Genevieve y Alphonse caminaban rápido, les habían dicho que aquellos podían ser fácilmente los últimos momentos de vida de su hermano menor. Los pasillos de la clínica estaban extrañamente vacíos, con los soldados rebeldes haciendo guardia en cada puerta.
Los dejaron pasar sin ningún impedimento, y hasta les indicaron el camino, llegaron a la puerta de una habitación, afuera estaban sentados Sheila y Allan quienes murmuraban entre si.
—¿Es aquí? —Les preguntó Genevieve.
Sheila y Allan asintieron silenciosos pero ni los miraron a los ojos.
Cuando entraron en la habitación se encontraron a Louis sentado en la cama y conversando animadamente con Diana, y los Profesores.
Cuando los hermanos entraron hubo un instante de incomodo silencio, hasta que Genevieve soltó la risa y cayó en una silla cercana.
—¿Por qué no me extraña? ¿Por qué demonios no me extraña? —Atinó a decir Genevieve entre una risotada y la siguiente.
Alphonse por otro lado no estaba nada divertido.
—Quiero que me expliques esta farsa muy bien porque de lo contrario te mato yo mismo.
—Esa es la explicación mi querido hermano. —No había siquiera un rastro de dolor en el tono de Louis.— Todo mundo me quiere muerto, entonces pensé ¿por qué no les ahorro el trabajo?
—Yo vi una bala, la vi claramente atravesándote de bando a bando ¿cómo hicieron eso? —Alphonse no terminaba de creérselo.
—Y en efecto. —Louis se desabrochó la pijama y en su pecho podía verse la sutura tras la operación.— Pero la bala no atravesó ningún órgano vital, un disparo expertamente realizado…
—¡Tú! —Alphonse apuntaba a Diana mientras intentaba cerrar su mandíbula.— ¿Le disparaste a Louis?
Diana quien estaba sentada en la misma cama con Louis sacó la pistola de debajo de la almohada.
—No sabes la cantidad de veces que practiqué ese disparo en el simulador.
—Eso explica porqué el tirador no apareció por ninguna parte. —Genevieve se había recuperado de su crisis de risa.— Los cuerpos de seguridad jamás sospecharían de la propia Diana.
—Humos y espejos nuevamente Mago de Oz. —Alphonse se cruzó de brazos y se recostó en una pared.— Pero ¿qué hubieses hecho si el disparo fallaba?
—Yo estaría muerto y todo el mundo estaría mas feliz ¿no es cierto?
Diana golpeó ligeramente a Louis al escucharlo decir aquello.
—Yo nunca fallo, y con toda la práctica que tuve era prácticamente imposible.
—»Practicamente» es una palabra curiosa para referirse a la vida de la persona que uno ama… —Había un cierto tono de recriminación en la voz de Genevieve.
—Pero tienes que entender el razonamiento de nuestro querido hermano, ahora Louis es el mártir de Júpiter…
—Necesitamos aumentar los números de nuestro ejército rápidamente, no tengo que explicarte que la Inquisición volverá a nuestras órbitas en unos meses. Y la población de Júpiter no estaba preparada para salir de la tiranía de la Inquisición y ser reclutada de golpe en una armada, pero ahora no hay necesidad de reclutarlos, ellos mismos se están presentando en las oficinas de conscripción. —Louis apuntó al Profesor Pasternack quien se había mantenido en silencio hasta entonces.
—Los números son espectaculares, la gente está mas dispuesta a pelear que nunca, cualquiera duda de que la Inquisición es el enemigo ha desaparecido.
El Profesor le pasó una pantalla a Alphonse para que viera los números por si mismo, Alphonse ojeó algunas página y meneó la cabeza con una sonrisa de burla en el rostro.
—Yo sabía que eras un maldito manipulador Louis, pero esto… —Lo miró a los ojos.— ¿No sientes siquiera una pizca de vergüenza de utilizar los sentimientos de la gente de esta manera?
—¿Tienes una mejor idea? Porque sinceramente yo hubiese preferido no obligar a Diana a atravesarme con un disparo, pero ¿cuales eran mis alternativas? ¿Gritar mas fuerte? ¿Establecer un sistema de reclutamiento obligatorio? ¿Saco a la Inquisición y me convierto yo en el tirano? Porque esas eran mis opciónes y no creo que ninguna hubiese funcionado muy bien.
Finalmente Alphonse tomó una silla y se sentó en silencio.
—¿Y qué ocurrirá ahora Louis? ¿Volverás a renacer como el Ave Fenix? —Genevieve ya mas seria apuntó a la materia que nadie se había atrevido a señalar.— ¿Qué va a pensar el público de eso? ¿No te acerca eso mas a los profetas? ¿Es ese tu plan? ¿Quieres que la gente de Júpiter piense que eres un semidios? ¿Quieres que te obedezcan sin cuestionamiento?
—No, no, no. —Hubo otro silencio incómodo.— No luchamos todo este tiempo para convertir a la gente de Júpiter en ciegos creyentes. Y no veo razón para que sea así mientras todos mantengamos la boca cerrada en relación a mis orígenes, mi recuperación puede ser a causa de la avanzada tecnología médica de Júpiter o también tenemos la otra opción. ¿Qué pasa si decimos que no me recuperé nunca y simplemente desaparezco del mapa? ¿No causaría muchos menos problemas de esa manera?
Los calabozos de las naves de los Calau parecían sacados de una película de ambientación medieval, las paredes sucias, los diminutos rayos de luz que se filtraban por una estrecha ventana, los pisos llenos de inmundicias… Solo faltaban las ratas.
Rackham escuchó los pasos desgarbados del Viejo Calau aproximándose. El maldito se encargaba él personalmente de traerle la comida todos los días, Rackham no sabía si aquello era una deferencia o una oportunidad de burlarse.
—Los rumores dicen que el más querido de tus hijos agoniza en una clínica de Ciudad Sagan. —El Calau deslizó la bandeja de alimentos por una rendija.
—¡¿Qué?! Eso es imposible ¿cómo? ¿has sido tú? ¿Enviaste uno de los tuyos?
—No, yo no lo hice, y nadie pudo atrapar al culpable, lo cual dice mucho de las fuerzas de seguridad que implementó Louis.
Rackham meneó la cabeza incapaz de convencerse.
—Es una mentira, Louis no puede ser tan estúpido, ¿quien podría escapar de la vigilancia de los asesinos de Casa Rackham? ¡Está mintiendo!
—Lo vi en holovisión siendo atravesado por una bala. —La horrenda sonrisa del Calau nunca abandonaba su rostro.
—No pueden matarlo por medios convencionales, es un Profeta, no podrían matarlo aunque lo atravesaran con todas las balas. Es una mentira, Calau, tienes que hacerlo tú, tienes que utilizar el secreto que te di, tienes que hacerlo.
—Por el momento asumiremos que está muerto, si retorna de entre los muertos como sugieres que hará, entonces veremos…
Los maquilladores habían intentando disimular que Amelia había estado llorando, pero sin mucho éxito, los ojos rojos de la muchacha destacaban terriblemente en las pantallas de holovisión de Júpiter.
En estos momentos los médicos se encuentran en una carrera contra el tiempo intentando salvar la vida del Libertador de Júpiter, nuestro amado Louis Rackham. Mientras tanto la población de Júpiter está mostrando su apoyo al agonizante héroe asistiendo masivamente a las oficinas de conscripción que se han abierto a todo lo largo de las órbitas de Júpiter.
¡Cuando la Inquisición regrese se encontrará con un Júpiter muy cambiado!

