Los Cielos de Júpiter: Entrega Especial

En enemigo obliga a las fuerzas de Júpiter a actuar antes de tiempo, ¿cómo podrán presentar batalla en estas condiciones?

Vivir en el interior de la atmósfera Joviana, una idea que meses atrás se le hubiese antojado completamente descabellada, sin embargo ahora cuando la nave poco a poco dejaba el manto protector del gigante gaseoso atrás, Sheila pudo sentir la ansiedad y aprehensión despertar por todo su cuerpo, y no se equivocaba, el enemigo los esperaba prácticamente en el punto donde acababan de emerger de la atmósfera.

—Dos grupos de naves Terranas nos atacan desde diferentes ángulos, Señora, nuestros escoltas ya los están repeliendo, pero sin apoyo de nuestra flota principal pronto serán derrotados por los continuados refuerzos del enemigo. —La voz de Ariadna también temblaba un poco.

A la Almirante le dio cierto alivio darse cuenta que no era la única nerviosa a bordo de la nave.

—Escuadrón uno, el comando es para el Capitán Perez, apoyen a los escoltas en el sector A; escuadrón dos, comando para el Capitán Barboza, tomen cuidado de las fuerzas en el sector B, regresen a la formación en cuanto la amenaza haya sido controlada. —Sin embargo al comenzar a repartir órdenes la D’Aramitz sintió que algo dentro de si volvía a despertar, su voz se iba volviendo mas firme, su espalda se enderezaba y volvía a recordar que era la Almirante de las flotas de Júpiter.— Pero recuerden las palabras de Rackham, debemos ofrecer términos de rendición a todos los enemigos que derrotemos, que nuestro enemigo entienda que tiene otra opción antes de morir en nuestras manos.

Ariadna se apresuró a repetir las órdenes de Sheila, los dos escuadrones se separaron y fueron a apoyar a sus aliados mientras que la fuerza principal al mando de Sheila continuaba su camino hacia Kamelia.

Los enemigos, frustrados por la incapacidad de atacar a las ciudades de Júpiter directamente habían comenzado a lanzar asteroides a la atmósfera del planeta, por supuesto las posibilidades de sobrevivir la fricción con la atmósfera Joviana de cualquier roca eran realmente minúsculas, pero eso no evitaba que los habitantes de las ciudades jovianas se asustaran ante la perspectiva. ¿Qué ocurriría si lanzaban asteroides mas grandes? ¿Qué pasaría si lanzaban una cantidad mayor de ellos? ¿Qué sucedería si los lanzaban con mayor aceleración? Sin importar lo mucho que los científicos insistieran que estaban bien protegidos en el interior de Júpiter, el miedo se iba acumulando de forma palpable en la población hasta el punto que el propio Rackham se vio obligado a ordenar un ataque aún cuando todavía las fuerzas no se encontraban completamente preparadas para un ataque.


 

En el otro extremo de la batalla, del otro lado de la inmensa nube de ciudades orbitales que era Kamelia, las naves de la Inquisición también habían emergido de la atmósfera de Júpiter y se veían enfrentados por una situación similar a la de la Almirante D’Aramitz.

—¿Realmente nos están disparando? —Fernandez volvía a revisar las estadísticas en sus instrumentos pero no podía creérselo.— Es como si estuviéramos absorbiendo el daño, ¡estos nuevos escudos nos dan una oportunidad Bonafide!

—Disculpa que te contraríe Alberto, pero sí, tienes razón tendríamos una oportunidad si todas nuestras naves estuviesen equipadas con estos dichosos escudos, pero no es así, la mayoría de nuestras naves no poseen esta tecnología.

Fernandez le dio un ligero empujón a Bonafide como deseando que el hombre y su mala actitud se alejaran, pero aquello era solo un holograma, y aunque le gustaría negarlo, sabía que tenía razón.

El enemigo los alcanzó con una volea de cañonazos, pero mas allá de sacudirse ligeramente la nave continuó incólume.

—Rackham es un imbécil por dejar que su gente lo presione de esta manera, debió explicarles mejor, debió insistir que no existía peligro alguno. —Fernandez golpeó el brazo de su silla con fuerza.

—Escucharte hablar de esta manera de un Profeta. —El holograma de Bonafide lo miraba con ojos grandes y muy abiertos.— ¿En quien te has convertido Señor Gran Almirante de la Inquisición de Marte?

