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Los Cielos de Júpiter: Escalones Mortales

Los Profetas finalmente lo habían bendecido, Louis Rackham, ese maldito hereje, se encontraba rodeado en el fondo de un callejón en uno de los barrios bajos de Ciudad Sagan, y nada iba a salvarlo de la muerte que se merecía en esta ocasión.

—¡Avaaancen! —Ordenaba Apóstolos a todo pulmón, enfundado en su viejo uniforme de Gran Almirante, con su largo cabello blanco ondeando en conjunción a su larga barba, casi se sentía como un antiguo profeta él mismo.

Los hombres obedientes se lanzaban a las calles marchando a toda velocidad, los infieles habitantes de la ciudad que durante tantos años fueron protegidos amorosamente por las tropas de la Inquisición ahora se habían vuelto en su contra e impedían el avance de los soldados con todos los medios a su disposición, atravesando vehículos, lanzando objetos de todo tipo y tamaño. Algunos eran tan arrogantes hasta para enfrentarse a las tropas.

Eran un grupo de simple basura humana, todos musculoso pero desgarbados y prácticamente calvos, de ese subgenero que se dedicaba a minar en Calisto.

—¡Apártense en el nombre de la Inquisición! —El grito de Apóstolos llenó toda la calle que los mineros habían bloqueado.

Como toda respuesta le arrojaron un trozo de un bloque de construcción que evadió por poco.

—¡Abran fuego contra los muy malditos! Son herejes igual que ese Rackham, la voluntad de los profetas no será desafiada. —Los ojos del otrora Gran Almirante se abrían enormes y las palabras se le tropezaban con la ira.

Los soldados dudaron por un instante pero cuando apenas levantaron las armas, la arrogancia desapareció de aquellos subhumanos y se dispersaron rápidamente.

—¡JA! Bastante poco les duró el valor a esas basuras, ¡Poledouris! —Apostolos llamó a uno de sus nuevos tenientes— Muévase usted y dos escuadrones adelante, y reporte cualquier alteración en nuestros planes, yo me quedaré en esta área para asegurar el libre paso de nuestras tropas.


Sheila, Diana, Violeta y Waldemar ascendían las escaleras tan rápido como se lo permitían sus magulladas piernas, por fortuna ya no llevaban consigo el peso con el que habían bajado, pero La D’Aramitz sentía como si la sub-ametralladora que llevaba en su espalda le pesara una tonelada.

Arriba los disparos de Perceval se escuchaban cada vez mas frecuentes, el hombre estaba disparando con todo lo que tenía.

—¿Cuantas balas tenía en ese rifle?

—No lo sé Almirante. —Waldemar estaba casi sin aliento.— Pero a la velocidad que está disparando se le van a acabar pronto sin importar que tan grande sea el número.

De pronto dejaron de escuchar los disparos y pensaron lo peor. Redoblaron sus esfuerzos, pero la maldita escalera parecía haber ganado escalones de algún modo. Entonces escucharon que algo caía por el centro de la escalera.

—Eso era un rifle. —Solo la aguda vista de Diana pudo percibirlo.

Ya estaban alcanzando la superficie cuando notaron que el mismo Perceval se arrojaba a la escalera.

—¡Abajo abajo abajo! Están encima de nosotros, no pude contenerlos mas. —El Pobre Perceval venía arrastrándose escaleras abajo con las manos e iba dejando un reguero de sangre por detrás de él.

Waldemar lo levantó y comenzó a bajarlo, Violeta intentó ayudar un poco también, el Capitán Perceval estaba sangrando por una pierna. El balazo no le había dado de lleno, pero no lo dejaba caminar.

Diana y Sheila venían por detrás y disparaban escaleras arriba cada vez que una sombra intentaba asomarse. Bajaban lentamente, Sheila contó los cargadores que le quedaban, los números no eran muy buenos.

—Ahorremos las balas. —Le aconsejó a Diana.— Las vamos a necesitar.

La Carter solo volteó a mirarla brevemente, pero suficiente para que Sheila le señalara la extensa escalera que todavía debían descender.

Vieron caer otro objeto pequeño por el medio de las escaleras.

—¡Granada! —Diana apartó a Sheila hacia la pared.

Sin embargo el artefacto no explotó si no bastante mas abajo, La D’aAramitz se felicito internamente por haber cerrado muy bien la válvula de la esfera magnética. Pero las fuerzas de la Inquisición aprovecharon para entrar finalmente a las escaleras.

—Ya no tengo ángulo de tiro, no tenemos modo de dispararles. —Y sin embargo Diana soltó un par de balazos a tontas y a locas hacia las sombras que se aproximaban.— Lo único que nos queda es correr, ¡corran, corran!

Waldemar sentía como si las piernas y los brazos le fueran a estallar, pero lo que mas se le dificultaba era respirar, echó una mirada hacia arriba y el rostro de terror de las chicas no lo animó mucho.

—Déjeme aquí Capitán, solo soy una carga para usted y para las chicas, déjeme aquí, deme un arma y yo los retrasaré…

—Estás Demente Perceval si piensas que te voy a dejar morir. —Waldemar tomó a Perceval por la cintura y se lo echó a los hombros, y comenzó a saltar los escalones de a tres en tres.

