Allí donde antes hubo una nube de corbetas enemigas, ahora flotaban carcasas y ruinas, muchas habían escapado, otras se habían rendido.
—Pelearon de forma desorganizada y sin ningún liderazgo aparente, ¿qué tipo de gente es esta? —A pesar de que la batalla había terminado la imagen de Waldemar a través del holograma todavía se veía alerta.
—Creo que la intención de este ataque era ponernos a prueba, descubrir que clase de capacidad de respuesta y organización tenemos. —Allan continuaba un poco sombrío, pero la batalla parecía haber vuelto a levantar su animo.— De cualquier modo no creo que esta flota que acabamos de derrotar sea ni el uno por ciento de sus fuerzas.
—Ni tampoco pienso que sea la mas representativa de su capacidad tecnológica. —Louis se sentaba a la mesa en la base de Ciudad Sagan acompañado de una serie de hologramas.— Pienso que lo que hemos combatido hoy no fueron mas que los fanáticos religiosos mas extremos.
—Ustedes Caballeros hacen un terrible trabajo en levantarnos la moral. —El holograma de Sheila se sentaba en el otro extremo de la mesa.— Hoy hemos combatido como los mejores, las herramientas y armas que tú Louis nos has proporcionado nos han permitido luchar como nunca antes, pero hoy viendo a las naves de la Inquisición he estado recordando lo novatos que eramos cuando los combatíamos a ellos; mucha aguan ha corrido bajo el río, y la habilidad y coordinación que hemos demostrado hoy es la mejor prueba, incluso las fuerzas de los Inquisidores han hecho un trabajo excepcional aunque no me guste admitirlo.
En medio de la habitación apareció el holograma del Gran Almirante de la Inquisición Alberto Fernandez.
—Me agrada que lo reconozca Señora D’Aramitz…
—¿Cómo se supone que aparece usted aquí? —Rackham no se lo podía creer.
—Ustedes utilizan instalaciones de la Inquisición y piensan que no podemos hackear una simple conversación? ¡Por favor! Nos subestiman.
—Por alguna razón había olvidado la habilidad que la Inquisición tiene para subvertir las comunicaciones. —Los ojos de Louis se desviaron momentáneamente en la dirección donde Diana se encontraba.— No sé porque tenía la idea de que nuestras comunicaciones eran mas seguras ahora…
Diana no respondió pero su rostro se enrojeció como un tomate.
—Es para mi un agrado demostrarle que no es así, y estoy seguro que nuestro mutuo enemigo tendrá menos dificultades que nosotros en hacer lo mismo. —Fernandez era un sujeto feo y aquello era innegable, pero había cierta elegancia en la forma en que se paseaba alrededor de la mesa.— El Capitan Waldemar mencionaba la aparente falta de liderazgo entre nuestros enemigos, pero déjeme asegurarle, ellos intentaron coordinarse, solo que nosotros no se lo permitimos.
—¿Ustedes estaban interrumpiendo las comunicaciones de los Terranos? —El holograma mostraba los cabellos de Sheila flotando en la gravedad cero, demostrando que su presencia en aquel lugar no era real.
—Mis subordinados me informan que fue difícil, pero como ha quedado en evidencia, no imposible.
—Eso es excelente Gran Almirante, le estamos muy agradecidos. —Louis nunca se imaginó que aquellas palabras saldrían de su boca.
—Muchas gracias Señor Rackham. —El Gran Almirante realizó un pequeña reverencia.— Pero el punto al que deseo llegar es que nosotros también necesitamos una mejor coordinación entre nuestras fuerzas, ¿por qué no se me invitó a esta reunión? ¿Por qué no hay una silla para mi en esta mesa? ¿Cómo se supone que iba a enterarme de su evaluación de la batalla? ¿Somos aliados en esta guerra o no lo somos?…
—Usted debe entender que hay ciertas heridas que todavía siguen abiertas. —Rackham pretendió interrumpirlo, pero Fernandez no tendría nada de aquello.
