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Los Cielos de Júpiter: La presa sabe morder

La flota de Júpiter se abalanzaba sobre los sobrevivientes de la flota terrana, sin embargo a pesar de estar siendo evidentemente rodeados los invasores no hacían ningún intento por evadir la mortal garra que ya se cerraba sobre ellos.

—Fuego a discreción. —La orden de la Almirante fue transmitida a toda la flota.

Milles de cañonazos, misiles y torpedos surgieron desde todas direcciones la aniquilación del enemigo estaba asegurada, pero entonces una serie de rayos color rojizo surgieron como una tormenta eléctrica del interior de la flota terrana, todos los proyectiles fueron destruidos, pero aún peor, los rayos continuaron expandiéndose hasta alcanzar a las naves de la flota Joviana.

El primer pensamiento de Sheila fue para el bebé que llevaba en su vientre, a través de los ventanales podía ver como las naves que iban por delante quedaban paralizadas y a la deriva a causa del impacto con la peculiar arma.

—¡Marcha atrás a toda máquina! —Sheila sabía que no había tiempo de una acción evasiva, lo único que les quedaba era aguantar lo mejor posible.— ¡Preparados para el impacto!

Siguiendo su propio consejo se agarró tan bien como pudo de su propio asiento.

En el momento en que los rayos alcanzaron la Supremo Conocimiento, Sheila sintió como si fuese atravesada por una fuerte descarga eléctrica, de inmediato toda la nave quedó a oscuras.

—Señora ¿se encuentra bien? —La silueta de Ariadna era apenas visible contra la luz de las estrellas.

—Tenemos que salir de aquí cuanto antes, necesitamos salir de esta nave cuanto antes, vamos a la deriva y hay muchas otras naves por delante de nosotros en la misma situación. —La voz le salió a la Almirante con fuerza y determinación, pero el dolor en su vientre era intenso, intentó no pensar lo peor, pero era difícil evitarlo.


 

Rackham observaba el despliegue de la batalla desde la comodidad de una oficina en la base de Ciudad Sagan.

—La mitad de nuestras naves salieron de línea ¿con qué se supone que las golpearon?

Pero Pasternack no respondió estaba tan absorto intentando analizar la batalla que prácticamente no escuchaba a Louis.

—¡Póngase en comunicación de inmediato con las naves sobrevivientes! —Cuando Rackham se alteraba comenzaba a vociferar.

El joven ordenanza salió disparado a la sala de comunicaciones, pero mas para apartarse de la ira de Louis que para transmitir el mensaje, pues a ese volumen era seguro que yo habían escuchado en toda Ciudad Sagan.

—Sea lo que sea necesita detectar a las naves para poder atacarlas. —El Profesor había despertado de su trance.— Observa como todas las fragatas y corbetas como estaban usando el camuflaje óptico no fueron detectadas y tampoco fueron dañadas.

Louis volvió a pasear sus ojos sobre la representación holográfica de la batalla, las naves grandes como los destructores, los cruceros y la nave de batalla estaban a la deriva, las únicas que continuaban bajo control eran las fragatas y las corbetas mas pequeñas.

—Sea lo que sea que las atacó, —continuó Pasternack— necesitó verlas para poder actuar.

—¿Quieres decir que fueron nanites? ¿Pero nanites viajando a esa velocidad? ¿Cómo es posible? —Louis no tenía las cifras exactas, pero hacía los cálculos aproximados en su cerebro rápidamente y ninguno se acercaba.— ¿Qué clase de nanites podrían moverse tan rápido? Y ¿cómo resistirían la inercia?

—Es imposible. —Remató el Profesor con convicción.— Pero ante la ausencia de otra explicación…

—Debemos asumir que poseen una tecnología que se nos antoja magia, ahora entiendo cómo fue que derrotaron a toda la Inquisición. De cualquier manera no es momento de pararnos a analizar eso, tenemos que detenerlos, ¡¿Tengo comunicación con la flota?!

—¡Sí Señor! —Exclamó el joven Ordenanza sin atreverse a entrar nuevamente en la habitación.

—Atención Flota, les habla Louis Rackham, ¿quien está a cargo?

—Le habla el Capitán Ernesto Mayoris, estamos intentando reconectar todos nuestros instrumentos y les estamos dando asistencia a las naves que se encuentran a la deriva Señor.

—Grandioso Capitán Mayoris, buen trabajo, pero quiero que considere lo siguiente, la flota enemiga continúa aproximándose a las órbitas de las principales Ciudades Orbitales de Júpiter, ¿tiene usted alguna idea de lo que podría suceder si volvieran a disparar esta arma contra ellas?

Hubo un corto silencio mientras el Capitán evaluaba lo que Rackham le acababa de decir.

—Por supuesto Señor. —Respondió el hombre finalmente.— De inmediato nos lanzaremos al ataque, pero… —No sabía como decirlo.— ¿Qué ocurrirá si vuelven a lanzar el arma sobre nosotros? Esta vez nos salvamos pero…

—Despreocúpese Capitán, tenemos razones para creer que las naves de tamaño fragata o inferiores no son afectadas por esta arma, ¿tiene cierta lógica no lo cree? Después de todo si hubiesen podido deshacerse de ese modo del grupo del Capitán Waldemar lo hubiesen hecho ¿no?

—Tiene usted razón Señor, en este mismo momento estamos movilizando nuestro ataque, le aseguro que no alcanzarán Júpiter.

—Excelente Capitán Ernesto, pero ¿quien está a cargo de la operación de salvamento? No necesito recordarle que la Almirante D’Aramitz está embarazada y probablemente necesite ayuda.

—No se preocupe Señor, tenemos al mejor de nuestros hombres a cargo del rescate de la Almirante.

—¿Quien?


 

Perceval y su equipo consiguieron remover la bóveda de la válvula de salida, impusieron una delgada cubierta para evitar que la atmósfera escapara de la nave cuando abrieran la segunda puerta.

—Aquí está la conexión detrás de este panel. —Perceval señaló un trozo de plástico.

Los Técnicos lo removieron con rapidez y conectaron unos cables que habían traído desde los reactores de una de las fragatas. En cuanto las puertas recuperaron la energía introdujeron el código y la puerta interna de la válvula se abrió.

—La energía de la fragata debería ser suficiente para iluminar al menos esta zona,—Perceval flotó al interior de la nave de batalla.— ¿Por qué está todo tan oscuro?

—Las conexiones deben de haberse dañado. —Uno de los técnicos encendió una lampara y comenzó a buscar entre las paredes.— Pero ya encontraremos una forma de rutear la energía.

—El resto de nosotros movámonos hacia puente, me preocupa lo que pueda haber ocurrido con la tripulación de la nave, y sobre todo con la Almirante.

—¡Ayudaaa! ¡Rápido! —El grito desesperado se escuchó venir de la profunda oscuridad.

Perceval se lanzó él primero.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 15 de Septiembre 2014

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