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Los Cielos de Júpiter: Cuando el Destino Conspira

Navegar en las profundidades del océano subterráneo de Calisto era algo curioso y atemorizante al mismo tiempo. La Nueva Discreta, la fragata de Sheila, estaba rodeada por un halo de luz que no llegaba muy lejos, las luces de las otras embarcaciones se habían perdido hace tiempo; en ocasiones se tropezaban con un trozo de oscuridad mas negro que el resto, se trataba de enormes piezas de hielo que no parecían saber en que dirección flotar.

—¿Qué son estas cosas? ¿Por qué no suben hasta la superficie? —A Sheila le molestaba el proceso de navegar alrededor de aquellas enormes islas de hielo.

—Quizá la composición del agua, la temperatura, alguna corriente que no percibimos, quien sabe realmente.

—Es agradable ser recordado de cuando en cuando que hay cosas que incluso el genial Louis Rackham ignora. —Sheila no dejaba de pasear sus ojos entre sus instrumentos y los ventanales de la cabina.— Lo que no me gusta es cuando me haces navegar un océano lleno de cosas que todos ignoramos.

—Antes de la llegada de la Inquisición este océano era investigado por los científicos de Júpiter, pero es un océano después de todo, todavía hay mucho que ignoramos.

—Pero al menos sabemos que hay vida. —Apuntó el Profesor Pasternack.

—Sí pero no se sabe si es oriunda de Calisto, o es contaminación traída por los colonos originales. —Aclaró Meyers.

—Pues llevamos rato navegando en estas aguas y yo no he visto un solo pececito.

—Estamos demasiado arriba Sheila, la temperatura es demasiado baja, —explicó Louis— pero mas profundo se vuelve mas caliente.

Sheila le dio un ojo a lo que parecía ser una infinita oscuridad en las profundidades de aquel océano.

—Bueno, pues que Calisto se quede con sus misterios, ya encuentro bastante temible navegar a este nivel, no quiero ni imaginar ir mas abajo.

—Creo que en eso estamos todos de acuerdo Sheila. —Diana estaba muy contenta que Sheila pensara de aquel modo.

Poco tiempo después los instrumentos detectaron una tubería succionando el agua de Calisto hacia la superficie, Sheila aproximó la fragata, pero sus instrumentos no mostraron ningún nivel irregular de radiación.

—El hielo en esta área es tan compacto que podría fácilmente ocultar la radiación de las armas nucleares. —Louis miraba los instrumentos de Sheila con preocupación.— Vamos a enviar una sonda a través de la tubería.

Rápidamente programaron la construcción de un pequeño robot sonda que los nanites a bordo de la nave se encargaron de fabricar.

—¿Qué pasa si se queda atorado en la tubería? —Preguntó Ariadna, la nueva Primera de abordo de Sheila.— No llamaríamos la atención sobre nuestra presencia aquí abajo?

—No lo creo, es realmente muy pequeño. —Aclaró Louis haciendo una señal con sus dedos índice y pulgar.

El diminuto aparato entró por la tubería y ascendió un largo trecho, pero en ningún punto detectó una variación importante en los niveles de radiación.

Aquella era la tercera mina que revisaban sin obtener resultados, todo parecía indicar que aquella sería una tarea larga y tediosa, pero entonces recibieron una comunicación de la vieja Discreta y el recién nombrado Capitán Allan:

—Los encontramos, estos niveles de radiación no pueden ser normales, aquí es donde deben esconder las armas.

Tardaron toda la noche en reunir las naves debajo de la base enemiga, el hielo allí era mucho menos denso, quizá producto de la intensa actividad mas arriba, sin embargo la apertura entre las capas de hielo no era lo suficientemente amplia como para que las naves ascendieran hasta la superficie, tendrían que subir por ellos mismos, los esperaba un largo ascenso.


El Gran Almirante Alberto Fernandez intentaba descansar en su habitación pero las imágenes de las burbujas de sangre flotando por todos lados volvían a su mente una y otra vez. Se hacía claro para él mismo que iba a necesitar terapia.

Tras escapar de Sagan en aquella fragata bañada en sangre, se dirigieron a una base secreta en Calisto, como siempre el congelado satélite era poco hospitalario, por la necesidad de mantener el secreto la base poseía pocas comodidades, las barracas estaban a rebosar de soldados, entre quienes habían huido de la Supremo Conocimiento y quienes se habían visto obligados a abandonar las fortalezas en Sagan, la base se había convertido en un hervidero de gente. Pero no por ello el ambiente era menos frío.

Tocaron a su puerta pero entraron sin esperar respuesta, eran Gomez y Bonafide.

—¡Hasta que al fin aparecen! —Alberto se incorporó en el catre.— ¿Donde se supone que estaban?

—Escapábamos de una nave de batalla Alberto, no hicimos muchos planes. —Bonafide no estaba feliz, se dejó caer en una silla.

—Subimos juntos a un transporte de personal, te buscamos en medio del caos, pero no te vimos por ningún lado, no teníamos tiempo para buscarte.

—Lo sé, yo no me di cuenta que no venían conmigo hasta que llegamos a Sagan…

Hubo un largo silencio en que ninguno emitió sonido.

—¿Tienes idea de la situación en la que estamos? —Preguntó Bonafide con voz cansada.

—Tenemos que conseguir un modo de recuperar la confianza de la población. —El Gran Almirante volvió a recostarse.— Convencerlos que actuamos para el mayor beneficio de todo el Sistema Solar.

Bonafide y Gomez intercambiaron miradas brevemente, luego Gomez se puso de pie y manipulo los controles de un proyector holográfico.

—Tienes que ver esto. —Le dijo apartándose.

Era la grabación de una transmisión de noticias, en donde reportaban el desastre acontecido en el pequeño puerto espacial de mantenimiento en Sagan, se veía a la multitud protestando, luego se veía a los soldados disparando a los civiles desarmados, luego la toma pasaba a mostrar al Gran Almirante pistola en mano amenazando a los manifestantes para después entrar en la fragata, acto seguido la fragata abría fuego…

—¡¿Pero que demonios es eso?! ¡Eso no fue lo que ocurrió!

—Alberto, ¿te das cuenta que no tiene importancia? —Roland hablaba con voz calmada.— Lo que importa es que la opinión de la gente de nosotros está basada en lo que muestran los medios.

—Y no se trata solo de la población de Júpiter, también nuestros soldados están desmoralizados.

—Esto es un desastre, ¿qué podemos hacer? —Fernandez se pasó una mano por el cabello.

—Vamos a retirarnos. —Fue casi un murmullo pero la voz de Roland era clara.

—¿Cantar la retirada? —Fernandez susurró incluso mas bajito.— Pero eso es herejía.

—No digo que nos retiremos por completo o para siempre, —Bonafide también hablaba en voz baja.— Pero tenemos que reunirnos con los refuerzos, eso levantaría el espíritu de nuestros hombres y el retorno de la flota en plena forma intimidaría a la población.

Pero el Gran Almirante no tuvo tiempo de responder pues las alarmas comenzaron a sonar en toda la base, un ordenanza entró a toda velocidad en la habitación.

—Señor, los Rebeldes nos atacan, han invadido los niveles inferiores de la base.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 9 de Junio de 2014

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