Habían invitado a Louis a una multitud de programas de holovisión, la controversia estaba servida y era evidente que Louis tendría que dar muchas explicaciones no solo a Sheila si no a toda la población de las órbitas de Júpiter, así que decidió aceptar una de aquellas invitaciones.
—Bienvenido nuevamente a nuestro programa Louis.
—El placer es mío Amelia.
—¿Qué hay de cierto en las declaraciones de Armando Ramsey, ¿La Inquisición invadió Júpiter a causa de tus investigaciones? ¿Eres tú el culpable de estos desastrosos quince años?
—Es evidente que no, ¿o es que acaso hemos olvidado la vida que teníamos en Júpiter antes de la llegada de la Inquisición? El uso de cerebros clonados para realizar tareas de computación era de lo mas corriente, habían plantas de clonación por todas partes, los Inquisidores cerraron esas plantas y requisaron casi todos los cerebros artificiales que teníamos, ¿es que soy el único que recuerda lo que le hizo a nuestra economía el volver a los chips de silicio? —Louis intentaba disimular su disgusto detrás de una sonrisa, pero a leguas se veía que era falsa, en sus ojos ardía una furia fría.
—Algo que me parece gracioso de las declaraciones de Armando es que él no tenía un programa de televisión mientras la Inquisición controlaba las comunicaciones, y sin embargo ahora dispone de plena libertad para criticar y denigrar de la persona que precisamente le devolvió esas libertades. Dado que eres tú quien está en control de los satélites que comunican todo Júpiter, ¿has pensado en censurar a Armando? —Amelia tenía una sonrisa cómplice.
—Ha sido una idea bastante tentadora, no te lo niego, pero entonces me habría convertido en una copia de la Inquisición y no quiero ir por ese camino, mi intención es entregar el control de esos satélites a la gente de Júpiter lo mas pronto posible para evitar esas tentaciones. —En esta ocasión la sonrisa de Louis fue mucho mas sincera.— Y ahora que hablas de la censura de la Inquisición eso me recuerda que también cerraron todas las Universidades de Júpiter, ¿por qué lo hicieron? Si ellos temían por el desarrollo tecnológico de Júpiter, ¿por qué no modularlo de otra manera? ¿Era necesario cerrar todas las Universidades? ¿Todas las carreras?
—Exacto, yo recuerdo cuando cerraron la escuela de periodismo y yo simplemente no entendía… —Pero en esta ocasión fue Amelia quien se puso seria.— Pero aunque es evidente que la única razón que tuvo la Inquisición no fueron tus investigaciones; ¿piensas tú que tal vez fueron la razón principal? Digamos ¿la gota que derramó el vaso?
Rackham se enderezó en su asiento, la periodista lo había agarrado con la guardia baja.
—No niego que la investigación de un motor hiperlumínico es controversial, pero dudo mucho que la Inquisición movilizara la flota que nos invadió por mas de quince años por el proyecto de grado incompleto de un muchachito de Júpiter como era yo en esa época…
—Y sin embargo fue precisamente ese muchachito quien les pateó el trasero y los regresó a Marte ¿no?
—Estos quince años me han enseñado mucho.
En las profundidades de la base de Calisto los tres profesores, Pasternack, Meyers y Carter discuten a la luz del holograma del diseño del motor hiperlumínico.
—¿Usted cree que funcione Profesor Carter? —Meyers se limpió la boca con un pañuelo, la magnificencia del diseño le causaba un montón de emociones encontradas.
—En las simulaciones se supone que funciona, pero…
—Utiliza un montón de tecnología recién desarrollada. —Pasternack era mucho menos optimista.— Funciona en los simuladores porque nuestros limitados conocimientos de estas tecnologías nos dice que debería funcionar, pero la realidad es que poner todas estas tecnologías a funcionar bajo condiciones tan extremas… Dudo que funcione.
—Bueno, si estuviésemos 100% seguros de cualquiera de las dos posibilidades no tendríamos ninguna necesidad de experimentar en primer lugar, de cualquier modo, si funciona o no, obtendremos datos magníficos que nos permitirán refinar nuestros esfuerzos. —Carter era pragmático.
Entre las calles y avenidas de las ciudades orbitales de Júpiter la celebración continuaba incluso cuando ya habían pasado dos días del regreso de la flota Rebelde. Por supuesto el lugar mas escandaloso y alegre eran los barrios bajos de Sagan en donde la gente no paraba de alabar a Rackham y a sus seguidores y por supuesto no paraban de soñar con el futuro dorado que los esperaba a la vuelta de la esquina…
—¡Ya han pasado dos días! ¿Cuanto tiempo piensa esperar Rackham para reabrir las Universidades? ¡La Inquisición ya no está! ¿Qué es lo que impide que las Universidades vuelvan a abrir mañana?
—Calmado Marquitos, mi amigo, abrir una institución de ese calibre no es cosa fácil, es seguro que durante los próximos días comiencen las primeras labores de reconstrucción, pero para que las Universidades vuelvan a abrir en forma, todavía falta mucho, tienen que reorganizarse, ¿te das cuenta que tras quince años muchos de los Profesores mas viejos están muertos? ¿Verdad?
—Ni me lo recuerdes Iván, esos malditos de la Inquisición mataron a la Profesora Erminia frente a mis ojos…
Willmer no pudo evitar encogerse un poco cuando escuchó aquello de «esos malditos de la Inquisición» por supuesto aquellos parroquianos no tenían ninguna oportunidad de sospechar que él había sido uno de aquellos «malditos de la Inquisición» pero igual no podía evitar ponerse nervioso. Pagó por la comida que finalmente había conseguido que le sirvieran y sin cruzar su vista con nadie se apresuró a salir del local.
Durante las celebraciones la gente se había atracado de comida, y ahora estaba comenzando a escasear, pero ese no era el verdadero problema, si no que los comercios de todo tipo estaban abarrotados de gente a toda hora, los habitantes de Júpiter estaban tirando la casa por la ventana por decirlo de algún modo.
Willmer volvió a encogerse cuando a sus espaldas sonó nuevamente una ronda de fuegos artificiales; se detuvo por un instante para recuperar su aliento e intentar calmarse con algunas respiraciones profundas.
—No estoy hecho para estos misterios. —Susurró para si mismo.
Sus pasos lo llevaron por las calles tortuosas y mal diseñadas de los barrios mas humildes de la ciudad, por todas partes la gente estaba afuera de sus casas cantando, bailando y riendo. Pero después de mucho caminar llegó a la casucha en donde estaba viviendo.
—¿Pudiste conseguirlo todo? —Le preguntó una voz profunda desde el interior cuando cruzó el umbral de la puerta.
—Sí, me costó un poco, pero afortunadamente lo conseguí todo, Gran Almirante Apostolos.

