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Los Cielos de Júpiter: Brindemos por los Caídos

Tres cruceros eran los únicos sobrevivientes de la otrora orgullosa flota venida desde la Tierra, pero sentado en medio del puente de su pequeña fragata, Perceval observaba aquellos tres cruceros como una hormiga que mira a tres elefantes.

—¿Cual es nuestro estatus? —Podía ver los números claramente en sus instrumentos, pero se obligaba a revisar con su Segundo para estar absolutamente seguro.

—Capitán nuestro casco está intacto, pero estamos corriendo bajo en misiles, torpedos y proyectores holográficos.

—Números Maurice, —Perceval corrigió a su ayudante.— Si te pregunto es para que me des los números exactos, no te estoy pidiendo un estimado.

—Lo siento Capitán, tenemos 16 Misiles, 48 Torpedos, y solo tres proyectores holográficos.

—Excelente, quiero decir tu reporte, no nuestra situación.

Perceval volvió a mirar la batalla y se daba cuenta que esta moría lentamente, había sido una total masacre sobre el enemigo pero a pesar de todo aún continuaban con tres poderosos cruceros en dirección a las Ciudades de Júpiter, pero eran atacados cada vez por menos naves, Perceval no tenía los números de las otras naves, y tampoco podía comunicarse con ellas, pero era clara la situación en la que estaban:

—Si nosotros hemos llegado a este punto es de imaginar que las corbetas deben estar mucho peor, y las otras fragatas deben estar prácticamente en la misma situación que nosotros. —Perceval había visto las grabaciones de la batalla que Waldemar, Allan y Violeta habían realizado contra esta misma flota enemiga.— Intentemos imitar un poco al Capitán Waldemar, ese viejo lobo del vacío conoce algunos buenos trucos, pero seamos mas precavidos, llevamos con nosotros una carga preciosa.

—¿Qué es lo que quiere que hagamos mi Capitán?

—Vamos a intentar coordinarnos sin comunicarnos entre nosotros, advierta a artillería que no disparen hasta que yo no de la orden.

—Sí Señor.

Mientras Maurice organizaba a los artilleros Perceval devolvía su atención a la batalla. Al igual que el enemigo estaba incapacitado de ver a las naves a causa del camuflaje óptico, las fragatas tampoco podían observarse entre si, como tampoco comunicarse.

Pero en cuanto el Capitán percibió el leve destello de un ataque de una fragata en el otro extremo de la formación enemiga supo que esa era su oportunidad y comenzó a cronometrar.

—Atención tripulación, preparados, tenemos aproximadamente cuarenta y cinco segundos, vamos a atacar con una volea de torpedos, concentrada en las toberas del crucero mas cercano a nosotros. Si no podemos retrasarlos, al menos que les cueste maniobrar. —Perceval se limpió el inexistente sudor de su frente.— Quiero que disparen sin lanzar los hologramas, pero tienen que apartarnos de inmediato del fuego de los cañones enemigos, ¿entendido?

—Sí Señor.

—Diez segundos… —Perceval tenía los ojos fijos en el contador, el puente esperaba sus órdenes en el silencio mas absoluto.— ¡Fuego!

La fragata se sacudió con la andanada de torpedos que salía, lo que acentuó la maniobra de evasión que siguió al disparo. El fuego enemigo pasó cerca pero nada de qué asustarse, el crucero en cambio poco podía hacer para evadir los rápidos proyectiles que se estrellaron de lleno en las toberas que daban dirección a la propulsión de la nave. Destruidas estas la maniobrabilidad del aparato quedaba bastante reducida.

La algarabía cundió en el Puente del Capitán Perceval y en el resto de la nave si el ruido que se escuchaba por comunicaciones podía creerse.

Sin embargo el desarrollo de la situación a continuación los dejaría sin habla.

El crucero al que acababan de atinar comenzó a escorar hacia sus compañeros de formación, estos casi de inmediato se alinearon y descargaron todas sus armas sobre el aliado reduciéndolo a polvo y cenizas en un parpadeo.

—¿Qué se supone que fue eso? —Perceval estaba atónito.

—No entiendo ¿por qué hicieron eso? —Maurice estaba tan perplejo como su Capitán.— ¿Por qué no se apartaron sencillamente? Tenían el tiempo para maniobrar.

Todos en el puente intercambiaron miradas unos con otros, extrañados y también asqueados de descubrir la clase de gente contra la que combatían.

—Concentrémonos caballeros, siete segundos, misma maniobra…

Pero Perceval no pudo terminar su orden, los dos cruceros de la Tierra que acababan de coordinarse para atacar al otro, ahora comenzaban a dispararse entre si con cuantas armas tenían a la mano.

—¿Pero qué?…

Las naves se habían destrozado mutuamente sin ninguna intervención de las naves Jovianas, sus carcasas flotaban sin rumbo en el espacio.

—¿Puede alguien explicar lo que acabamos de ver?

Como complaciendo la petición de Perceval, el holograma de la batalla fue reemplazado por una proyección de Louis Rackham.

—Felicitaciones a todos los valientes guerreros de Júpiter que una vez mas han conseguido defender nuestras órbitas. Si ustedes como muchos de nosotros se pregunta ¿por que razón nuestros enemigos decidieron rematarse entre si, no puedo estar cien por ciento seguro de la razón, pero sospecho que se debe a que no desean dejar ocultar la naturaleza de su tecnología. ¿No nos hizo la Inquisición algo similar una y otra vez? A esta hora no debería extrañarnos. Por el momento, regresen a casa señores. tenemos razones para celebrar. Júpiter continúa siendo libre, ¡Iupitter Optimus Máximus!

Viendo los cadáveres de sus enemigos flotar en el vacío, Perceval no sabía si tendría animos para una celebración, pero Maurice se le acercó con una bebida en cada mano.

—Estamos vivos, aunque sea por un día mas, muchos de nuestros aliados no pueden decir lo mismo, por la vida y por nuestros aliados caídos.

—Y por nuestros enemigos también Maurice, por nuestros enemigos también.

Perceval chupó del frasquito, poco elegante para el momento quizá, pero la ingravidez dejaba podo espacio para la elegancia.

Una comunicación urgente parpadeaba rápidamente en su consola.

—¿Cómo se encuentra Sheila? —Preguntó sin mucho protocolo el Capitán Allan en cuanto Perceval le dió entrada a la comunicación.

—Ella y su hija Alanis se encuentran muy bien Capitán, permítame ser el primero en felicitarlo, es usted el padre de una hermosa niña.

—¿En verdad? —El holograma de Allan mostraba que en verdad no sabía si reír o llorar.

—Ya nos dirigimos de regreso a Ciudad Sagan en donde podrán encontrarse.

—No, para nada, ya estamos casi sobre ustedes, desactiven su camuflaje óptico para que podamos acoplar las naves.

—Por supuesto Señor.

Perceval le hizo un gesto con la cabeza a Maurice quien procedió a desactivar el dispositivo de encubrimiento.

Entre los restos de las naves enemigas se reactivaron una serie de misiles que se estrellaron de inmediato hacia la nave que acababa de aparecer.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Miercoles 24 de Septiembre 2014

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