Sheila aceleró la colosal nave con tal fuerza que Diana sentía que la presión la atornillaba a su asiento.
—¡Sheila recuerda el estado de Louis! No podemos forzarlo de esta manera. —Diana tomó la mano de Rackham quien estaba semiacostado a su lado poseído por una suerte de trance autoimpuesto.
—La Señorita Diana tiene razón Almirante. —Intervino Francis el médico que intentaba limpiar el Sistema de Louis de aquel mortal veneno.— Si el Doctor Rackham se ve forzado a acelerar su metabolismo podríamos estar en serios problemas.
Sheila miró por las estrechas ventanillas de la esfera y observó las naves de carga aproximándose a toda velocidad.
—Pues tendrá que resistir un poco, porque si la Inquisición nos atrapa, tampoco sobrevivirá mucho tiempo. —Pero entonces la Almirante D’Aramitz observó algo interesante.— Estás combatiendo…
—¡¿Qué?! —Los otros no lo podían creer y se apresuraron a asomarse.
—Una de esas naves está de nuestro lado. —Waldemar observó a las naves intercambiar disparos torpemente con las crudas armas que llevaban a bordo.
—La gran pregunta es ¿cuales son nuestros chicos y cuales el enemigo. —Violeta nunca había pensado en lo importante que era la comunicación en una batalla, pero aquella sensación de encontrarse de brazos cruzados en mitad del peligro la había obligado a pensar muchas cosas; lo peor era saber que muy posiblemente la Inquisición poseía medios de comunicarse aún a través de aquel bloqueo y de seguro se estaban coordinando en contra de ellos.— ¿No podemos hacer señales de alguna forma? ¿Parpadear nuestras luces? ¿Modular la frecuencia de nuestros motores? ¡Tenemos que poder hacer algo!
Sheila había bajado la aceleración, pero ya habían adquirido una buena velocidad.
Diana revisó las ideas de Violeta, pero cualquiera de esas acciones requeriría que estuvieran directamente en el puente de mando de la nave.
—No creo que podamos hacer nada de eso. —Sin embargo continuaba revisando las posibilidades.— El problema es que necesitaríamos que nos respondan, ¿y cómo vamos a creerles? ¿Cómo sabemos que nos responden nuestros verdaderos aliados?
La respuesta de Diana solo consiguió que Violeta se halara el cabello; Waldemar la abrazó y ella tuvo que resistir un sollozo desesperado.
—¿En cuanto tiempo crees que salgamos del alcance del bloqueo Señorita Diana? —El Doctor Francis no dejaba de revisar los instrumentos que le decían el estado de Rackham.
—Ya deberíamos estar afuera, —Diana miró al Doctor y luego a Louis, preguntándose internamente si el Médico se veía mas nervioso.— Pero me temo que precisamente una de las naves que nos persigue debe cargar alguna suerte de repetidora.
Sin embargo entretenidas en su combate las naves de carga que los perseguían iban quedando atrás, pero en sus instrumentos Diana también descubrió algo mas.
—No sé si sean buenas o malas noticias, pero veo mas naves comerciales aproximarse a la refriega. —Diana intentaba descifrar el enigma.— Lamentablemente no sé si están de nuestro lado o del enemigo.
—Hay una forma de saberlo. —Intervino Sheila dividiendo su atención entre la dirección de la nave y el combate que tomaba lugar por detrás de ellos.— Sabemos que nuestros chicos son piratas, entonces observemos ¿donde están disparando? Un pirata por lo general intentará cuidar la carga, los soldados de la Inquisición por otro lado no le darán ninguna importancia.
Pero ni siquiera Diana con su vista privilegiada podía deshacer el caos de naves que se había formado.
—Al menos están quedando atrás. —Asomó Violeta ya mas tranquila.
El combate iba quedando atrás y Calisto se veía cada vez mas grande, y no tardaron mucho tiempo mas en recibir una comunicación.
—Almirante Sheila D’Aramitz ¿puede copiarme? Repito este es la Fragata de Combate Discreta II, Almirante D’Aramitz ¿puede copiarme?
—Ariadna querida, puedo copiarte fuerte y claro, creo que nunca había escuchado una voz mas hermosa. —Sheila casi lloraba de la alegría, pero se contuvo, sin embargo el resto del grupo hubiese dado brincos de alegría si se pudiera brincar en microgravedad.— Necesitamos tu ayuda de inmediato, estamos sobre la Supremo Conocimiento con destino a Calisto, te estoy enviando nuestra órbita en este momento.
—¡Mi Señora no tiene idea la cantidad de tiempo que tenemos buscándola! Estaremos con ustedes en poco tiempo. —Las palabras se le tropezaban a Ariadna al intentar hablar demasiado rápido.— Los Doctores Pasternack y Meyers han conseguido un método para desbloquear nuestras comunicaciones, pero necesitamos darles el dispositivo, mientras tanto voy a hacer un puente en nuestras comunicaciones, El Capitán Allan ha estado muy preocupado y estoy segura que ustedes querrán hablar.
Pasaron algunos momentos mientras Ariadna realizaba la conexión pero pronto todos pudieron escuchar la voz del Capitán Allan Lee.
—Sheila ¿estás bien? —El hombre se escuchaba agotado.— ¿Están todos bien?
—Louis se encuentra estable y Perceval recibió un disparo en una pierna, pero de resto, todos estamos bien ¿cómo estás tu? ¿Cual es la situación en la Ciudad?
—Estamos recuperando el control de Sagan, pero este ataque de la Inquisición ha sido un desastre, la población civil se levantó en su contra y la Inquisición los atacó sin misericordia, hay un montón de civiles muertos, eso sin contar con los chicos que se acababan de enlistar al ejército, muchachos con un entrenamiento prácticamente nulo. Perdimos a muchos de esos chicos. Me siento tan culpable, pero a mi tampoco nadie me entrenó para coordinar un ejército de este tamaño…
—No te sientas culpable Allan, esos muchachos sabían a lo que se estaban enfrentando cuando se enlistaron, y tu lo estas haciendo muy bien con los recursos que tenías.
—Me pregunto si dirás lo mismo cuando te enteres de la cantidad de gente que murió a mi cargo. Sheila… —Allan se detuvo un momento y todos escucharon un suspiro a través del micrófono.— Sheila necesito que me lo digas, ¿cómo está el bebé?
—El bebé está bien Allan. —La Almirante se llevó una mano al vientre.
—¿Sheila estás embarazada? —Diana no se lo podía creer.
La D’Aramitz volteó a mirarla y asintió silenciosamente.
—¿Por qué no nos dijiste nada? —Violeta sabía que era tonto, pero se sentía un tanto ofendida que la Almirante no les hubiese comunicado algo tan importante.
—No hubiese cambiado nada. —Sheila se volteó a mirar a Rackham.— No podía supeditar la vida de mi bebé a la seguridad de Júpiter.
—Pero mi querida Almirante. —Intervino Waldemar.— ¿Realmente piensa usted de esa forma? Debió advertirnos, la hubiésemos cuidado mejor, nos habríamos arriesgado menos…
—No Capitán, nada de eso, sin ese hombre cuya vida estábamos protegiendo todos, —Apuntó a Louis.— Ni mi hijo, ni ningún otro niño en Júpiter tendrá un futuro, la Inquisición nos lo ha confirmado claramente hoy; nuestra prioridad era y continúa siendo Rackham, y no quiero que nadie piense diferente.
La Discreta II finalmente había llegado, Sheila desacopló la esfera magnética de la Supremo Conocimiento y entraron en la cabina de carga de la fragata Discreta II.
Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 18 de Agosto 2014
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