Los Cielos de Júpiter: Un fantasma entre los corredores

La batalla en mitad de la base de la Inquisición en Calisto será sangrienta.

Sheila intentó asomarse pero una ráfaga de balas le voló otro rulo de sus cabellos, aquel era el peor corte que le habían hecho en su vida.

—Vamos, otra granada. —extendió la mano para que alguien le pasara otro de los explosivos, los que ella llevaba se habían agotado hacía tiempo.

Violeta puso la granada en su mano y sin dilación quitó el seguro y la lanzó.

—¡A la carga! —Gritó la D’Aramitz lanzándose ella misma a la cabeza del combate prácticamente encima de la explosión.

Escaleras arriba las fuerzas de la Inquisición ya habían despejado el área en donde la granada explotó aparatosamente haciendo que el hielo en las paredes y el piso se convirtiera en vapor y millones de diminutas gotas. En el momento de confusión ambos grupos combatían para controlar el umbral del nuevo nivel.

Sheila creyó observar una suerte de borrón moviéndose a su lado pero cuando intentó enfocarlo no pudo.

—¡Rackham este no es momento de hacer tu truco de desaparición! —Le dijo a la sombra mientras repartía ráfagas de disparos a diestra y siniestra.

«Esa es Diana, yo estoy detrás de ti.» — Le transmitió Louis quien estaba embutido en la peculiar armadura que le permitía volverse invisible, pero todos podían verlo claramente.

«¿Estás enviando a la pobre Diana sola?»

«Yo no envío a nadie, fue su idea, además ella se sabe cuidar sola muy bien.»

Pero sin esperar por la respuesta de Sheila, Louis buscó la protección detrás del umbral y exclamó:

—¡Soldados de la Inquisición, ustedes conocen mi voz! ¡¿Están preparados para enfrentarme en combate?!

Aquello tuvo el efecto inmediato de  detener el intercambio de disparos.

Del otro lado, protegido por diez docenas de soldados se encontraba el Gran Almirante Fernandez. Tan solo el sonido de aquella voz había bastado para que su corazón prácticamente se paralizara en su pecho. ¿Había venido el Profeta a matarlo?

—Puede que él sea un profeta, pero no moriremos sin dar la pelea, ¡carguen las balas especiales! —Exclamó el Gran Almirante.— Déjenlo que hable una vez mas y lo pagará caro.

El sonido de las armas recargando pudo escucharse a todo lo largo del recinto, las fuerzas de la Inquisición como siempre superaban a los rebeldes, pero las habitaciones y corredores de la base eran pequeños y estrechos dándoles cierta oportunidad a estos últimos.

«¿Qué se supone que estás haciendo?» —Le transmitió Sheila a Louis vía subconsciente aunque estaban prácticamente uno al lado del otro, pero no se atrevía a hablar, ella sabía lo que hacían esas balas.— «Ahora saben que estás aquí.»

«Precisamente.»

Y de pronto se escuchó la voz  de Louis saliendo de en medio de la posición enemiga.

—¡Soldados de la Inquisición, ustedes conocen mi voz! ¡¿Están preparados para enfrentarme en combate?!

De inmediato pudieron escuchar las balas volar prácticamente en todas direcciones pero ninguna en la dirección que ellos estaban. La voz de Louis se repetía una y otra vez desde todos los altavoces que hace poco solo emitían las sirenas de alarma, o los comunicadores que llevaban los soldados consigo.

Las balas especiales buscaban precisamente esa voz pues habían sido programadas para eliminar al hombre que emitía aquel sonido. En apenas instantes los altavoces habían sido destruidos y docenas de soldados de la inquisición se encontraban muertos o muy mal heridos a causa de las balas de su propio ejército.

—¡Alto al fuego! —La voz chillona de Fernandez tenía un especial tono de desesperación, a su alrededor habían caído multitud de sus soldados.

Pero la orden del Gran Almirante llegaba demasiado tarde, en el otro extremo del recinto como un lobo que huele a su presa herida había saltado Rackham y detrás de él venía su ejército.

—¡Retirada! —Gritó Fernandez subiendo las escaleras él primero.— Reagrupemonos en el nivel superior. —Pensó en soltar un par de balazos en dirección a las fuerzas rebeldes, pero la condenada voz de Rackham continuaba saliendo de todas partes, ¿quien podía decir donde terminaría la bala realmente?

Lo seguían pocos soldados, en su mayoría bastante malheridos, pero de arriba venían bajando mas refuerzos, si Rackham se creía que estaban vencidos se equivocaba, nunca había estado esta base mejor defendida. Miró a su alrededor sus hombres tenían los ojos dilatados y respiraban aceleradamente con la boca abierta, estaban aterrorizados, no dudó que él mismo tuviera un gesto similar. ¡Maldita la hora en que había decidido liderar la defensa él mismo!

—Cambien su balas, vuelvan a los proyectiles normales nuevamente. —Intentó imponer algo de sosiego a su voz, pero con poco éxito, su tono de voz no era el ideal para el comando de tropas.— Asuman posiciones de defensa y prepárense para el asalto.

Los refuerzos del piso superior asumieron sus posiciones, los soldados sobrevivientes de la masacre del piso inferior, en su mayoría simplemente se retiraban a curar sus heridas, y los pocos que estaban en pie se dedicaban a ayudarlos.

El Almirante Gomez venía detrás de los refuerzos y se apresuró a llegar donde estaba Fernandez.

—¿Qué demonios pasó aquí?

—Precisamente, el demonio, ese Rackham hizo alguna clase de truco, estábamos usando las balas especiales para seguir su voz, y de pronto su voz salía de todos lados, fue un infierno.

La piel del cuello de Gomez se erizó solo de escuchar la historia.

—Deberías retirarte de aquí, dejármelo a mi, no estás en condiciones de seguir combatiendo. —Le dijo a pesar de que él mismo también estaba muy asustado.

—De ninguna manera, ¿te imaginas lo que eso haría en la moral de los hombres?

—¿Te imaginas lo que haría en su moral si el Gran Almirante muere en una lucha en mitad de un corredor?

—¡Maldición Gomez!…

Pero el Gran Almirante no pudo continuar pues la voz de Rackham que hasta entonces había continuado repitiéndose de pronto se calló y luego dijo justo a sus espaldas:

—Atención Almirantes de la Inquisición. —El tono de absoluta confidencia de Rackham era tan chocante.— En estos momentos estoy apuntándolos a ambos con una pistola en la base de sus cuellos.

Fernandez apenas torció un poco su mirada, en efecto había un extraño borrón de luz a su espalda ¿aquello era Rackham? Lo peor de todo el asunto es que en el rincón en donde Gomez y él se habían ocultado del fuego enemigo, también estaban bien defendido del fuego de sus propios soldados, así que las esperanzas de que alguno de ellos los ayudara eran nulas.

—Si desean conservar la vida. —Continuó Louis.— Ordenarán a todos sus hombres abandonar esta base.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Miercoles 11 de Junio 2014

 

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo.

Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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