Si la situación de las ciudades orbitales de Kamelia era pecaria antes, tras las revelaciones de Louis se tornó mucho peor. Casi tres cuartas partes de las ciudades habían rechazado al falso Profeta, pero la gran mayoría de las fuerzas militares habían permanecido alineadas con el enemigo, esto desembocó en una carnicería como no se había visto nunca en todo la historia del Sistema Solar, gigantescas naves forradas de cañones de arriba a abajo dispararon sobre ciudades completamente desarmadas por que se negaron a repetir un juramento de lealtad.
Así que las fuerzas de Júpiter y la Inquisición se habían visto en la necesidad de intervenir.
Sheila sabía que aquello no iba a ser fácil, los años de viajar bajo altas aceleraciones habían endurecido a la Almirante, la nave viajaba tan rápido que sentía que la piel de su espalda y la del asiento se iban a convertir en una sola, pero en esta ocasión no importaba que tan rápido se movieran, el desastre ya estaba hecho.
—Al menos Allan no está aquí para ver este desastre. —A Sheila le parecía que estaban atravesando las ruinas de lo que apenas horas antes había sido una ciudad orbital rebosante de vida, pero la velocidad no le permitía ver con claridad.
—¿Mi Señora? —Ariadna apenas podía hablar a causa de la tremenda aceleración.
—Preparada para desacelerar en tres segundos.
—¡Sí Señora!
El frenado era casi tan malo como la aceleración, Sheila sintió como si los correajes fuesen a atravesar su pecho.
Cuando la nave retornó a velocidades mas normales, ya el resto de la flota se encontraba enganchada en combate contra las fuerzas del enemigo. A primera vista la situación se veía bastante mala, los militares fieles al falso Profeta atacaban otra ciudad orbital, pero a Sheila no le gustó la táctica que estaban asumiendo sus subordinados.
—¡Capitán Waldemar! ¿Qué se supone que están haciendo nuestras fuerzas? ¿Usamos a la Ciudad que se supone debemos proteger como nuestro escudo?
—Señora Almirante, esta ciudad está perdida, no importa que tan valientemente luchemos, no la vamos a salvar, lo único que nos queda es proteger la integridad del espacipuerto mientras la población evacua.
Con mas calma se le hacía claro a Sheila que lo que decía Waldemar era cierto, pero no tuvo tiempo de admitirlo, la nave de batalla Supremo Conocimiento desde donde Sheila dirigía el combate era demasiado conspicua y el enemigo ya la estaba atacando.
—Active los hologramas y active el camuflaje óptico.
—Sera bastante inútil Almirante. —Ariadna dejaba saber su opinión, pero sus manos se movían con rapidez sobre los controles obedeciendo las órdenes con rapidez.— Con el tremendo esfuerzo al que han sido sometidos nuestros reactores brillan en todo el espectro electromagnético.
—Lo sé Ariadna, pero al menos ayudará a distraerlos un poco.
Los misiles del enemigo se estrellaban contra el escudo de nanites de la nave, el daño era distribuido entre una multitud de los minúsculos robots, pero algo de la fuerza del impacto terminaba siendo transferido al casco de la Supremo Conocimiento que se sacudía violentamente con cada golpe.
—¡Tenemos que comenzar a reducir sus números y rápido! —Sheila analizó el holograma que representaba la batalla y detectó a la nave de comando enemiga sentándose con total libertad en lo profundo de la formación enemiga.— Continúen respondiendo el fuego de cañones de las naves cercanas, pero quiero que enfoquen nuestros misiles en esta nave.
Como si el enemigo también la estuviese escuchando y decidiera castigarla por su atrevimiento dándole de comer de su propia medicina, las naves de la flota enemiga comenzaron a enfocar sus disparos sobre Sheila. La nave temblaba de arriba a abajo sin tregua, pero la Almirante pudo darse cuenta que ahora que los reactores volvían a enfriarse, los artilleros enemigos tenían dificultad discerniendo donde estaba la verdadera nave y donde estaban los hologramas.
La nave de comando enemiga no tuvo tanta suerte, los misiles de los jovianos se estrellaban sobre su casco una y otra vez, sus subordinados intentaron protegerla a costa de su propia integridad, pero les sirvió de poco, en segundos ya la nave estaba destrozada.
La D’Aramitz pensó que sin liderazgo la flota de Kamelia aceptaría la rendición al verse enfrentados a la tecnología superior de las naves de Júpiter.
