Sheila estaba a bordo de la Supremo Conocimiento y en ruta a encontrar la diezmada flota enemiga. La nave de batalla se sentía pesada y poco ágil, o quizá era ella misma que se sentía de ese modo, con el avance de su embarazo, incluso moverse en baja gravedad le resultaba difícil.
—No deberías ir. —Le habían insistido Louis una y otra vez.— Déjalo todo en manos de Perceval, sabes que es mas que capaz de liderar la flota, dale todas las instrucciones que consideres necesarias, la flota terrana ya no está en posición de ser una amenaza si los atacamos con la fuerza de todas nuestras naves.
—Tengo una flota a la que atender, mis hombres dependen de mi y esperan que esté allí para ellos. —Fue la respuesta que Sheila le repitió una y otra vez.
Y quizá era cierto, pero lo que no quería admitir ni consigo misma era que ya no soportaba un segundo mas sin Allan, los meses de su ausencia la habían golpeado con fuerza, Sheila sabía que amaba a aquel hombre pero nunca supo hasta que extremo si no cuando ya no lo tuvo mas tiempo a su lado.
—¿Se encuentra bien Señora? —Ariadna la ayudó a estabilizarse. El rostro de preocupación de la chica era un poema.
—No te preocupes querida, Sheila D’Aramitz ha pasado por situaciones mucho mas difíciles, un pequeño bebé no va a detener a la Almirante de la flota Joviana ¿o si? —Se hacía sonar fuerte y despreocupada, pero sentía que el puente estaba dando vueltas a su alrededor.
—He ordenado a la flota que se adelante a nosotros un poco. —Ariadna cambió el tema de conversación y mostró una sonrisa de tranquilidad que se notaba falsa a kilómetros.
—Excelente, ¿a qué distancia nos encontramos del enemigo? —La voz de Sheila era clara y tranquila, pero no se soltó de Ariadna hasta que no estuvo sentada en mitad del puente de la nave.
—Estamos a menos de diez minutos de distancia, pueden ver que los estamos rodeando, pero aún así no cambian de ruta.
Aquello preocupó a la Almirante.
—¿Continúan en persecución de Waldemar y los otros? —Se cuidó de nombrar a Allan, pero eso era lo que mas la inquietaba.
Ariadna ayudó a la almirante a ajustar los cinturones de seguridad cuidando que el abultado vientre no sufriera de ninguna manera.
—Así es Almirante, las fragatas de los Capitanes Waldemar, Violeta y Allan se encuentra bien, pero los terranos parecen empeñados en intentar darles alcance.
Sheila respiró profundamente para calmarse, si no los habían alcanzado en todos estos meses de persecución las posibilidades de que los alcanzaran ahora eran nulas, pero si el enemigo ya podía detectar a su flota ¿por qué continuar en persecución de los otros?
—¿Están siendo rodeados pero continúan como si nada? ¿Nos desprecian? —La Almirante volvió a estudiar a la flota enemiga en los diferentes hologramas que le presentaban sus instrumentos, eran pocas naves, no estaban en la mejor de las formas.— No tiene ninguna lógica, los vamos a aplastar, a menos que ellos sepan algo que nosotros no sabemos…
A medida que las flotas se aproximaban para su enfrentamiento Sheila no dejaba de revisar todos los datos que iban recibiendo, pero por mas que se empeñaba no era capaz de descubrir el porque de aquel extraño comportamiento de sus enemigos.
—Ariadna, advierta a todos nuestros Capitanes, el enemigo tiene un as en la manga, pero no sabemos qué es.
En el otro extremo del Sistema Joviano, en los llamados Asteroides Griegos, Genevieve y Alphonse, los hermanos mayores de Louis, se encuentran desentrañando un misterio.
Fueron recibidos por el Administrador de un pequeño establecimiento orbital llamado Borlaug, que había sido excavado en el interior de un asteroide particularmente grande, la ciudad en su interior sin embargo era mas bien humilde.
—Nunca antes habíamos tenido el honor de recibir al Viejo de una de las Casas de Asesinos, mucho menos al propio Viejo de Casa Rackham. —El Administrador tenía un largo bigote blanco debajo del que asomaban a cada instante unos dientes brillantes, y sus ojos parecía que no podían apartarse de la figura de Genevieve.
—Le aseguro que no estamos aquí para tomar ninguna medida disciplinaria, los habitantes de esta ciudad no han hecho nada par atraer la atención de las Casas de Asesinos. —Se apresuró a aclarar Alphonse para tranquilizar al hombre.
La gente de Borlaug sin embargo no parecían estar demasiado seguros de aquello, se habían reunido en la plaza de la Ciudad como si esperaran una decapitación o alguna clase de espectáculo. Los dos Rackham eran al menos una cabeza mas altos que la inmensa mayoría de los residentes del lugar, y a juzgar por los rostros de asombro de todos los presentes, la mera aparición de los dos atractivos hermanos era espectáculo suficiente.
—Sin embargo estamos interesados en hablar en privado con usted sobre cierta mujer…
Pero Genevieve no tuvo que terminar.
—La esposa de su Padre por supuesto, sabía que algún día alguien vendría preguntando por ella.
—¿La Conoce? —Genevieve no podía creérselo.
—Por supuesto, pero no es el momento de hablar de esas cosas, la gente está esperando, no lo sé, ¿unas palabras? —El Administrador miró suplicante a Alphonse.
—¿Están esperando que yo de un discurso? Pero el político es mi hermano, el parlanchin es él, no yo…
—Déjalo Alphonse, yo hablaré. —Genevieve subió al estrecho podio bajo una lluvia de aplausos.
Es un placer para mi, Genevieve Rackham, en nombre de Casa Rackham, y de todas las Casas de Asesinos conocer a la simpática gente de Borlaug, gracias por este recibimiento tan cálido que nos recuerda una vez mas que a pesar de encontrarnos tan alejados, todos seguimos siendo el mismo Júpiter, unidos bajo una misma órbita, y bajo un mismo objetivo, la Libertad, la felicidad y la dignidad de todos. ¡Jupiter Optimus Maximus!
Corto y conciso, y al parecer precisamente lo que la gente esperaba escuchar pues los aplausos se prolongaron bastante, pero tras ellos el público comenzó a despejarse.
—Muchísimas gracias, muchísimas gracias.
El hombre casi se planta de hinojos ante Genevieve, pero esta lo detuvo agarrándolo por el hombro.
—Y ahora tenemos una conversación pendiente.
—Si por supuesto. —La voz del administrador tembló dándose cuenta que Genevieve podía ser tan terrible como encantadora.— Vengan a mi oficina y les diré todo lo que sé de la tal Katherina.
Los Cielos de Júpiter continuará el Viernes 12 de Septiembre 2014
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