Los Cielos de Júpiter: Grandes Cambios

En la atmósfera de Júpiter los reactores de fusión hacían un ruido infernal intentando tragar la última bocanada de hidrógeno que tomaría la nave de batalla antes del combate, pero a medida que la Supremo Conocimiento iba saliendo al espacio, las turbinas se iban volviendo mas calladas, para cuando la nave finalmente entró en órbita los reactores ya se encontraban en el vacío y silencio mas absolutos.

Los gritos de Sheila sin embargo conseguían escucharse a todo lo largo de la gigantesca nave.

—¡Quiero cuatro grupos de cruceros y destructores flanqueando esta nave! A babor y estribor, arriba y abajo.

El enemigo todavía estaba demasiado lejos para ser visible a simple vista, solo podía ver un borrón mas adelante, una nube de pequeños insectos, pero la Almirante podía ve en sus instrumentos que cada uno de aquellos insectos poseía una picadura mortal.

—El enemigo lanza una oleada de misiles, Señora. —Ariadna la advirtió.

—No pierden tiempo, pero les servirá de bien poco. —Murmuró para si misma, pero luego exclamó.— ¡Pulvericen los misiles antes de que tengan ninguna oportunidad de hacer daño!

Cuanto habían cambiado las cosas, poco tiempo atrás era ella la que combatía colosales naves a bordo de una pequeña corbeta como las que ahora combatía desde el puente de la gigantesca Supremo Conocimiento. Pero el mayor cambio no era ese. Su vista se movió al otro extremo de la batalla en donde las naves de la Inquisición se formaban para intentar un movimiento de pinzas en torno a su mutuo enemigo. Aquellos contra los que peleaba hace unos meses ahora eran sus aliados, y los Terranos de los que no había sabido nada por mas de quince años, ahora eran sus enemigos a muerte.

Los cañones de las naves disparaban silenciosos, pero las vibraciones de cada disparo se iban acumulando uno tras otro, hasta llegar al punto que toda la nave vibraba en una suerte de perpetuo cosquilleo.

—Almirante, el enemigo se aproxima hacia nosotros a una velocidad asombrosa. —Ariadna se quedó sin aliento al leer los números que le mostraban sus instrumentos de detección.— No tengo ideo como es que los cascos de las naves pueden resistir semejante aceleración.

—¿Los cascos de las naves? Pues no están resistiendo muy bien, solo observa mas de cerca. —Sheila amplió la proyección holográfica ella misma para que Ariadna pudiera ver como muchas de aquellas naves ya habían recibido daños al moverse con aquellas aceleraciones.— Pero eso es lo de menos, la gran pregunta es ¿cómo resisten las personas que viajan en el interior de esas naves? —La D’Aramitz tuvo uno breve visión de fanáticos escupiendo las vísceras mientras que al mismo tiempo cantaban alabanzas a su amado y sagrado Profeta.— Aunque creo que prefiero no saber.

—¿Vamos a dejar que sigan aproximándose? —Ariadna cambió el tema de conversación.

—Rackham los quiere cerca de la atmósfera del planeta, ha sido muy claro con eso.

—Pues creo que va a estar difícil, no vienen por nosotros, están desviándose hacia Deimos.

Sheila se dio cuenta que los Almirantes de la Inquisición eran realmente admirables (una idea que no se le hubiese ocurrido seis meses atrás) habían posicionado sus flotas de manera tal que Deimos les sirviera de carnada mientras el enemigo se metiera entre las flotas de Marte y de Júpiter como un bocado entre dos mandíbulas.

—Nos guste o no tenemos que seguir el plan de la Inquisición, ¡comiencen intercepción del enemigo!

Ariadna miró a la Almirante por un segundo de mas antes de obedecer en completo silencio.

—¿Cual es tu historia con la Inquisición? —Sheila no necesitaba ser adivina para saber que había una historia.— ¿Por qué los odias tanto?

—Mi hermano era Profesor en la Universidad de Ganímedes…

La D’Aramitz no preguntó mas, no necesitaba preguntar mas, de todos los Profesores de aquella prestigiosa Universidad solo conocía a dos que habían sobrevivido, Pasternack y Carter, de los demás ni siquiera había escuchado historias y prefería no escucharlas.

—El daño que esta gente causó a nuestras familias, a nuestros conciudadanos… Es terrible, lo sé, pero detente a pensar por un instante, ahora tenemos otras familias, nuevos amigos, y esa misma Inquisición que nos hizo tanto daño ha venido a ayudarnos a defendernos de una horda de fanáticos mucho peores de lo que ellos nunca podrían ser, te aseguro, estamos mucho mejor con los Inquisidores como aliados. —Sheila sabía que la muchacha posiblemente había escuchado aquel discurso un millón de veces, pero sintió que tenía que repetirlo.

—Yo lo sé mi Señora. —Respondió Ariadna finalmente después de unos eternos instantes de silencio.— Pero solo quiero estar segura de que usted no se engaña, ¿se da cuenta que ellos no nos están ayudando porque son buenos y nobles ¿verdad? Lo hacen para salvar su propio pellejo, no por nosotros, están de nuestro lado porque están menos asustados de Rackham que del otro Profeta, nada mas, ellos no tienen ninguna buena intención.

—Puedes estar tranquila, eso lo entendí hace mucho tiempo.

La Almirante pensó que en cierta forma ella también era como los Inquisidores, estaba del lado de Rackham porque le tenía menos miedo que a los fanáticos de la Tierra; pero no cabía duda que cada vez que Louis proponía uno de sus nuevos planes o anunciaba una de sus nuevas ideas, había una sensación fría que subía por su espalda.

—Mi Señora, estamos entrando en el rango de ataque del arma especial de los terranos.

—Todo mundo, preparados para el impacto. —Sheila revisaba sus propios correajes al tiempo que daba la orden, recordando los traumáticos momentos que vivió la última vez que se enfrentó a aquella arma.

En efecto un instante después los instrumentos mostraban como una extraña onda escapaba a una velocidad pasmosa de la nube de corbetas enemigas, la colosal nave se sacudió con el impacto.

Sheila abrió los ojos y miró en todas direcciones, todo parecía estar en orden, pero esperó la corroboración de la Segunda de a bordo.

—¿Y bien? —Le Preguntó a Ariadna.— ¿Aguantamos el golpe?

Los ojos de la chica brincaban de un instrumento al otro rápidamente revisando todos los indicadores.

—Todos nuestros sistemas siguen funcionando con normalidad. —Se permitió anunciar finalmente.

—Bendito sean Louis y sus inventos… —Se le escapó a Sheila de los labios casi como un suspiro, el nuevo «campo de fuerza» había funcionado. Ahora solo tenían que machacar al enemigo, sus ojos regresaron a la proyección holográfica en donde observó como la nube de enemigos intenta dispersarse y escurrirse.— ¡El enemigo intenta escapar! No lo permitan ¡Fuego a discreción!

Las flotas de Júpiter y de Marte comenzaron a vomitar misiles en contra del enemigo que pretendía escapar.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Viernes 9 de octubre 2014

 

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo.

Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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