—Muy bien, eso lo puedo entender, es difícil, muy difícil para nosotros trabajar juntos, pero ¿entienden ustedes que si esperamos a que esas heridas se cierren estaremos muertos? ¿Ustedes creen que es fácil para nosotros verlos jugar con tecnologías que han sido un tabú por generaciones? Pero nuestros enemigos no esperarán a que confiemos los unos en los otros poco a poco, por el contrario, utilizarán cada onza de desconfianza a su favor. Pero divago nuevamente, a donde quiero llegar es que necesitamos formar un comando unificado, ninguno de ustedes estará dispuesto a servir bajo mis ordenes, eso está claro, pero nosotros estamos dispuestos a al menos coordinar con usted Louis.
Hubo un silencio de muerte por un par de segundos que se hicieron eternos.
Mas poder para Louis Rackham. Ese era el pensamiento que corría en la mente de todos los presentes, incluso el propio Louis. Nadie dijo nada, ni transmitió el mínimo pensamiento subconsciente, pero hubieron varios resoplidos y suspiros mas que fueron mas que elocuentes.
—Creo que todos estamos de acuerdo que eso sería demasiado poder para mi, debo recordar al Gran Almirante que soy un hombre falible y que la responsabilidad de coordinar las dos flotas es exagerada, propongo en cambio un concilio de Almirantes en términos de igualdad, si por alguna razón son incapaces de llegar a una decisión con la rapidez necesaria, intervendré, pero nada mas, ¿estamos de acuerdo?
—De acuerdo. —Admitió Sheila claramente aliviada.
—Excelente decisión Señor Rackham. —El Gran Almirante parecía dispuesto a obedecer cualquier orden de Louis sin importar cual fuese.— ¿He de suponer que estoy en presencia de los miembros del concilio del lado de Júpiter?
—Así es. —Louis se puso de pie y los fue nombrado.— La Almirante Sheila D’Aramitz, El Capitán Waldemar Sanchez, El Capitán Allan Lee, y la Capitana Violeta Medina.
—Nombraremos a los miembros de nuestro lado del concilio en breve.
Ana Rosa había insistido en ser llevada a Júpiter, si bien la gran mayoría de los civiles se habían quedado en Marte, ella era una de las últimas nobles de las otrora orgullosas Casas Marcianas y había podido ejercer algo de presión sobre los Almirantes, a pesar de ser demasiado joven para ejercer un poder real, la muchacha se las había ingeniado para formar parte de la gran flota de naves y ciudades que salió de Marte a apoyar la defensa de Júpiter.
—La gente del Sistema Solar exterior quizá estén descarriadas en su uso de la tecnología, pero continúan formando parte de la humanidad, no podemos abandonarlos a su suerte, estoy muy contenta de que hayamos venido en su ayuda. —La jovencita peinaba los cabellos de una muñeca con rulos tan rubios como los suyos, la muñeca no parecía contenta.
—Me alegra que pienses de esa manera mi niña. —Bonafide bebió otro sorbo de su té y dejó escapar un largo suspiro.— Pero me temo que estás totalmente equivocada, No hemos venido a Júpiter a defender a los Jovianos, hemos venido aquí porque es la mejor oportunidad que tenemos de derrotar al ejército de la Tierra, es por nuestra propia conveniencia ¿lo entiendes?
—Claro que lo entiendo Bonafide. —La muchacha también dejó escapar un suspiro.— Pero todavía soy una niña ¿sabes? Me gustaría que me dejaras en paz con mis ilusiones de heroísmo, bondad y pureza.
El Almirante pasó su mano por el hermoso cabello de la jovencita mientras contenía una mueca de descontento en sus labios.
—Ya quisiera yo mi niña, pero lamentablemente eres una Dama de Marte y en las presentes condiciones tu niñez se verá acortada nos guste o no. —Tomó su taza y caminó hasta una ventana.— Nos aliamos con Júpiter, porque es el menor de los males ¿lo entiendes?
La joven asintió en silencio, dejó a la muñeca sobre la banqueta en donde esta procedió a despeinarse los cabellos nuevamente, Ana Rosa también se arrimó hasta la ventana, a través de ella podía verse a Júpiter fulgurar con un brillo hermoso y terrible.
—Cuéntame todo lo que una Dama de Marte debe saber.
Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 13 de octubre 2014
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