—Soy un pecador de pies a cabeza Bonafide, ¡de pies a cabeza! Solamente tienes que darte cuenta de la fascinación que me causa esta tecnología para darte cuenta. —Se mordió los labios como queriendo evitar la pregunta que estaba a punto de hacer.— ¿Cómo se supone que funcionan estos fulanos escudos?

—¡je! Le preguntas al hombre equivocado, pero según entendí lo que han hecho los jovianos es readaptar la tecnología del arma de los terranos, pero en lugar de hacer que los nanites ataquen, estos flotan en un campo magnético listos para defender y repeler cualquier ataque.

—¿Pero como pueden esos robots tan frágiles resistir las aceleraciones necesarias para funcionar en semejantes situaciones?

—Eso es lo curioso de todo el asunto, los nanites no necesitan estar funcionales para detener los ataques enemigos, solo antes y después del ataque, así que los diminutos robots se lanzan a toda velocidad para interceptar cualquier daño y evidentemente son semidestruidos incluso antes de hacerlo, pero no es importante pues tras el impacto son reparados por los otros nanites, ¡sencillamente fantástico!

—Solo escúchate, tú también eres un hereje de cabo a rabo, ¿quien nos hubiese dicho unos meses atrás que hablaríamos con tanta admiración de unas tecnologías que fueron prohibidas hace cientos de años?

La nave fue sacudida nuevamente pero en esta ocasión por los disparos de sus propios cañones.

El holograma de Bonafide se aproximó al Gran Almirante e inclinándose le dijo al oído:

—Se razonable, dale la tecnología de antimateria a Rackham y él conseguirá la manera de acabar esta guerra antes de que nos demos cuenta.

—Sí, y estará solo a un paso de terminar su dichoso motor hiperlumínico, ¿te das cuenta el peligro que eso representaría? —El rostro de Fernandez que un instante antes brillaba con una sonrisa se ensombreció de inmediato.

Bonafide con el brazo extendido y la palma de la mano abierta abarcó con un solo gesto la inmensidad de la nube de ciudades de Kamelia.

—Y dime ¿tu ves alguna otra alternativa de derrotar esta monstruosidad?

—Si combatimos bien Bonafide, tenemos una oportunidad, resolveríamos esta guerra y no tendríamos que preocuparnos por un Rackham mas poderoso de lo que ya es. —La intensidad en las palabras del Gran Almirante dejaba claro que aquel punto no estaba abierto a discusión.

Bonafide se alejó menando la cabeza pero no dijo nada.

—¡Señor! El enemigo ha desplegado sus fuerzas principales. —Exclamó uno de los ordenanzas con urgencia.

La atención del Gran Almirante regresó a la representación holográfica de la batalla en donde podía observarse que sendas formaciones de naves enemigas se enfilaban respectivamente a su fuerza y a la de la Almirante D’Aramitz.


 

A bordo de la Supremo Conocimiento la intensidad en la voz de Sheila conseguía que los niveles de adrenalina subieran en todos los tripulantes.

—¡Atención! Todos preparados, aquí viene el enemigo.

Incontables naves de toda forma y tamaño surgían de las entrañas de Kamelia, un enjambre mortal forrado en cañones.

En ese instante surgió del propio Júpiter un poderoso disparo que al impactar a las naves enemigas las dejó flotando inermes en el vacío mientras que las naves aliadas continuaban como si nada.

—Lo que es igual no es trampa. —Murmuró Sheila para si misma. Pero luego exclamó a todo pulmón:— ¡Ahora a toda velocidad! ¡A Kamelia! ¡A las entrañas de Kamelia! ¡Adentro adentro adentro!

La D’Aramitz casi se muerde la lengua cuando la tremenda aceleración de la nave la agarró desprevenida, la fuerza la empujó contra el asiento de tal modo que le costaba respirar.

Dejaron a la flota enemiga atrás y comenzaron a penetrar el colmenar de ciudades.

—¡Aquí! no podemos llegar mas adentro. —Le costaba hablar en aquellas circunstancias.— El enemigo se recuperará en cualquier momento, ¡envíen la lanzadera!

Las compuertas de la Supremo Conocimiento se abrieron, pero si alguna nave salió a través de ellas esta no era visible en ninguna longitud del espectro.

«Mucha suerte Louis, mucha suerte Diana, mucha suerte amigos.» —Transmitió la Almirante a través del canal subconsciente.

Pero si alguien recibió el mensaje nadie le respondió.

—Y ahora sácanos de aquí Ariadna, sácanos tan rápido como entramos o no lo contaremos.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 20 de Octubre 2014

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo.

Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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