—Oficiales de la Armada Terrana, estamos dispuestos a darles la oportunidad de rendirse, depongan sus armas ahora y negociemos una rendición que sea aceptable para ustedes y para nosotros. ¿Cómo es posible que tengamos que ser nosotros los que defendamos a los ciudadanos que se supone ustedes deben defender? Ríndanse ahora, y hagan lo correcto.
Pero Sheila no podía estar mas lejos de la realidad.
—Cualquiera que traicione la magnánima gloria de nuestro santísimo Profeta será castigado con la aniquilación, no hay traición en la armada Terrestre.
Pero apenas habían recibido aquella transmisión cuando un grupo de naves de la flota kameliana intentó escapar.
—¡Están intentando rendirse! —Sheila reconocía que aquellos sujetos o eran muy valientes o estaban muy desesperados.— ¡Cubranlos!
Se trataba de unas dos docenas de naves pequeñas, entre fragatas, corbetas y unos pocos destructores que intentaban poner la mayor distancia posible entre ellos y sus anteriores aliados; Waldemar y los otros Capitanes intentaron protegerlos atacando a las naves que de inmediato habían salido en su persecución.
Pero el enemigo no pensaba en su propia seguridad, lo único que le interesaba era la destrucción de los traidores, sacrificaron un crucero y una docena de naves mas solo para atacar a los que escapaban y al final solo muy pocos consiguieron hacerlo.
—Almirante tengo una transmisión privada de uno de los Capitanes terranos que acaba de rendirse. —Había urgencia en la voz de Ariadna, como si supiera sospechara algo.
—Haga la conexión Ariadna.
—¡¿Con quien hablo?! ¡¿Con quien hablo?! —El capitán transmitía un holograma de baja calidad, pero aún así podía descubrirse un rostro sucio, ojeroso y con las órbitas de los ojos inyectadas en sangre, el hombre gritaba atropelladamente como si no tuviera tiempo.
—Habla con Sheila D’Aramitz, Almirante de la flota Joviana, aceptamos su rendición, lo entendimos perfectamente.
—¡Se lo agradezco Almirante! —Los ojos del Capitán no se fijaban en ninguna parte lo que hacía evidente que él no tenía modo de recibir el holograma de Sheila de retorno.— Pero no se trata de eso, ¡todo es un montaje! La flota del Profeta podría haber acabado con las ciudades traidoras hace tiempo, ha alargado el proceso para atraer a sus fuerzas a la trampa, ¡están haciendo tiempo para agrupar a todas sus fuerzas en una gran flota, solo entonces los volarán a todos en conjunto con las pobres ciudades traidoras.
—Gracias por la información Capitán, intente protegerse en el fondo de la flota, allí podrá conseguir reparaciones para su nave y atención médica para sus hombres.
—¡¿Qué eso significa que no huiremos?!
—Los civiles morirán sin nuestra intervención, no podemos permitirlo.
—¡¿Es que no entendió Almirante?! ¡Ellos ya están muertos! Nosotros todavía podemos salvarnos…
—Le aseguro que no todo está perdido Capitán, recuperese y tranquilícese.
Sheila cortó la transmisión pues era evidente que el hombre no estaba mentalmente estable del todo.
—Señora, puede que no haya conseguido expresarse con claridad, pero en algo tenía razón, el enemigo continúa recibiendo nuevos refuerzos, creo que han abandonado toda la extensión de Kamelia para concentrar toda su potencia de fuego aquí, muy pronto no estaremos en posición de hacerles frente.
—No creo que la protección de Kamelia les importe mucho, ya has visto la facilidad con la que disparan sobre su propia gente.
—¿Qué vamos a hacer mi Señora?
—Pelear con lo mejor de nuestras capacidades mi querida Ariadna, como siempre lo hemos hecho.
Pero de pronto algo llamó la atención de la Segunda de Abordo en sus instrumentos.
—Mi Señora Almirante, un objeto masivo viene hacia nosotros, pero desde la dirección de Júpiter, creo que es… —Pero Ariadna no se atrevió a rematar la idea.
—Deimos —remató Sheila— ¿los Inquisidores han traído su ciudad mas grande al conflicto? ¿Para qué?
—¡La han armado Almirante! Deimos está llena de cañones por todos lados.
La otrora luna de Marte se entraba a la batalla, protegiéndose detrás de ella venían las naves de la Inquisición.
Sheila tuvo que asomarse a través de los ventanales de la nave porque no creía en lo que le mostraba la proyección holográfica.
—No se puede negar que estos marcianos tienen su estilo…
Los Cielos de Júpiter continuará el Miercoles 05 de Noviembre 2014
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