Diana continuaba inconsolable, aunque Louis había intentado mimarla y distraerla de todas las formas posibles, no podía negarse que lo que había vivido era traumático, volver a encontrarse con el padre que creía muerto de aquel modo para volver a perderlo pocos instantes después no era cosa fácil. Pero después de una larga sesión de llanto finalmente se quedó dormida, Rackham salió silenciosamente de la habitación luego de darlo un beso ligero en el cachete.
—Está pasando por el duelo de la muerte de su padre por segunda vez —le susurró a Sheila quien estaba esperando fuera de la puerta— la primera vez fue terrible, te imaginarás como se siente ahora.
—Ella no sabe eso, quizá su padre sobrevivió, ella misma vio otra cápsula de escape salir, ¿eso no le da esperanza? —Como siempre, Sheila tenía dificultades manteniendo bajo el tono de voz.
Louis la tomó de un brazo y la alejó del cuarto de Diana.
—Ella tiene esperanza y tal vez eso es lo peor, Si Carter sobrevivió ¿por qué no la ha contactado?
—¿Y si fue atrapado nuevamente por la Inquisición?
—Entonces nuestras oportunidades de averiguarlo son muy remotas, tengo gente buscando al Decano por todas partes, pero si volvió a caer en un calabozo de la Inquisición va a estar difícil, pues parece que lo quieren mantener bien oculto.
—Él le dio un mensaje a Diana, creo que era un mensaje para ti, ¿ella no te ha dicho nada?
—Diana tiene dificultades para ser coherente en estos momentos, dudo que pueda transmitir ningún mensaje.
Habían llegado al puente, a través de los ventanales podían ver las nubes de Júpiter pues atravesaban la atmósfera del gigante gaseoso. Louis se maravilló de que la fuerza de los vientos del planeta apenas y afectaban la gran masa del crucero.
—¿Cuales son nuestros niveles de energía? —Preguntó Louis a Allan quien se encontraba al timón de la nave.
—Seguimos casi al máximo y podríamos permanecer aquí abajo por mucho tiempo, pero creo que ya va siendo hora de emerger.
—Enviemos un ala de cazas por delante, la atmósfera de Júpiter nos oculta, pero también oculta a quienes están por encima, y no queremos sorpresas.
—Me encanta que ahora nuestros cazas también puedan atravesar la atmósfera —dijo Sheila enviando ella misma la orden.
—Era una evolución natural de la tecnología, recordemos que la primera nave que volamos en el interior de Júpiter fue el «jet,» lo que me sorprende es la rapidez con la que Pasternak y Meyers están produciendo los cristales transuránicos.
—Lo que los Profesores necesitaban era las herramientas, —Allan sentía un respeto enorme por aquellos dos hombres— es casi un milagro lo que habían conseguido antes.
—Hmmm… —Lo interrumpió Sheila dando un templón a su camisa— mejor no hablemos de milagros. —Miró a Louis pero este se limitó a sonreír.
Los cazas enviaron la señal y el crucero emergió de la atmósfera joviana acompañado de un centenar de pequeñas corbetas. Ante ellos no se veía ninguna luna o estación, sin embargo Louis parecía muy seguro de la dirección, navegaron un rato hacia lo que parecía un rumbo incierto, pero eventualmente se abrió ante ellos un portal en medio de la nada, Sheila y Allan ya habían visto aquel truco antes e intentaron disimular su asombro, pero tuvieron poco éxito, ella estaba con la boca abierta y Allan apenas y podía parpadear.
—Bienvenidos a la ciudad sin nombre amigos. —Rackham los miraba de reojo e intentaba disimular su sonrisa.
Cuando bajaron de la nave solo Alphonse y Genevieve estaban visibles, pero Louis podían sentir que estaban rodeados, había gente allí, gente que no quería ser vista.
—Llegas tarde Louis, —Genevieve se aproximó a saludarlos afectuosamente, intentaba con mucho esfuerzo no mostrarse nerviosa, pero fallaba. Los cabellos de ella y los de Sheila se cruzaron en la ingravidez cuando las mujeres se abrazaron torpemente. —¿Cómo sigue Diana? —Preguntó.
—Estoy aquí —con los ojos enrojecidos pero por lo demás arreglada como si nada sucediera, la hermosa mujer salía flotando por la compuerta.
—¿Te sientes bien? —Susurró Louis en su oído aproximándose y abrazándola.
