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Los Cielos de Júpiter: Los Cielos de Marte

Con una tecnología de vuelo mas avanzada y sin la necesidad de ocultarse de las fuerzas rebeldes, la flota de la Inquisición pudo regresar a la órbita marciana en poco menos de cuatro meses. El orbe rojo de Marte era difícilmente visible entre la multitud de orbitales que lo rodeaban, ciudades de todos los tamaños, largos complejos agrícolas, innumerables núcleos habitacionales, docenas de asteroides desviados para ser minados en la cercanía del planeta, etc. junto a la infinidad de naves comerciales, el colmenar orbital de Marte se mostraba mas vivo que nunca. Sin embargo los ojos del Almirante Bonafide extrañaban algo:

—Hay algo terriblemente mal aquí…

—Tienes que calmarte Bonafide, el viejo Marte está igual que siempre. —El Almirante Gomez se sentía tan contento de regresar a Marte con vida que todo lo demás le importaba poco.

—Las naves militares, ¿donde están? —El Gran Almirante se había despojado de su uniforme y sus galas preparado para ser despojado igualmente de su rango.

Gomez devolvió su vista al gran ventanal de la nave de batalla y se sorprendió de no haberlo notado antes, ante ellos se mostraba todo Marte y en todo aquel panorama no podía observarse una sola nave de tipo militar.

Sin embargo cualquier reflexión que Roland pudiera hacer el respecto fue interrumpida por un mensaje subconsciente de la mas alta urgencia.

—La Dama Madouc solicita nuestra presencia… —El tono de voz ominoso de Alberto indicaba claramente que aquello no era buena noticia, con un puño se aferró a su camisa, como intentando aferrarse a su estatus, pero su espalda estaba doblada igual que su orgullo.— No debemos hacerla esperar.

La flota de la Inquisición que retornaba de Júpiter quizá tardaría unos días mas en estacionarse y reacondicionarse para el combate, pero Bonafide, Gomez y Fernandez sin embargo tomaron una pequeña fragata con destino expreso a los cuarteles generales de la Inquisición.

Fueron recibidos por un solitario sirviente mecánico, una curiosidad conservada de épocas pretéritas. El hombrecillo metálico realizó un reverencia cuando observó a los Almirantes bajar de la nave.

—La Dama Madouc se encuentra indispuesta, pero si hacen el favor de acompañarme… —Sin esperar respuesta se dio media vuelta y se encaminó al interior de la residencia.

Por supuesto Fernandez no esperaba ser recibido por una parada militar al regresar derrotado, pero había una cierta indignidad en ser recibido de aquella manera. Los Almirantes siguieron al aparato.

—¿Imaginas lo que dirían los Rebeldes Jovianos si vieran esta cosa? —Gomez apuntó al androide que se alejaba con un gracioso caminar bamboleante.

—No solo ellos, si soy sincero a mi también me causa cierta repulsión. —Bonafide arrugaba la nariz ante la vista de la máquina antropomórfica.

Gomez se volteó a preguntar la opinión del Gran Almirante Fernandez, pero el rostro sombrío de este hacía evidente que el hombre no estaba para esa clase de preguntas.

Mas de tres meses para pensar en unas excusas razonables y Alberto todavía no conseguía nada, era claro que tampoco conseguiría nada mas en los próximos pocos segundos y sin embargo no podía evitar continuar pensando en ello.

La residencia de la Dama Madouc que en otras ocasiones estaba a reventar de diferentes oficiales militares venidos de todos los rincones de Marte, en esta ocasión se encontraba en la mas absoluta soledad.

Cuando finalmente penetraron en las habitaciones de la Madouc, una hermosa luz se filtraba por las ventanas de la casa, pero nada de esa iluminación se reflejaba en el rostro de la Dama, los Almirantes se encontraron con una criatura que difícilmente podía ser identificada como la poderosa mujer que gobernaba Marte.

—Bienvenidos defensores de Marte, no tienen idea lo mucho que me contenta verlos regresar con vida, esta es una hora oscura para Marte y para el Sistema Solar.

—¿Qué es lo que ha ocurrido aquí mi Señora? —Bonafide podía hacer poca cosa para ocultar su sorpresa.— ¿Por qué se encuentra usted en esta condición tan lamentable?

Fernandez y Gomez miraron a Bonafide alarmados, pero la Dama Madouc se lo tomó mejor de lo que ellos esperaban.

—Ah Bonafide, siempre aprecié tu sinceridad. —La Dama se abrió el vestido brevemente para mostrar una terrible herida en su abdomen.— Cometí el error de conducir personalmente la batalla en contra del Profeta, lo pagué caro. —La Dama intentó incorporarse pero tuvo un ataque de tos, y hubo de recostarse nuevamente.— No tenemos ni idea de cual arma utilizó en contra de nuestra nave de batalla, lo que es cierto es que la herida no solo no se cura, si no que empeora cada día; estoy muriendo amigos míos…

—No hable de esa manera mi Señora, de seguro la avanzada medicina de nuestros doctores algo podrá hacer. —Balbuceó Gomez sin pensar.

—Soy la Gobernante de todo Marte mi querido Roland, ¿crees que si hubiera algo que hacer no lo habrían hecho ya? Intentaron incluso insertando nanites en mi sangre, pero sea lo que sea esto los consume y los destruye… —Los miró a cada uno en turno.— Yo sobreviví, pero ustedes no quieren saber lo que le ocurrió a los otros.

—Los otros mi Señora, ¿donde están las armadas de Marte?

—Mi estimado Alberto, las otrora inexhaustibles flotas de Marte yacen en ruinas en las órbitas de la Tierra, la Luna y Kamelia, en cuanto me enteré que tus naves retrocedían de Júpiter, de inmediato envié los últimos guardianes a reforzar las pocas fuerzas que nos quedaban allá con la esperanza de retrasar al enemigo lo mas posible, pero lamento decir que no te he ganado mucho tiempo amigo mío.

—¿A mi? ¿Qué quiere decir mi Dama?

—¿No has acabado de entender Alberto? —La Dama Madouc mostró una sonrisa triste.— Estoy muriendo, y tú eres el oficial de mas alto rango en todo Marte, todos los otros están muertos ya, tú Alberto Fernandez serás próximamente Señor de todo Marte y el Cinturón de Asteroides. —Lo miró largamente en silencio, Fernandez no se atrevió a decir nada.— Hubieses sido un gran líder en otras circunstancias ¿sabes? Lamentablemente en estas circunstancias ya todo está perdido, este hombre de la Tierra, este Profeta, no puede ser derrotado, yo lo confirmé en carne propia.

—Quizá haya una forma mi Señora. —Se atrevió a decir Fernandez.

—¿Haz enloquecido muchacho? Te digo que es imposible.

—Peleamos fuego con fuego, sabemos que en Júpiter hay otro hombre, otro Profeta, que tampoco nadie ha podido derrotar…

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 21 de Julio 2014

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