forma en que habían utilizado misiles de polvo para reflejar los rayos laser y oscurecer su paso. De inmediato hizo una analogía de lo que algo similar significaría para los rayos del Sol…
—No-no-no estará sugiriendo usted que-que. —El solo concepto era difícil de formar en la mente del Almirante.— Pretende usted oscurecer el Sol… —Gruesas gotas de sudor comenzaron a caer de su frente.— Piense en toda la gente que vive en la Tierra y que depende de la energía Solar, si ustedes… Si ustedes bloquean la luz del Sol con una nube de polvo estarían cometiendo un genocidio de proporciones… —Bonafide volvió a mirar a aquel hombrecito de arriba a abajo, dándose cuenta que muy bien podía ser el monstruo mas grande que la humanidad jamas hubiese conocido.— ¡Docenas de miles de millones de personas, infinidad de animales y plantas!
—Usted realmente piensa que soy un monstruo capaz de algo así ¿no es cierto Bonafide? —Louis tenía una sonrisa de desprecio en su rostro.— Pero no, soy incapaz de llegar a esos extremos. Hemos enviado el silicio en pequeños cohetes fáciles de detectar a los alrededores de las órbitas de Mercurio y Venus. Si los Terrestres no son demasiado estúpidos se darán cuenta de inmediato de la naturaleza de la amenaza, y podrán calcular con facilidad las órbitas y el origen de los cohetes, no tendrán otra opción que venir aquí e intentar que dejemos de lanzarlos.
Bonafide estaba sin habla, pero sentía que los temblores que lo habían atacado comenzaban a ceder.
—Informaré al Gran Almirante de su plan de inmediato Señor Rackham, volveremos a ponernos en contacto con usted lo mas pronto posible.
El holograma de Bonafide desapareció, pero la mirada de terror del hombre quedó grabada en la mente de Rackham. ¿Cómo era posible que la gente pensara que él era capaz de hacer algo tan monstruoso? Pero ¿es que acaso no lo había hecho ya en cierta forma?
Los Cielos de Júpiter continuará el Miercoles 27 de Agosto 2014
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