Finalmente llegamos al episodio que muchos estábamos esperando, curiosamente resultó mucho menos movido de lo que esperábamos, y mucho más filosófico, pero eso sí lo esperábamos.
Nuestros protagonistas están explorando una fábrica de robots que «espontáneamente» ha creado un robot de alto nivel. Por si fuera poco el robot se ha activado solo y ha escapado de la fábrica. Por supuesto aquello disparó todas las alarmas.

Pero este episodio está lleno de sorpresas y nada será como lo esperamos
Mientras el jefe Aramaki y la Mayor están investigando directo en la fábrica, Batou está en el perímetro intentando atrapar al robot antes de que escape.
La robot termina en manos de la Sección 9 de la forma más inesperada, lo más curioso es que cuando intentan analizarla descubren lo que pareciera ser un «fantasma» en el interior de su cerebro. ¿Cómo es posible que esta robot tenga un alma?
Cuando están intentando averiguarlo, se aparece un representante del Ministerio de Asuntos Exteriores. Quien clama que aquel robot es de su propiedad, Al ver la firma del Ministro, Aramaki sabe que no puede hacer nada, sin embargo intenta sacarle toda la información que puede a aquel sujeto.
Lo más curioso (de nuevo en este episodio nada es como lo esperamos) es que el agente del Ministerio del Interior lo suelta todo de golpe…
En el cerebro de aquel robot se encuentra nada más y nada menos que el «Puppet Master», el hacker que la Sección 9 lleva tiempo intentando atrapar.
Al pobre Aramaki casi se le sale un ojo de la impresión…
Pero cuando creíamos que todo era muy extraño, resulta que la robot comienza a hablar y solicita sus derechos como una criatura viviente. Aduce que ha sido atrapada en aquel cuerpo y que dado que Japón no tiene pena de muerte, puede esperar eternamente en aquel cuerpo hasta que la liberen.
Ya aquí nos encontramos con un fascinante elemento filosófico. Pero estamos lejos de terminar.
De pronto alguien portando un traje de camuflaje óptico entra en la habitación golpea a Aramaki, evita que la Puppet Master continúe hablando, y se la lleva saltando por la ventana.
Pero la mayor está dos pasos por delante en aquel ajedrez de 5 dimensiones, y ya ha puesto rastreadores a la robot, y los agentes del Ministerio del Exterior. Y como era de adivinarse, ellos están involucrados en el secuestro de la robot.
Evidentemente la Sección 9 no se va a quedar con aquello, y se lanzan a intentar recuperar lo poco que ha quedado con vida de la Puppet Master. Pero de nuevo, en este episodio nada es como lo esperamos.
Batou y la Mayor consiguen interceptar el auto en donde están llevando a la robot, pero en cuanto se ven atrapados los agentes activan una bomba para destruir aquel cuerpo.
Los miembros de la Sección 9 se lanzan a intentar salvar aquel «fantasma».
Las escenas que ocurren a continuación no pueden ser descritas, deben ser disfrutadas.
Pero antes de terminar una reflexión, Hollywood se armó una extensa película basada en esta misma historia, y NO consiguió capturar su esencia. En cambio, Science Saru, con un episodio de una media hora, consiguió hacernos pensar y reflexionar en una multitud de ideas maravillosas.
¿La diferencia? ¡Respeto a su audiencia!