Los Cielos de Júpiter: Deimos, el caballo de Marte

Cuatro meses después.

Después de haber luchado por tanto tiempo para sacar a la Inquisición de las órbitas de Júpiter, después de haber perdido tantas vidas en la lucha por liberarse de las garras de la Religión de la Inteligencia, Louis nunca pensó que él sería el primero en preocuparse por la seguridad de los Marcianos.

Viendo a las fuerzas venidas de la Tierra a punto de enfrentarse con la coalición Júpiter-Marte, Louis recordaba lo difíciles que habían sido las negociaciones cuando descubrieron que la Inquisición regresaba a Júpiter:

—Ustedes nos prometieron que nunca volverían a Júpiter, ¿por qué ahora vemos que sus naves y ciudades han tomado una órbita de aproximación hacia nosotros? —Louis intentaba ser tan diplomático como podía, pero la sola idea de luchar de nuevo contra la Inquisición pesaba fuerte sobre sus hombros.

—Pensamos que no había tiempo que perder, contra una fuerza del tamaño que la Tierra ha lanzado contra Júpiter ninguno de nosotros tiene la mas mínima oportunidad en solitario, por eso esperamos que olviden aquella promesa y que nos permitan luchar a su lado en las próximas batallas. —El Gran Almirante lucía todas sus galas en el holograma, estaba tan pulcro y brillante que Louis se preguntaba si aquello no era alguna clase de truco. Pero el hombre parecía sincero.

—¿Cómo sabemos que sus intenciones son buenas? ¿Cómo estamos seguros que no se han confabulado con nuestro enemigo?

—¿Confabularnos? Imposible, no podemos siquiera comunicarnos con ellos, el nuevo Profeta de la Tierra es intratable, solo parece entender que la gente se arrodille ante él y cualquier comportamiento distinto es considerado apostasía, y el castigo es la muerte. Si se me permite ser sincero señor Rackham, estamos juntos en el mismo bote nos guste o no, ninguno de los dos tiene muchas opciones si queremos sobrevivir, si sobrevivimos o perecemos a la catástrofe que representa este hombre, nuestra única opción es hacerlo juntos.

Lo que el Gran Almirante Fernandez tenía la cortesía de no decír, era que ninguno de los dos tenía ninguna oportunidad de sobrevivir separadamente.

—Tiene usted razón Alberto. —Louis inclinó su cabeza ligeramente, pero mantuvo sus ojos fijos en el holograma del hombre.— Serán bienvenidos en Júpiter, pero los estaré vigilando.

—No esperaba menos. —Fernandez también se inclinó.

A pesar de viajar tan rápido como podían, las ciudades de Marte solo alcanzaron a adelantar a las fuerzas Terrestres por un mes, En Júpiter la gente había estado ocupada preparándose para la invasión, fabricando e instalando los nuevos reactores de fusión que permitirían a las ciudades sobrevivir en el interior de la mortal atmósfera de Júpiter; así como también construyendo nuevas naves, y armas, entrenando nuevos soldados y analizando los patrones de aproximación del enemigo.

—¿Me estás diciendo que tengo que abandonar mi trabajo apoyando a nuestras fuerzas para encontrar un modo de proteger a la armada de la Inquisición? —El Profesor Meyers no estuvo nada contento cuando se le presentó la realidad de tener que ayudar a sus antiguos enemigos.— Digamos que tienes razón y que los sujetos en efecto pelearán a nuestro lado en contra de este enemigo, y digamos que en efecto conseguimos derrotar a las fuerzas de la Tierra, ¿qué impedirá entonces que nuestros actuales aliados se volteen contra nosotros?

—Voy a serle sincero Profesor, no lo sé. —Rackham estaba mortalmente serio.— Lo que sí sé, es que sin su ayuda nuestras probabilidades de salir victoriosos de esta guerra son mucho menores, me gustan tan poco como a usted, pero creo que tenemos pocas alternativas.

—Y ellos lo saben Louis, fue por eso que quisieron que nos involucráramos en esta guerra desde un principio.

—No Meyers, estás olvidando que no fueron los marcianos quienes nos involucraron, el ultimátum nos lo enviaron desde la Tierra, dentro de todo lo malo que ha tenido la Inquisición, tenemos que reconocer que con ellos al menos podemos negociar.

—Espero que no tengamos que recordar esta conversación al final de esta guerra. —El Profesor se volteó y se fue.

—Me contentaría con que llegáramos vivos al final de la guerra, incluso si es para recordar esta conversación…

Muy a su pesar Meyers ayudó a instalar todos los dispositivos necesarios para proteger a las ciudades llegadas desde Marte. Reactores de fusión, escudos de nanites, etc.

Pero la Inquisición no se quedó de manos cruzadas, aunque a la gente de Júpiter no les gustara trabajar mucho con ellos, debían reconocer que los trabajadores y soldados clonados venidos de Marte trabajaban duro y con diligencia. Pero también había algo mas, rumores, vistazos a lo lejos, se dice que entre las Ciudades de la Inquisición algunos habían visto hombres mecánicos, robots, ¿sería verdad aquello? ¿La hipocresía de los Inquisidores llegaría hasta ese extremo?

Pero Rackham no tenía tiempo para detenerse a pensar en rumores, si bien las ciudades orbitales de la Tierra todavía no habían terminado de llegar a las órbitas de Júpiter, o mejor dicho todavía no se encontraban a distancia optima de combate; pero eso no evitaba que ya hubieran lanzado una serie de pequeñas incursiones con naves pequeñas y mas rápidas, la necesidad de defenderse los había obligado a desviar parte de su tiempo y esfuerzo al combate y por esa razón una última ciudad marciana aún no estaba equipada para penetrar la atmósfera joviana sin contratiempos.

Se trataba de la mismísima Deimos, la vieja luna de Marte, ya no poseía la enormidad del pasado, centurias de explotación minera la habían reducido bastante, todavía poseía varios recursos minerales explotables, pero quizá lo mas importante era la gran comunidad que se había desarrollado en su interior. Precisamente por su gran tamaño aquella ciudad no había podido ser equipada con un reactor de fusión cualquiera, tuvieron que diseñar un dispositivo mas grande y estaban terminando su instalación cuando Louis recibió noticias de una nueva gran flota que venía a atacarlos.

—Solo necesitamos un par de horas para terminar la instalación.

—Lo entendí perfectamente la primera vez que lo dijiste Louis, lo que no entiendo es lo segundo. —Sheila terminaba de ajustar su armadura de combate al tiempo que se despedía de su bebé, la pequeña Alanis.— ¿Cómo es eso de que no quieres que nos separemos demasiado de la atmósfera de Júpiter?

—Debería ser lógico Sheila, los terranos saben bien que Júpiter nos tiene protegidos, por lo tanto intentarán obligarte a separar tu flota de la atmósfera del planeta.

—Eso lo entiendo yo mejor que tú Rackham, pero ¿qué fue todo eso que dijiste sobre un ¿arma secreta?

—Ya lo verás, pero para poder usarla, te necesito a ti y a tus hombres bien protegidos dentro de las Ciudades.

—¿Podrías dejarte de misterios y explicarte de una buena vez?

—Podría, ¿pero tenemos el tiempo para ello? ¿No llevas algo de prisa?

—Allan dice que de todos los misterios que han aparecido en esta guerra, tú eres el mayor. —Terminó de ajustarse el casco.— Comienzo a darme cuenta que tiene razón.

—Buena suerte en el combate Sheila, te aseguro que mi sorpresa te va a gustar.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Miercoles 8 de Octubre 2014

 

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo.

Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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