Los Cielos de Júpiter: Parecidos Irrazonables

Los hermanos Rackham finalmente se reúnen.

Rackham comenzaba a odiar los funerales, y en esta guerra había habido un montón de ellos. Pero no había nada mas odioso que el funeral de una buena persona.

Perceval había sido un sujeto cuya definición fácilmente hubiese podido ser, decente, absolutamente amable, siempre listo para cumplir el deber, nunca una queja…

Y ahora estaba muerto.

—Los mejores siempre mueren primero. —Waldemar vestía todas las galas de su uniforme para el funeral.— Con frecuencia una exageración, pero no en el caso de Perceval, un amigo entrañable a quien yo y muchos de nosotros le debemos la vida, pero creo que lo que mas recordaré de él, es la forma en que conseguía que me esforzara por ser una mejor persona. Ahora que no estará mas con nosotros, debo recordarlo continuamente y esforzarme en ser esa persona que él me inspiraba ser.

La voz se le quebró al final al viejo Capitán, pero consiguió contenerse.

Era el turno de Louis.

—Muchas de ustedes se estarán preguntando ¿por qué? ¿Por qué debía morir este buen hombre? Y la respuesta es que él no debía morir, ninguna de las personas que murieron en la última batalla tenía razón de morir, pero cuando se unieron a este ejército para liberar a las gentes de Júpiter de la tiranía, y para mantenerlas libres, ellos conocían el riesgo, y lo aceptaron, ¿saben por qué? Porque nos amaban mas a nosotros, amaban mas a Júpiter que a sus propias vidas. —Rackham se pus la mano en el pecho.— Este hombre arriesgo su vida por mi en mas de una vez, en una ocasión casi lo vi desangrarse para mantenerme con vida. Perceval tenía una hija. —Louis apuntó a la pequeña que estaba en brazos de su madre.— Creo que ahora todos los que conservamos la vida gracias al sacrificio de Perceval, estamos en deuda con esa niña.

Aquel era solo el primer funeral de los muchos a los que tendría que asistir durante la semana.

—Louis. —Diana tenía los ojos rojos de tanto llorar.— Tus hermanos quieren verte.

—¿Es urgente?

—No me dijeron que era urgente específicamente, pero había un cierto tono perentorio en la voz de Genevieve.

—Diles que estaré con ellos en cuanto pueda, pero dame unos minutos para despedirme.

—Por supuesto.


 

Cuando entró en la habitación de la base, Louis notó que quienes parecían estar llegando de un funeral eran sus hermanos.

—¿Buenas tardes? ¿Cual es la mala noticia? —Ninguno de sus dos hermanos parecía tener el animo de comenzar la conversación y ni siquiera se atrevían a mirar a Louis a los ojos.— ¿Y bien? ¿Por qué querían verme? —Rackham se arrojó sobre un sofá.

En silencio Diana se sentó a su lado.

Genevieve dio unos pasos hacia la ventana y apretó los labios, Alphonse se puso la mano sobre la boca y suspiró sonoramente.

—¿Así de grave? —Louis intentaba bromear para enfriar el ambiente.— ¿Donde han estado todo este tiempo? ¿Qué estaban haciendo?

—Averiguábamos tu vida privada. —Genevieve finalmente se decidió, le dio la espalda a la ventana y miró a Louis con los labios torcidos.

—Desde que eras una niña, ¿cual es la diferencia ahora? —Louis no parecía asombrado.

—Fuimos a Borlaug. —Dejó escapar Alphonse mientras se pasaba la mano por el rostro como intentando limpiar su vergüenza.

Por un momento nadie dijo nada pero Louis sintió que se hundía mas en su asiento.

—Yo nunca me he metido en los asuntos de su madre e imaginaba que ustedes nunca se meterían con la mía, pero veo que me equivoqué.

Había un dejo de ira en la voz de Louis, pero mayormente el suyo era un tono de tristeza, aquello dejó bastante sorprendidos a los dos hermanos.

Genevieve caminó hasta la mesa e hizo aparecer el holograma del Gran Profeta Gimenez.

—¿Sabías que también eres idéntico al Gimenez original? —Genevieve habló despacio y con calma intentando mantener la situación bajo control.

—¿Idéntico? No soy, ¿muy parecido? Tal vez.

—El sujeto es mas viejo que tú evidentemente, pero tiene tu nariz, tus ojos, tu frente, ¡todo! —Alphonse gesticulaba apuntando a su hermano y al holograma.

Louis caminó hasta Genevieve y la abrazó poniendo su rostro junto al de ella.

—Cortale el cabello y quitale el maquillaje y adivina a quien también soy «idéntico.» —Apartándose de Genevieve le dio un golpecito en la barbilla.— Lo siento querida, pero tienes quijada de hombre.

—Y tú tienes labios de mujer. —Genevieve a pesar de ser una mujer sumamente atractiva, no le gustaba que hicieran mención de aquello.

—Entonces ¿soy idéntico a Genevieve? —Louis caminó hasta Alphonse y colocó su cabeza al lado de la de su hermano.— Diana ¿dirías que me parezco a Alphonse?

Diana solo respondió con una sonora carcajada.