—Mas o menos, pero no puedo dejarte solo en esta ocasión.
—El tiempo sigue corriendo —puntualizó Alphonse flotando hacia la entrada— nos esperan los Viejos de las Casas de Asesinos, a gente así no se le hace esperar.
Se movieron por diversos corredores y salas de un blanco extraordinario, carente de cualquier adorno o marca, ¿la búsqueda de la anonimidad de los Cera llegaba al punto de no desear mostrar ni siquiera un estilo en su decoración?
Louis se sorprendió de la facilidad con la que Genevieve y Alphonse se movían por aquellos recintos, eventualmente alcanzaron una zona de baja gravedad y comenzaron a caminar a pequeños saltos hasta que llegaron a un elevador, a medida que el aparato descendía iban sintiendo el incremento en la gravedad.
Llevaban un silencio de muerte, todos estaban nerviosos, el ambiente era pesado y grave. Alcanzaron la entrada a la sala en donde los Viejos aguardaban, no se veían guardias, pero Louis sabía que estaban allí, casi podía sentirlos respirando en su cuello; sin embargo nadie les impidió atravesar el umbral. Dentro los Viejos discutían animadamente.
—¿Quiere decir que los rumores son ciertos?… —Una sonrisa bufona no abandonaba el rostro de Raulus Calau.
—No hemos venido aquí a hablar de rumores. —Lo interrumpió Andressa Cera— además, nuestros invitados han llegado, Bienvenidos a la ciudad sin nombre amigos, que nuestra reunión traiga la victoria a la causa de Júpiter.
—Muchas gracias por tu bienvenida Andressa, veo que la belleza de las mujeres de casa Cera continúa en nuestros días a pesar de lo mucho que han intentado ocultarlo —Andressa no pudo ocultar la sonrisa que le provocó el halago de Louis— saludos para los honorables representantes de Casa Minter, Casa Calau, y Casa Cirian, —Louis se inclinó brevemente ante todos ellos y estos les correspondieron.— Saludos también para ti padre.
Louis también se inclinó brevemente ante su padre pero el Viejo Rackham no correspondió el gesto en cambio se cruzó de brazos y no apartó la vista de su hijo ni un momento.
—¿Por qué razón tu padre sigue con vida? —Preguntó Raulus Calau con su inmutable y sardónica sonrisa.
—Si quieres matarme puedes hacerlo tú mismo Calau, haz estado hablando de eso desde que llegaste.
—Yo no quiero matarte, pero si el joven Louis tuvo la oportunidad hace diez años, ¿por qué no la tomó?
—Porque era mi padre. —Respondió Louis.
—Así que le mostraste piedad a tu padre, y in embargo él te odia, por ese odio te ha negado los recursos que te hubiesen servido para liberar a Júpiter, y por diez años los habitantes de Jupiter han sufrido a la Inquisición, si tu justicia hubiese sido mas eficiente, ¿donde estaríamos ahora?
—Pero Raulus, tú hablas como si toda la responsabilidad de liberar a Júpiter recayera sobre mis hombros, pero les recuerdo a todos ustedes que las casas de asesinos existen por una clara razón.
—No pongas palabras en mi boca, yo solo destacaba un punto, si hubieses actuado correctamente cuando tuviste la oportunidad hubieses ahorrado mucho sufrimiento.
—Suficiente, dejemos el pasado en el pasado y concentrémonos en el presente. —Interrumpió Andressa.— Vemos con placer como has hecho avances en tu lucha contra la Inquisición, sin embargo mis fuentes en Marte me dicen que una nueva flota de Inquisidores se dirige hacia nosotros. —Los ojos de Louis se abrieron enormes al escuchar aquello, y no fue el único sorprendido,— Entonces ¿qué es lo que quieres de nosotros?
—Si lo que dices es cierto Cera, y no lo pongo en duda, se hace indispensable que me presten a sus guerreros para apoyarme en esta batalla.
—¿Los hombres? —Minter finalmente habló— ¿Y qué hay de la tecnología? ¿No necesitarás nuestra tecnología?
Louis se quedó callado por un instante pero se decidió y sacó un guante de un bolsillo, se lo puso en la mano izquierda y la puso en alto.
—No, solo necesito a los guerreros, la tecnología puedo desarrollarla por mi mismo. —La mano de Louis desapareció.

