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Los Cielos de Júpiter: El Incidente Sagan

El Gran Almirante había subido a la primera nave que estuvo disponible, una pequeña fragata que estaba atracada en el interior de la Nave de Batalla, el pequeño vehículo estaba atestado de gente, pero había cumplido su deber, los había salvado del desastre.

En un principio la gente no había querido creer las palabras de Rackham, pero cuando revisaron los instrumentos y en efecto los niveles de radiación estaban subiendo, se hacía claro que no mentía.

¿A cual de lo puertos de Ciudad Sagan nos dirigimos Señor? Quiero decir, Gran Almirante —El Capitán de la fragata nunca había tratado personalmente con el Gran Almirante y tenerlo allí en la estrecha cabina de su nave le estaba destrozando los nervios.

El puerto mas cercano, cualquier puerto, necesitamos que nos hagan un análisis de niveles de radiación, Rackham nos avisó, pero ¿quien sabe si realmente lo hizo a tiempo? Todos aquí podríamos estar contaminados con radiación y viviendo los últimos momentos de nuestras vidas.

Todos los presentes intercambiaron miradas nerviosas, pero nadie se atrevió a decir nada, la voz chillona de Fernandez era muy intimidante.

Detrás de ellos quedaba la Nave de Batalla Supremo Conocimiento, todavía podían controlarla a la distancia, pero los nanites de Rackham habían dañado incluso los sellos de los reactores, en poco tiempo la colosal máquina no sería mas que otra ruina flotando en el vacío.

La fragata atracó en un puerto de mantenimiento en donde solían estacionar las naves que hacían servicio a la gran ciudad orbital. Nadie puede explicar como se enteró la población civil pero aún antes de que el Gran Almirante Alberto Fernandez pudiera poner un solo pie en la superficie de Sagan ya había una multitud de manifestantes en las afueras del puerto espacial, gritando consignas e insultos en contra de la Inquisición.

Cuando la gente protesta en la superficie de un planeta, puede ser muy caótico, pero la misma gravedad los limita bastante, cuando la gente protesta en baja gravedad están limitados por muy poco realmente; ergo el caos puede ser muy grande…

Solo habían dos guardias cuidando las instalaciones, uno era quizá demasiado veterano y el otro era demasiado novato, ninguno de los dos se había enfrentado nunca a una situación como aquella, la gente se empujaba contra la entrada del puerto, algunos al ver que no podían entrar se lanzaban paredes arriba y comenzaron a golpear la cúpula transparente del techo.

Cuando Fernandez salió de la fragata el ruido era ensordecedor, la gente gritando en las afueras y otros golpeando rítmicamente el techo, aquello era un espectáculo temible, el Gran Almirante miró a su alrededor y se dio cuenta que había cometido un error tremendo, en su prisa por abandonar la Supremo Conocimiento había dejado a sus escoltas atrás, ¿donde había quedado Gomez? ¿Y Bonafide? A su alrededor solo habían técnicos y personal de mantenimiento. Buscó en su cintura y se alegró de sentir su arma de reglamento, una pequeña pero eficaz pistola, pero junto a los rifles que llevaban los dos guardias de la instalación era muy probable que fueran las únicas armas que tenían para defenderse en el lugar.

—Preparen la nave para volver a despegar de inmediato, no vamos a poder atravesar por medio de esa gente.

—Pero Gran Almirante, Señor, usted dijo que estamos en peligro, necesitamos llegar a una clínica cuanto antes, Señor.

—¿Acaso crees que esta gente nos va a dejar pasar libremente hasta la clínica? —Fernandez se sentía agradecido de no saber el nombre de aquel idiota.— Tan solo están esperando para lincharnos.

Mientras el Gran Almirante discutía, los dos guardias del puerto intentaban intimidar a la gente que se agolpaba a la entrada del lugar, pero sus palabras altisonantes y su actitud soberbia solo enfurecían mas a la multitud. Un bloque de construcción voló por los aires y golpeó al mas joven de los guardias en la pierna; este reaccionó levantando su rifle y haciendo un disparo al aire para asustar a la multitud, pero en la baja gravedad había una muchacha flotando y el disparo la golpeó en un brazo. La inercia del balazo la envió a dar vueltas sin control y la sangre de la herida se dispersó en todas direcciones.

—Maldición ¡sáqueme de aquí, sáqueme de aquí ahora mismo! —Los estridentes gritos del Gran Almirante solo conseguían poner mas nervioso al Capitán de la Fragata.

Se escucharon mas disparos y los gritos de la multitud enfurecida y de pronto la turba entró en el puerto, ¿donde habían quedado los guardias? Posiblemente muertos. No se veía ni rastro de ellos.

—No se acerquen mas, soy el Gran Almirante Alberto Fernandez y represento la máxima autoridad de la Inquisición. —Pistola en mano amenazaba a la multitud desde la compuerta de la Fragata.

Quizá era su actitud, quizá su tono de voz pero el gentío se detuvo, Fernandez se encontró rodeado de gente flotando a su alrededor y con caras de muy pocos amigos.

—Ahora quiero que retrocedan con calma y regresen a sus casas.

—¡¿Por qué no regresas a tu casa tú maldito?! —Gritó alguien en medio de la multitud.

Acto seguido volaron por los aires y en dirección al Gran Almirante una variedad de objetos contundentes, pero Fernandez tras cerrar la puerta ya se había protegido en el interior de la fragata.

Un estruendoso sonido estremeció todo el lugar cuando se activaron los cañones de la fragata, Alberto se lanzó a toda la velocidad hacia la cabina.

—¡Pero ¿qué has hecho soberano imbécil?! Estamos en el interior de una fragata, ¿qué daño crees que nos podrían haber causado? —Pero entonces vio a través de los visores y no lo quería creer, habían trozos de personas y burbujas de sangre flotando por doquier.


Sheila entró en el laboratorio-taller donde Pasternack y Meyers solían trabajar en Ciudad Julia.

—¿Alguno de ustedes puede decirme donde están Louis o Diana? —Preguntó mientras se acercaba con su caminar de pantera.

—Míralo por ti misma. —Pasternack apuntó con un destornillador hacia un proyector holográfico en donde podía verse la sonriente pero estática cara de Rackham mientras la voz de un narrador de noticias resumía los acontecimientos recientes.

—¿Diana y Louis se infiltraron ellos dos solos en la Supremo conocimiento y ustedes los dejaron?

—Ninguno de los dos pidió nuestra opinión. —Aclaró Meyers para volver a su trabajo de inmediato.

La D’Aramitz se sentó y se llevó a una mano a la frente mientras meneaba la cabeza lentamente y en silencio.

—¿Sabes qué es lo peor de todo este asunto? —Preguntó Pasternack pero antes que nadie pudiera responder se contestó él mismo.—  Que tuvieron éxito, Diana y Louis acaban de dejar fuera de combate toda una Nave de Batalla ellos dos solos.

—Ahora nadie le va a cerrar la boca a Louis. —Remató el Profesor Meyers.— Si creíamos que el sujeto hablaba antes, solo espera a escucharlo después de esto.

Sheila no dijo nada, solo se llevó la otra mano a la frente y siguió meneando su cabeza.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Miercoles 4 de Junio 2014

Los Cielos de Júpiter se publica los Lunes, Miércoles y Viernes.

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