Los Cielos de Júpiter: Toda Rosa tiene Espinas

Júpiter se revela cada vez mas peligroso para el líder de los rebeldes, ¿será que la misma gente por la que luchó tanto va a ponerse en su contra?

Terminada la entrevista Amelia y los otros encargados del programa de holovisión conversaron larog y tendido con Louis, así que cuando este salía de las instalaciones de transmisión, ya era bastante tarde y las luces artificiales que creaban el ciclo del día en Ciudad Sagan estaban bastante atenuadas.

—Louis yo sé que nunca me has pedido consejo pero… —Amelia lo sostenía del brazo como deseando evitar la separación.— En estos momentos la gente está feliz y contenta, se sienten liberados del peso y las limitaciones que representaba la Inquisición, pero cuando se les pase la emoción y se acaben las celebraciones, y descubran todo el trabajo y el sacrificio que se va a necesitar para recuperar lo que nos quitó la Inquisición… —La periodista torció los labios y apartó la mirada.— Digamos que no todo mundo va a estar contento.

—Eso lo entiendo muy bien Amelia, pero hablaste de un consejo. —Rackham la miró expectante.

—Hay gente que se había adaptado muy bien a la presencia de la Inquisición, gente que prosperó bajo su dominio, esa gente te odia Louis, y van a estimular el descontento entre la población.

—Sigo esperando el consejo…

Amelia quería ser dramática pero no pudo evitar una sonrisa a causa de la actitud ligera de Louis, pero le apretó el brazó y lo miró directo a los ojos.

—Cuídate, eres el héroe del pueblo en estos momentos, pero no hay nada mas voluble que la admiración del público, te lo digo por experiencia, cuídate muchísimo, crees que estás a salvo en casa, piensas que Júpiter es tu refugio, pero tienes un enemigo en cada sombra esperando el momento preciso.

—Lo sé. —Rackham le dio un par de palmadas en la mano con que lo sostenía.— Trataré de ser tan prudente como pueda, pero no puedo desconfiar de todo mundo, eso me volvería loco.

—No te pido eso, solo que seas cauteloso.

—Lo haré.

Se despidieron con un abrazo y la promesa de muchas futuras entrevistas. Al salir lo esperaban Silverio y varios de los tripulantes del Capitán Waldemar para servirle de escolta.

—La Almirante ten envía un mensaje Louis, necesita verte cuanto antes. —Le informó el Artillero.

—¿Dijo cual era la emergencia?


—¡Piratería! Voy a ser juzgada por ser una pirata, ¡y van a ponerme en la cárcel! Porque si hay algo que no puedo negar y que todo el mundo sabe, es que he sido una pirata todos estos quince años.

La citación le había llegado a Sheila aquel día y no había parado de gritar y despotricar desde el momento en que la leyó.

—Esto tiene que ser alguna clase de chiste o malentendido Sheila, tienes que calmarte. —Diana había dicho aquellas mismas palabras en un millón de variaciones.

—¡Y además tienen las inmensas agallas de prohibirme la salida de la Ciudad de Sagan! —Continuó la D’Aramitz como si no hubiese escuchado a su amiga.— Como si ellos pudieran evitar que yo entrara o saliera de donde me provoque.

—Tienen que ser los simpatizantes de la Inquisición intentando causarnos problemas, pero tenemos que ser muy cuidadosos de la forma en que reaccionamos a estas cosas.

Se habían ido del hotel y habían comenzado a reacondicionar una de las bases abandonadas por la Inquisición en Sagan. El Lugar estaba sucio y desordenado, pero poco a poco iba tomando mejor forma. Durante el día los tripulantes de la flota Rebelde habían entrado y salido sacando basura y trayendo equipos, pero en la noche el lugar se sentía enorme, silencioso y vacío.

—Yo también tengo mis simpatizantes sabes… ¡Soy la Almirante de toda la Flota Rebelde! Y este gente tiene las agallas de enviarme una citación a mi, ¡por piratería!

Diana prefirió guardar silencio, cuando Sheila se ponía de aquel humor no había forma de razonar con ella, tan solo deseó que Louis se apresurara en llegar.


