Los Cielos de Júpiter: ¿Vuelta a la Normalidad?

¿Retorna Júpiter a la normalidad? ¿Y cómo es la normalidad en Júpiter? Los habitantes de las ciudades orbitales parecen haber olvidado hace mucho tiempo el significado de ese concepto.

Lamentablemente a bordo de la nave no había el equipo que el Doctor Francis necesitaba para atender a Louis, sin embargo el médico comenzó a procesar diversas herramientas y dispositivos con la ayuda de los nanites de abordo.

—¿No podría crear todo el equipo que necesita a partir de estos nanites? —Diana tenía esperanzas.

—Ciertamente podría y como puede ver ya lo estoy haciendo, pero la cuestión es ¿disponemos del tiempo? Los nanites que disponemos en esta nave poseen habilidades realmente alucinantes, pero estas no son infinitas.

El Doctor ya había insertado una enorme cantidad de nanites en el torrente sanguíneo de Rackham así como un catéter para alimentarles los materiales que los microscópicos robots necesitarían para realizar el trabajo.

—Al reducir su metabolismo el Señor Rackham ha conseguido mantener el veneno en los alrededores de la herida, lamentablemente dicha herida se encuentra en las cercanías de órganos de la mayor importancia, y el veneno ya los está atacando. —El Médico se afanaba sobre los controles de los nanites.— No solo estoy luchando para contener la expansión del veneno y filtrarlo del cuerpo, también debo instruir a los nanites que repares los daños antes de que se hagan mayores.

—¿Hay algo en que pueda ayudarlo?

—Manténgase a su lado, él sabe que usted está aquí y eso lo fortalece.


Sheila estaba de regreso en el puente de mando de su nave, de algún modo se sentía muy bien estar protegida por una buena armadura y unos poderosos cañones.

—Ariadna, pon ruta a la base de Calisto. —Se tomo medio segundo para respirar mientras ajustaba los cinturones de su asiento.— Envía nuestras disculpas a nuestros aliados por no poder asistirlos en el combate, pero nuestra situación apremia.

—ya estamos en ruta a Calisto Almirante, pero nuestros artilleros todavía tienen a la nave enemiga en rango, hemos estado disparando, ¿debemos dejar de hacerlo? Señora.

—De ninguna manera, que continúen disparando, pero que intenten recuperar el aparato que genera el bloqueo, estoy segura que Pasternack y Meyers querrán darle un ojo y Rackham también, cuando se recupere…

Sheila se preguntaba internamente ¿por qué no había percibido que los cañones de la nave estaban disparando? Entonces fue consciente de lo rápido que iban los latidos de su propio corazón. Cerró los ojos e intentó relajarse, en efecto, solo entonces percibió el sacudir de la fragata con los cañonazos cada vez mas espaciados en la medida que los artilleros tenían mas dificultades disparando porque la fragata se alejaban de la batalla.

—¿En cuanto tiempo llegaremos a Calisto? Ariadna. —Sheila ni siquiera abrió los ojos.

—Poco mas de diez minutos Almirante.

—Dejo la nave a tu cargo.

—Por supuesto, descanse mi Señora.


Allan caminaba por en medio de los charcos de sangre pues no había ningún otro lugar por donde pasar, frente a él iba Poledouris guiándolos a través de la improvisada fortaleza de la Inquisición, los escoltaban Silverio y unas tres docenas de soldados. Los cadáveres se apilaban a sus pies y en donde quiera que Allan ponía su vista.

—¿Dices que el propio Louis te pidió que infiltraras este ejército?

—Al principio era solo un grupo pequeño de imbéciles que pretendían oponerse a Rackham por obligarlos a perder los privilegios que la Inquisición les había dado; pero la Inquisición sabe como desarrollar sus ejércitos con rapidez. — Poledouris se aproximó a los cadáveres de unos soldados caídos de la Inquisición y les removió los cascos.

—¡Clones! —Exclamó Silverio por detrás de Allan.— Yo sabía que en Sagan no podía haber tanta gente luchando en contra del propio Júpiter.