—¿Te habían dicho que tienes labios de mujer? —Louis se apartó de Alphonse.— ¿Alguna idea de por qué soy tan «idéntico» a ustedes? ¿Quizá porque somos hermanos? Ahora adivinen por qué me parezco al Gran Profeta, ¡era mi tatara tatara abuelo! o algo así, ¿no lo sabían? ¿Se están enterando? —Volvió a sentarse.

Genevieve cambió el holograma e hizo aparecer tres rostros, el rostro del Gran Profeta, la cara de Louis, y la del auto nombrado Profeta de la Tierra.

—Mira a estos tres rostros y dime que no tengo una razón de ponerme nerviosa.

—Este nuevo Profeta, no lo niego, es algo que me tiene intrigado incluso a mi, pero decir que también soy «idéntico» al Profeta original me parece una exageración absurda, admito que somos muy parecidos, pero solo hay que mirarlo y darse cuenta que estamos lejos de ser idénticos.

Sin embargo Alphonse miraba los tres hologramas y le parecía que los tres pares de ojos eran de la misma persona.

—¿Y qué sucede si estás equivocado? —La Cabeza de Casa Rackham todavía no se atrevía a mirar a su hermano a los ojos, pero en su tono de voz estaba la urgencia del que exige una respuesta que no puede ser evadida.

—¿Qué sucede si estoy equivocado? ¿Qué sucede si soy idéntico al Gran Profeta? Pues estaríamos ante un fenómeno sumamente curioso que tendríamos que estudiar…

Pero Alphonse no siguió escuchando, se puso de pié y caminó hasta la ventana.

—Has estado evadiendo la respuesta durante toda la conversación. —Alphonse prácticamente rugió.

—No, eres tú quien ha estado evadiendo la pregunta.

Alphonse se dio la vuelta con ojos encendidos.

—¡¿Qué sucede si realmente eres un Profeta Louis?!

—¿Un Profeta? —Louis se llevó las manos al pecho y luego las mostró como queriendo mostrarse desarmado.— ¿Yo? ¿Un Profeta? Y que me lo pregunten mis hermanos, ¡porque tú también crees en esta soberana estupidez! —Apuntó a Genevieve.

—Responde a la pregunta Louis. —Genevieve se agarraba de la mesa como para estabilizarse.

—¡Yo no puedo ser un Profeta! Yo soy su hermano. —Caminó hasta Alphonse y le gritó.— ¡Yo soy el estúpido de tu hermano! —Caminó de regreso hasta Genevieve.— ¡Yo soy el imbécil de tu hermano! El mismo idiota que caminaba descalzo por nuestra casa porque no recordaba ¿donde había dejado los zapatos? El mismo que tenía el rostro lleno de acné y no se atrevía a hablar con las chicas. —De un manotazo borró los tres hologramas e hizo reaparecer el rostro enorme y solemne del Gran Profeta Gimenez.— Los Profetas son perfectos, ¿ustedes creen que yo soy perfecto? ¿Creen ustedes que si yo fuera infalible estaríamos hoy llorando las muertes de nuestros compañeros? ¡Los Profetas hacen magia! ¿Ustedes creen que yo hubiese soportado los abusos de la Inquisición durante quince años si yo pudiera hacer magia? ¿Creen que los hubiese soportado por un año? ¿Por medio segundo? ¿No se dice que Gimenez hasta resucitó a los muertos? ¿No creen que hubiese resucitado a mi madre si pudiera hacerlo? ¡Ustedes son mis hermanos! ¿Cómo se supone que me hacen una pregunta como esa?

Hubo un corto silencio durante el cual Alphonse sacó la pistola de su cinto, revisó que tuviera balas y la apuntó en dirección a Louis.

—Una vez te dije que si alguna vez te hacías pasar por Profeta te metería una bala en la frente, ¿entiendes que lo dije en serio?

Louis se acercó hasta que la punta del cañón quedó sobre su frente.

—Si alguna vez me hago pasar por Profeta, tendrás toda la razón. —Louis en ningún momento dejó de mirar a Alphonse a los ojos.

Diana se puso de pie y tomó la pistola con sus manos.

—Él no es un Profeta, y nunca ha dicho que lo sea, por el contrario. —Fue apartando el cañón de la frente de su amado.— Durante años ha intentado ocultar que tenía ninguna relación con la familia Gimenez.

Alphonse guardó el arma.

—El peligro no está en lo que él diga o haga, el problema está en lo que la gente crea. —Ahora el hermano mayor cambiaba la dirección de la conversación.— Louis no es infalible, pero eso no evita que la gente piense que lo es, tampoco puede hacer magia, pero a los ojos de la mayoría sí la hace, y ahora este sujeto en la Tierra…

—Si no importa lo que yo diga o haga la gente terminará creyendo que soy un Profeta, ¿entonces qué puedo hacer?

Pero ni Genevieve ni Alphonse parecían tener respuesta.

—Hay una forma, descubramos al sujeto de la Tierra y a todos los Profetas anteriores por lo que son. —Había una extraña sonrisa en los labios del menor de los Rackham.— Unos grandes mentirosos.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 29 de Septiembre 2014

 

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo.

Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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