Rackham, Silverio y los otros habían alcanzado una de las aceras móviles que flanqueaban el río central, a esa hora el lugar estaba concurrido, pero nadie parecía reconocer a Louis en su modesta chaqueta oscura. Las celebraciones estaban muriendo y la gente se notaba cansada y soñolienta.

—Louis, hay un grupo de sujetos que nos vienen persiguiendo desde hace rato, se están acercando sospechosamente. —Silverio se sentía nervioso en su papel de guardaespaldas.

Rackham miró disimuladamente pero uno de los sujetos que los venía persiguiendo lo miró directo a los ojos, era calvo y llevaba una chaqueta azul claro que a Louis se le hizo muy familiar.

—Nunca le des la espalda a tu enemigo. —Pudo leer en los labios del sujeto.

Rackham de inmediato recordó al líder del grupo de matones que la Inquisición había enviado a darle una golpiza mucho tiempo atrás.

Viendo el reconocimiento en los ojos de Louis se acercaron con mas rapidez, Silverio y los otros se posicionaron para proteger a Louis, pero este les hizo señas de que se relajaran.

—Esa es una bonita chaqueta.

—El primer regalo de un buen amigo, creo que nunca te di las gracias.

—No es necesario.

—Claro que sí, gracias por la chaqueta y gracias por liberarnos de la Inquisición. Y aunque sé que es poca cosa quiero devolverte el favor al menos en parte.

—¿Y cómo harías eso?

—Contándote que el precio por tu cabeza nunca antes había sido tan alto, de hecho creo que en toda la historia de Júpiter nadie había ofrecido una recompensa tan alta por la vida de nadie.

—¿Y tienes idea de quien pretende pagar esa recompensa?

—No, todavía no, pero pretendo averiguarlo, pero hay algo mas, hay muchos estúpidos que pretender tomar el trabajo, pero son lo suficientemente astutos para saber que tú estás muy por encima de su rango de habilidades, así que han decidido combinarse. Hay una pequeña armada que se está organizando en esta ciudad y su blanco eres tú.

—Quiero que te infiltres en esa armada y que intentes averiguar quien los está organizando y financiando, ¿puedes hacer eso por mi?

—Me gusta la forma en que piensas, me honra que me incluyas en tus planes. —Hizo una pequeña reverencia.

—Creo que nunca me dijiste tu nombre.

—Llámame Mario Poledouris.


Vistas desde afuera la flota de naves que eran el hogar de la Casa Calau parecían poco mas que una colección de chatarra o peor aún, un cementerio de naves abandonado mucho tiempo atrás. Sin embargo en su interior la perspectiva era muy distinta. Las decoraciones tenían un cierto lujo decadente, tapices de un color vinotinto adornaban los suelos de cada estancia, y lamparas de un recargado estilo rococó eran la única iluminación.

—Espero hacerte entrar en razón, ¿te das cuenta de lo peligroso que es permitir que mi hijo consiga el poder absoluto?

—No has dejado de decir lo mismo desde que llegaste, pero creo que eres tú quien no acaba de entender, si la flota de la Inquisición no pudo matar a Louis, ¿qué te hace creer que los humildes asesinos de Casa Calau tienen alguna oportunidad? —El Viejo Calau desplegó los horrorosos dientes que poblaban su boca.

—No es momento para bromas, debemos prepararnos, los rumores son muy claros los alcaldes de todas las ciudades orbitales de Júpiter están mas que dispuestos a votarlo unánimemente como líder absoluto. ¡Eso no podemos permitirlo!

—¿Y exactamente qué es lo que quieres tú que yo haga? ¿Matar a los alcaldes que se supone debo defender?

—No, nuestro objetivo debe ser Louis.

—Vuelvo a repetirte, porque parece que no entendiste, ¡el muchacho es inmortal! Simple y sencillo, la Inquisición intentó matarlo, una y otra vez, ¿donde están ellos ahora? ¡Es que quieres que Casa Calau termine igual!

—Hay un modo de matar a Louis…

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo.

Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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