—Es realmente asqueroso que la Inquisición se atreva a crear personas de este modo. —Allan sentía que su estomago se revolvía, y el chapotear en la sangre de los enemigos caídos no lo estaba ayudando.

—No son gente Capitán Lee. —Poledouris meneaba la cabeza enfáticamente.— Después de luchar junto a ellos le digo, no son personas; tienen suficiente cerebro para seguir las órdenes obedientemente, pero poco mas.

—Si tu lo dices Mario, pero creo que eso solo me hace sentir peor al pensar que mis soldados murieron a causa de estos semihumanos.

Poledouris iba a responder pero entonces vio el rostro de Allan y volvió a cerrar la boca. Los condujo por entre los laboratorios en donde se fabricaban los clones, el Capitán Lee apartaba la vista de aquellas monstruosidades, Silverio y sus hombres por otro lado…

—¡Oh! Por los Profetas y por todo lo que es santo, ¿eso es un vientre artificial? ¡Creo que voy a vomitar!

Allan aceleró el paso para evitar las nauseas él mismo.

—Es por aquí Capitán. —Poledouris corrió unas pesadas cortinas.

Apóstolos, el antiguo Gran Almirante de la Inquisición, estaba sentado en un pequeño taburete con las manos amarradas a su espalda y rodeado por una docena de soldados que lo habían traicionado.

—¡¿Quien demonios eres tú?! ¡Tú no eres Rackham! ¿Donde está Rackham?

—Louis Rackham no se rebaja a relacionarse con basura como tú, ese es mi trabajo. ¿Tienes alguna idea del desastre que has causado?

—Todo lo que hice fue para el mayor bien del Sistema Solar.

—¿Sabías que ahora Marte y Júpiter van a ser aliados en la guerra contra la Tierra?

—¡Mientes! La gloriosa armada de la Religión de la Inteligencia jamas se ensuciaría tratando con herejes como ustedes. —Los ojos de Apóstolos se movían rápidamente sin detenerse en ninguna parte.

Allan dejó de intentar hacer entrar en razón al sujeto, se hacía evidente que hacía tiempo que esa posibilidad ya no existía.

—Traigan la máquina.

Dos de los hombres de Silverio trajeron un pesado aparato similar a una larga columna semi cilíndrica.

—Sosténganlo. —Ordenó Allan mientras sujetaba a Apostolos por su abundante cabello blanco y lo obligaba a mostrar sus ojos a la máquina.

Apostolos cerró los ojos, pero Allan le puso una pistola en la base del cuello.

—Me han dicho que esta máquina funcionará igual de bien contigo vivo o muerto, me alegraría mucho el día poner una bala en tu corteza cerebral, pero estoy seguro que mis superiores te querrán con vida; pero para ellos es mucho mas importante que este aparato funcione, así que queda de tu parte, ¿colaboras o no?

Apostolos abrió los ojos y la máquina comenzó a emitir un susurro grave y profundo.

—Soy el Capitán Allan Lee y he sido autorizado para servir como representante diplomático de Júpiter. —Se había puesto frente al aparato que comenzó a iluminarlo con una extraña luz azul.— Estamos interesados en la alianza que nos proponen, pero tenemos condiciones que deberán cumplirse.

La respuesta apenas tardó unos segundos, el holograma de un hombre comenzó a formarse al lado de Lee.

—Capitán Lee, sabemos quien es usted y reconocemos su autoridad. —Dijo el holograma y Allan reconoció la voz chillona de Alberto Fernandez aún antes que este hubiese terminado de tomar forma.— Espero que nuestras negociaciones sean expeditas pues la situación es urgente tanto para Marte como para Júpiter, pero antes de escuchar estas condiciones de las que habla, hay una pregunta que necesitamos hacer, ¿por qué el autoproclamado Profeta de la Tierra es absolutamente idéntico a Louis Rackham?

 

Los Cielos de Jüpiter continuará el Miercoles 20 de Agosto 2014

Ayudanos a continuar creciendo, comparte este artículo con tus amigos

Discover more from La Cueva del Lobo

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Foto del avatar
Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo.

Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

Artículos: 7743

Deja tu comentario

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.