Si aquel hombre era Louis Rackham también, aquella batalla sería terrible, Waldemar había combatido junto al Louis de Júpiter muchas veces, si el Louis de la Tierra se le parecía en los mas mínimo entonces estaban en problemas, pero ni cuando era un simple pirata, ni después cuando se convirtió en un honorable Capitán de la armada Joviana, Waldemar le dio la espalda a los problemas.
—Almirante, debemos atacar al enemigo mientras se está reagrupando. —A Waldemar le preocupaba el ominoso silencio de Sheila, un líder nunca debe guardar silencio cuando la adversidad hace acto de presencia.
—No Capitán, debemos agruparnos nosotros también. —A través de la holografía sin embargo Sheila mantenía como siempre la presencia de una Reina.
—Lamento contradecirla mi Señora, pero la ventaja es nuestra, debemos aprovecharla, si esperamos hasta que el enemigo y sus refuerzos se hayan colo cado en formación ya habremos perdido la ventaja. —A Waldemar no le gustaba contradecir a su Almirante, pero en ocasiones debía hacerlo.
—Muy bien viejo Lobo, es una movida muy arriesgada, sobre todo considerando contra quien nos enfrentamos, ponte tu al frente de un nuevo destacamento, no ordenaré a nadie que te siga, pero tampoco lo prohibiré, pero deberías al menos dejar a Violeta conmigo aquí protegida detrás de Deimos.
—¡No dejaré a mi Waldemar solo! —El holograma de Violeta apareció en ambas cabinas, un gesto de ira afeaba el hermoso rostro de la Capitana.— ¡Y no aceptaré ordenes de lo contrario!
—No te daré órdenes amada mía, pero te hago un llamado a la reflexión, ¿no tienes una responsabilidad para conmigo y para con nuestro futuro? —Waldemar no explicó cual era aquella responsabilidad pero su mirada fue mas que elocuente.
—¿Realmente? —La D’Aramitz no se lo podía creer.— ¿Vas a tener un cachorro de este vejo Lobo? ¡Violeta!
—¡Sheila! —La joven Capitana no estaba contenta de que sus asuntos privados fuesen discutidos públicamente de aquella manera. Su holograma desapareció.
Waldemar partió sin hacer ningún comentario de la buena noticia, detrás de él iban los otros fieles Capitanes que siempre solían acompañarlo.
—¿Mi Señor no extraña al Capitán Allan en circunstancias como esta? —Preguntó Silverio apartando los ojos de los controles de la nave para mirarlo solo por un instante.
Volvían a salir de la sombra protectora de aquella luna convertida en nave de guerra, a lo lejos podían ver al enemigo creando un impresionante formación de naves.
—Un buen amigo y un mejor guerrero, por supuesto que lo extraño, en esta y en todas las circunstancias, pero lo entiendo ¿sabes? Quedarse al lado de su hija es una decisión muy honorable, sobre todo porque él sabe que Sheila no tiene esa opción.
—¿Y si esta guerra se prolonga? ¿Mi Capitán haría lo mismo? —A Silverio no le gustaba la idea de tener que estar al servicio de otro hombre.
—Esperemos que esta guerra no se prolongue mucho mas mi estimado, y ahora concentrémonos en nuestra batalla mejor. Que los otros Capitanes asuman una formación mas distanciada.
La intención de Waldemar era retrasar lo mas posible el tiempo que le tomaba al enemigo reagruparse, de ese modo Deimos y el resto de la fuerza de Júpiter podían conseguir una distancia mas óptima de disparo.
El enemigo creaba una inmensa formación esférica para proteger la nave del Profeta en el centro, Waldemar intentaba tentarlos a salir a pelear con unas pocas naves para luego emboscarlos con el grupo completo pero el truco no funcionaba muy bien, la disciplina era ferrea entre las tropas enemigas pues las naves ineludiblemente volvían a su posición y se limitaban a defenderse desde la distancia.
Sin embargo como el rango de las naves jovianas era superior, Waldemar podía darse el lujo de picarlos uno a uno desde lejos, pero aquello tomaba demasiado tiempo y el enemigo respondía con misiles que si bien él y su nave podían evadir muy bien, no podía garantizar lo mismo de todos los otros Capitanes que lo seguían.
Su maniobra terminó siendo poco mas que una pequeña distracción para el enemigo quien terminó de crear su formación y mas refuerzos continuaban llegando.
—Sácanos de aquí Silverio, hicimos lo que pudimos y no entiendo el movimiento del enemigo volvamos con la Almirante.
Waldemar observó que el enemigo se dirigía en un ruta casi directa hacia Deimos, lo cual no tenía ninguna lógica.
—Tienen mucho poder de fuego, no se puede negar, pero ¿entrar por todo el centro? Tampoco lo entiendo. —Silverio hacía girar la representación holográfica de la batalla una y otra vez por si acaso era que el enemigo estaba viendo la situación desde otra perspectiva.
—Por eso es que tu y yo estamos aquí en medio de la batalla y Sheila la dirige desde atrás.
Sin embargo cuando alcanzaron a las fuerzas jovianas Sheila tampoco tenía idea del por que de aquella aproximación.
—La única explicación es que no estén viendo la distribución de fuerzas correctamente. —La Almirante intentaba darle sentido a aquello.— Si se fueran por la izquierda se enfrentarían solo a la Inquisición, por la derecha solo a nosotros, incluso por encima o por debajo les ganaría algo de tiempo, no lo entiendo, pero no necesitamos entenderlo, ¡comencemos a rodearlos!
Deimos recibía el severo castigo que le daban las naves de la flota terrana sin dejar de avanzar en ningún momento. las flotas de la Inquisición comenzaron a salir desde la derecha y las fuerzas de Júpiter lo hicieron desde la izquierda rodeando así al enemigo que se vió obligado a dividir su fuego. Cuando ambos grupos se encontraban a la distancia óptima vieron algo sorprendente: Desde la nave del Profeta comenzaron a salir misiles que golpeaban una y otra vez a sus propias tropas, muy pronto las naves enemigas estaban siendo atacadas de frente de ambos lados e incluso desde el interior de su propia formación.
—Ahora todo tiene sentido —Waldemar resistía las ganas de reir.— Ese no es el Louis de la Tierra, ese es nuestro Louis.
Aquello tuvo el casi instantáneo efecto de dispersar a las fuerzas del enemigo en todas direcciones y sin ningún orden oportunidad que aprovecharon los Inquisidores y los Jovianos para diezmar bastante la flota Kameliana.
En la cabina de la D’Aramitz apareció un holograma de un hombre envuelto en un lujoso traje:
—¡Mis amados discípulos! No crean en las mentiras de los Jovianos, inclínense ante mi pues yo soy el mas grande Profeta Oscar Gimenez y hago girar la galaxia entre mis dedos, ¡oh sí! Y merezco el premio a la mejor actuación de toda la historia del Sistema Solar.
—¡Bravo! ¡Bravisimo! —Sheila se puso a aplaudir con todas sus fuerzas.
—Tengo mi pistola justo aquí ¿sabes? —Se escuchó la voz de Alphonse por los auriculares.— Y no me está gustando nada toda esta Pantomima.
—A mi tampoco si te soy sincero. —Louis se arrancó el traje y todos pudieron ver que todavía tenía el brazo hinchado y las marcas que le había dejado el arma de nanites.
Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 11 de Noviembre 2014
Mil disculpas por la tardanza en entregar el capítulo de hoy.

