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Los Cielos de Júpiter: La Sonrisa del Calau

Diana brincó sobre Louis incapaz de creer lo que sus ojos le mostraban.

Tiene que haber un kit de primeros auxilios por aquí en alguna parte. —Sheila se movía por toda la esfera intentando encontrar algún modo de ayudar.

Diana no se atrevía ni a poner sus manos sobre Louis pero no podía dejar de mirar. La sangre manaba suavemente de la herida en pequeñas burbujas rojas, pero lo que mas asustaba a la Carter era la posibilidad de que el puñal hubiese atravesado los pulmones.

—Sácame el cuchillo. —Murmuró Rackham con voz apenas audible.

—¡Louis! —Diana no podía creer que su amado estuviera vivo y mucho menos consciente.— ¿Quieres que te lo saque? Pero ¿no sería peor?

—Sácalo…

Diana puso su mano temblorosa en el mango de la hoja, cerró sus dedos alrededor…

—¡Sácalo Diana! —Gritó Sheila desde el otro extremo de la esfera.

A medida que Diana iba retirando el puñal Rackham arrugaba su cara intentando resistir el intenso dolor, cuando la hoja terminó de salir la sangre comenzó a salir mas rápidamente y Diana pensó que había cometido un error gravísimo. Pero entonces Louis flotando en medio de toda aquella sangre asumió una posición totalmente relajada, y a respirar cada vez mas profunda y lentamente; y la sangre comenzó a fluir mas lentamente.

—¿Qué está haciendo? —La D’Aramitz se acercó con el kit de primeros auxilios que finalmente había encontrado.

—Creo que intenta reducir su metabolismo a través del control de su respiración para evitar la perdida de sangre.

—Pues vamos a ayudarlo, estas microesponjas son una antigüedad, pero bien pueden ayudar a limitar el sangrado.

La D’Aramitz aplicó las microesponjas con una jeringuilla por donde el cuchillo había entrado y salido. las minúsculas esponjas estaban cubiertas con un medicamento que ayudaba a coagular la sangre y en pocos segundos se formaron sendas costras en el cuerpo de Rackham.

—Ahora tenemos que llevarlo rápido a un hospital. —Sheila volvió a los controles del aparato.— ¡Allan! ¿Puedes copiarme? —Preguntó Sheila a través del comunicador.

—Sheila estos canales podrían estar siendo monitoreados, ¿Por qué no utilizas el subconsciente?

—Lo intenté y no funciona, nos deben estar bloqueando, ahora escúchame, Rackham está herido, y necesita acceso a un centro médico cuanto antes, pero tú sabes donde nos encontramos, y vamos a necesitar cargarlo fuera de aquí, pero no creo que Diana y yo podamos llevarlo entre las dos.

—Sheila no puedes traer a Louis en ese estado a ningún centro médico, hay agentes de la Inquisición por todas partes, esto es un caos absoluto, solo lo pondrías en mayor peligro; mas aún considerando que muy posiblemente estén escuchando esta transmisión.

La D’Aramitz se volteó a mirar a Louis flotando en medio de la esfera magnética, ya no perdía sangre, pero era casi seguro que poseía heridas internas, tenían que conseguirle atención médica.

—Allan, escúchame con mucha atención, recuerda nuestro primer escondite, te necesito allí con un Doctor bien equipado para tratar una herida muy grave.

—Perfecto Sheila, nos vemos en el viejo escondite. —Respondió Allan.

Diana abrazaba delicadamente a Rakcham, este no le correspondía pues se encontraba en un trance muy profundo. Las lágrimas flotaban como burbujas de los ojos de La Carter y se mezclaban con la sangre derramada de Louis.

Sheila programó el curso en la esfera magnética, uno de los barrios mas antiguos de Ciudad Sagan. Y se acercó nuevamente a la pareja.

—¿Cómo lo ves?

—Sigue respirando, muy lentamente. —Diana tenía el oído pegado del pecho de Louis.— Pero es constante, lo que es bueno.

—No te nos mueras Rackham, no ahora cuando te necesitamos mas. —Sheila miró al rostro  que había desafiado a la muerte en tantas ocasiones, y ahora verlo allí casi muerto, sintió como las lágrimas se acumulaban en los bordes de sus ojos, pero las limpió de un manotazo, no era el momento de mostrar debilidad.— Sobrevivirá Diana, no debemos temer, él siempre sobrevive. —Le apretó con fuerza la mano a su amiga y ella asintió violentamente pero incapaz de contener el llanto.— Yo sé que nos escuchas Louis, vamos a sacarte de esta, pero no te rindas amigo.

Pero entonces Sheila se aproximó al otro cuerpo, el del asesino que ahora se encontraba muerto, el traje de camuflaje óptico todavía estaba funcionando así que el cadáver apenas era una sombra borrosa flotante pero sin la habilidad del asesino era mas sencillo definir la silueta. La D’Aramitz sostuvo el cuerpo aún insegura de donde poner la mano, cuando entró en contacto con el cuerpo le pareció que este volvería a la vida de repente, pero por supuesto no fue así; buscó a tientas la capucha del casco y se lo sacó.

