El crucero navegaba por un mar de cañonazos, por delante iba defendiéndolo las fragatas de Sheila, Waldemar, Allan, Violeta y Perceval; pero el crucero era demasiado masivo para evadir los disparos con la misma efectividad y las balas comenzaban a encajarse en el casco.
Cada nuevo disparo que golpeaba hacía que el enorme crucero se sacudiera, pero afortunadamente la masa de la nave y la habilidad al timón de Diana permitían mantener la ruta estable.
—Los nanites están reparando los disparos que recibimos, pero no aguantarán por mucho tiempo. —Meyers estaba preocupado y temblaba un poco con cada golpe.
—¿Han conseguido ubicar a Louis? —Diana tenía otras preocupaciones.
—Se está abriendo una de las compuertas de atraque. —Señaló el Profesor Pasternack, sin embargo no se vio salir ninguna nave.— Acabamos de perder quince toneladas, ¿adivinas cómo?
—¿Rackham creó un caza invisible? —Meyers estaba algo sorprendido pero casi de inmediato meneó la cabeza.— Esa idea también me la robó.
—Tú le dijiste que podía usarla. —Explicó Pasternack.
—Louis ¿puedes escucharme? ¿Te gustaría explicarnos tu plan?
—Es bastante simple, destruir mas naves de la Inquisición mientras pueda mantenerme invisible, pero debo dejar de transmitir, si ellos detectan mis comunicaciones será bastante inútil cualquier intento que haga.
Las flotas Rebelde e Inquisidora estaban cada vez mas cerca, pero el pequeño y ágil caza de Louis todavía podía navegar con cierta facilidad entre el masivo intercambio de disparos. Rápidamente estuvo cerca de un destructor enemigo y con una ráfaga de disparos le destruyó el propulsor de maniobra en uno de los costados.
A bordo de aquel destructor los Oficiales notaron la falla en sus controles de inmediato, pero no pudieron ubicar la fuente del daño, hasta que escucharon una voz familiar en una frecuencia libre aunque de reducida difusión, solo podía ser detectada a corta distancia:
—Capitán, le habla Louis Rackham, le doy la oportunidad de rendirse.
Pero la única respuesta que recibió fue la visión de los cañones del Destructor ajustándose para disparar en la dirección en que había salido la dirección, pero cuando hicieron los disparos Louis ya no estaba allí. Ubicándose en la dirección hacia la que el Destructor tenía dificultades para maniobrar Rackham desactivó la invisibilidad de su caza.
—Atención caballeros de la Inquisición, soy Louis Rackham a bordo de este pequeño y débil caza, podrían terminar la guerra si consiguen destruirme habrán terminado con esta batalla y muy posiblemente con la Rebelión de Júpiter.
Antes de que el Gran Almirante Fernandez pudiera advertir a sus tropas de la evidente trampa, buena parte de la flota Inquisidora estaba cambiando sus blancos hacia el pequeño caza, pero evidentemente Louis ya se había movido para cuando los cañonazos llegaron, en su lugar fue el propio destructor de la Inquisición el que incapaz de maniobrar apropiadamente recibió todo el daño.
—¡Ignoren a Rackham! —La voz chillona de Fernandez llenó todos los canales de la Inquisición.— No tenemos ni idea si es realmente él, pero lo que debemos hacer en estos momentos es reventar ese condenado crucero.
Pero Louis no era alguien que pudiera ignorarse fácilmente, la pequeña nave aparecía y desaparecía continuamente entre la flota de la Inquisición un disparo aquí, un disparo allá, sembrando el caos y dándole a Sheila precisamente lo que necesitaba, tiempo.
Rackham se enfocaba sobre las naves que tenían mas posibilidades de dañar a las naves Rebeldes, las que estaban mas al frente de la formación. Precisamente en aquel punto se habían reunido una docena de cruceros enemigos en una formación muy cerrada, no solo poseían un montón de sensores que por mera probabilidad estadística terminarían por descubrirlo si se acercaba demasiado, si no que también fácilmente podían desviar una media docena de cañones de su objetivo principal para dañar a su caza sin que eso menguara en mucho el poder de su ataque principal.
Louis volaba invisible y silencioso alrededor de los cruceros enemigos cuando la oportunidad se le presentó, Waldemar quien aún conservaba algunos de los misiles que se convertían en una nube de polvo lanzó una ronda de estos para enceguecer a las tripulaciones de los cruceros Inquisidores. Rackham brincó a la ocasión metiéndose por el medio de la nube de gases y sin perder ni un momento descargó disparo tras disparo contra los reactores de uno de los cruceros que iba en el centro. Louis salió rápidamente de aquel lugar, pero el crucero enemigo comenzó a tambalearse y a perder fuerza casi de inmediato, adivinando lo que había ocurrido Sheila ordenó a la flota consentrar su fuego sobre aquel preciso crucero enemigo, pocos segundos después este estalló en mil pedazos causando estragos entre sus compañeros de formación.
La fragata de la Almirante D’Aramitz había sido duramente golpeada, pero ella sabía que se recuperaría eventualmente, la nave no estaba herida de muerte, a diferencia de muchas naves de sus compañeros. Sheila miró la representación holográfica, apenas quedaban una ochocientas naves enteras, el resto había sido destruido o había caído durante la batalla; la formación de espina que se suponía debería simular un puntiagudo cono mas bien parecía un tocón retorcido y quemado. Pero lo habían conseguido, las naves Rebeldes habían abierto un boquete entre las filas enemigas y atravesaban su formación a plena potencia.
Las naves de la Inquisición también habían sido golpeadas terriblemente, pero su número continuaba siendo enorme, mas de nueve mil naves de todo tipo que continuaban disparando a los Rebeldes con desesperación. Algunos habían intentado ignorar a la «nave fantasma» de Rackham (así la estaban llamando) pero quienes así lo hacían pagaban muy caro pues la nave se les aparecía causándoles graves daños.
Habiendo abierto la formación de la Inquisición lo único que necesitaban los Rebeldes era ganar distancia para dejar los cañones enemigos fuera de rango.
—¡No permitan que los Rebeldes escapen! —Gritó el Gran Almirante, su voz dejando prácticamente sordos a todos quienes lo escuchaban.— Lancen los drones, no permitan que salgan de nuestro rango de ataque.
Pero ya libres del mortal abrazo enemigo Sheila también podía dar permiso para que sus cazas salieran a defender.
—Enfoquense en los drones, y manténganse cerca de nuestra flota. —Les advirtió la D’Aramitz a sus pilotos.
Rackham por otro lado retornó al hangar del crucero y se dio un momento para respirar profundamente.
—Ahora sí estamos ganando. —Susurró en la oscuridad a nadie en particular.