—Raulus Calau… —Había un tono de triste decepción en la voz de Diana quien estaba observando la escena.

Ni muerto podía Raulus dejar de sonreír, su cadáver seguía mostrando todos sus retorcidos dientes.

—¿No se suponía que este sujeto era nuestro aliado?

—La otra chica, la asesina, murmuraba algo sobre un Demonio. —Intentó explicar La Carter.— Louis nos dijo que era una mentira que esparcía su padre.

—Déjame ver si lo entendí, ¿El padre de Rackham cree que es un demonio? Eso explicaría el cuchillo de plata.

La respiración de Louis perdió su ritmo y Diana le hizo señas a Sheila que cambiaran el tema.

En aquel momento la esfera magnética llegó a su destino y comenzó a acoplarse de nuevo con la ciudad orbital, Sheila y Diana se acomodaron para sostener el cuerpo de Louis, pero igual cuando la gravedad retornó no pudieron evitar que Rackham se golpeara un poco, pero él continuó silencioso en su trance. Lo depositaron en el piso en donde les pareció que se relajaba.

—¿Qué haremos ahora? Pesa demasiado para nosotras dos.

—Escúchame Diana, voy a tener que dejarte sola, voy a buscar a Allan y al Doctor, y necesito que te quedes aquí y cuides de Rackham, yo sé que puedes hacerlo.

Diana asintió en silencio mordiéndose los labios, le aterrorizaba la idea de quedarse sola mientras Louis moría lentamente en sus brazos, pero no dijo nada de aquello.

—Cuando yo salga, cierra la compuerta desde adentro y le abras a nadie. —Susurró Sheila en su oído.— Ni que tenga mi voz, ni que te envié una comunicación, solo si escuchas nueve toques en la compuerta ¿entendido?

—Nueve toques, entendido…

Sheila salió por la compuerta y Diana quedó a solas con el cadáver de Raulus Calau y su agonizante amado quien se aferraba a la vida con cada respiración.


Mientras ascendía frenéticamente por las estrecha escalera de caracol Sheila no podía evitar que su mente se llenaran de pensamientos terribles.

Pensar que apenas hace poco tiempo se habían reunido todos para decidir si Louis debía «permanecer muerto» o si debería resucitar mágicamente, y ella no había sido la única que había considerado seriamente dejar que Louis fingiera su muerte permanentemente. Y ahora estaba luchando con uñas y dientes para evitar que muriera, tenía que admitir que aquello era bastante irónico.

Salió de la larga escalera de caracol casi sin aliento, en la superficie de Ciudad Sagan ya era de noche y las luces artificiales habían sido atenuadas, a lo lejos escuchó el sonido de disparos y un griterío. Toda la ciudad era un caos, se necesitaba un líder que pusiera orden, ella intentó hacerlo, pero cuando supo que Louis corría peligro supo que debía salir en su ayuda personalmente; no era la líder que Júpiter necesitaba en ese momento. Se preguntó ¿qué habría hecho Rackham en su lugar? Pero se imaginó que el caos nunca hubiese escalado a aquel nivel si Louis hubiese estado a cargo, o quizá sí, pero él fácilmente hubiese resuelto la situación al tiempo que salía a ayudar.

Sacudió la cabeza intentando que aquellos pensamientos absurdos también se sacudieran. Apretó la pistola en su bolsillo y caminó con mas rapidez. Aquel era un viejo barrio de Sagan, uno de esos lugares donde las construcciones nunca cambian porque nadie quiere que cambien, un sector dedicado casi en su totalidad a las viviendas. Pero el lugar estaba bastante desierto, imaginó que la mayoría de la gente estaba en medio del conflicto.

Cuando finalmente llegó a las inmediaciones del viejo escondite se dio un par de vueltas para asegurarse que nadie la seguía, cuando entró en la pequeña casa se sorprendió de encontrarse no a Allan si no a Violeta,  Waldemar y un desconocido que supuso sería el Doctor.

—Mi Señora, Allan está intentando despistar al enemigo moviéndose en otra dirección, mientras Violeta y yo acompañábamos aquí al Doctor Francis.

—Excelente, Allan ha superado mi propia paranoia, lo que es un verdadero halago, amigos, no tienen idea lo bien que me siento de verlos, pero no tenemos tiempo que perder, nuestro querido Louis agoniza, y la pobre Diana es la única compañía que tiene.

—¡No perdamos mas tiempo! —Exclamó Violeta.— Guíanos Sheila ¿donde es?

—Doctor ¿donde está su equipo?

—Aquí Almirante D’Aramitz. —El Hombre se echó al hombro un bolso enorme y pesado.

Waldemar hizo lo mismo. Sheila volvió a salir a la desolada calle y detrás de ella venían los otros.

—¡Alto en nombre de la Inquisición! —La voz venía de un oficial que encabezaba un escuadrón de soldados que apenas doblaban la esquina.

—¡Iuppiter Optimus Maximus! —Gritó Sheila mientras habría fuego.

—¡Iuppiter Optimus Maximus! —Gritaron también los otros disparando sus armas en dirección al enemigo.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Viernes 8 de Agosto 2014

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