Sintió sus viejas rodillas gemir a causa del peso, pero no era el momento de pensar en esas cosas, no se volteó a mirar nuevamente, pero podía escuchar a Violeta respirando desaforadamente a sus espaldas y las pisadas de las otras dos chicas también venían muy cerca. Lamentablemente no eran las únicas pisadas que escuchaba acercarse.

—Ay no. —Fue lo único que atinó a decir Waldemar cuando vio que la granada que habían lanzado antes había destrozado un buen tramo de escalones mas abajo, pero el pasamanos todavía estaba en pie.— Agárrate bien Perceval.

—Pero Capitán, no creo que usted pueda…

—Le di una orden Perceval, agárrese bien.

Con su antiguo subordinado colgado de su espalda Waldemar se descolgó agarrándose del precario pasamanos, sus brazos eran lo suficientemente fuertes para sostenerlos a los dos, lo que le preocupaba eran sus manos que no estaban acostumbradas a un esfuerzo tan prolongado.

—Chicas. —Las detuvo Violeta.— No creo que este pasamanos nos aguante a todos juntos. —Y bajando el tono de voz.— De hecho dudo que aguante a Waldemar y Perceval por mucho tiempo.

—Pues hacemos guardia aquí mientras ellos terminan de pasar. —Sheila se acostó en los escalones para tener el mejor ángulo apenas se asomara el enemigo.

Violeta y Diana la imitaron, entretanto mas abajo Perceval intentaba colgarse él mismo para ahorrarle el esfuerzo a su antiguo Capitán.

—Creo que si puedo hacerlo, la herida es en mi pierna no en mis brazos.

Waldemar pensó en detenerlo, pero cuando el muchacho se bajó de su espalda sintió un alivio tremendo, como que le volvía el aire. Cuando lo vio alejarse escaleras abajo, notó que en efecto había perdido bastante sangre, desde un poco por encima de la rodilla hasta las botas, todo estaba teñido de sangre. Entonces tuvo que voltear pues escuchó a las chicas disparar.

Diana, Violeta y Sheila tomaron por sorpresa a un grupo de soldados que venían descendiendo a toda carrera, Diana incluso disparó a uno de ellos en medio de los ojos, el pobre infeliz calló muerto instantáneamente. El cuerpo vino rodando escaleras abajo y Sheila lo empujó para que cayera por el agujero central.

—¡¿Quieren mas?! —Preguntó Desafiante la Almirante.— ¡Vuelvan por donde vinieron!

Una granada se vino saltando entre los escalones, Diana siguió la trayectoria y le disparó haciéndolo estallar mucho antes de lo que estimaban los enemigos.

Escaleras arriba escucharon los aullidos de los soldados.

—Digna mujer de Louis Rackham. —Opinó Violeta con ojos muy abiertos.

—Waldemar y Perceval ya han cruzado, es tu turno Violeta.

—¿No deberías ir tú primero Sheila?

—No me discutas, ¡ve!

Con una agilidad que no aparentaba Violeta se descolgó rápidamente y pronto estaba ayudando a los otros dos.

—Te toca Diana.

—No, te toca a ti.

—Diana, Louis nunca me perdonaría si…

Diana simplemente le quitó la sub-ametralladora y le entregó la pistola.

—Yo soy la digna mujer de Louis Rackham, ¿no escuchaste a Violeta? Ahora vete, cuando llegues a los escalones intenta cubrirme, no pierdas mas tiempo, ¡apresúrate!

Los cuerpos de mas soldados de la Inquisición cayeron por el agujero central, el fondo de las escaleras se estaba volviendo un feo cementerio.

Sheila decidió obedecer a Diana, si alguien tenía oportunidad de sobrevivir en aquella situación era ella, le dejó todos los cargadores del arma y comenzó a bajar usando sus brazos, de algún modo sus piernas agradecieron el cambio.

Escuchó a Diana disparar y un quejido, se asustó, pero entonces vio caer otro cuerpo uniformado con los colores purpúreos de la Inquisición.

En cuanto alcanzó los escalones le hizo señas a Diana que se viniera, esta se lanzó el arma a la espalda y saltó al pasamanos intentando descender tan rápido como podía, pero los guerreros de la Inquisición asomaron su feo rostro; Sheila los hizo retroceder con un par de disparos precisos, pero se dieron cuenta de que la otra tiradora había abandonado su puesto y se lanzaron en persecución en masa.

Cuando Diana colgando de una sola mano disparó con precisión una sub-ametralladora con una sola mano, Sheila no lo podía creer. Cuatro soldados cayeron instantáneamente por subestimar a la chica. Diana se apresuró a descender tan rápido como podía; pero detrás venían mas soldados.

De pronto los disparos comenzaron a llover desde abajo hacia arriba, Violeta, Waldemar e incluso Perceval estaban disparando desde el fondo a través del agujero central de las escaleras donde tenían un mucho mejor ángulo de visión.

—¡Mueran malditos mueran! —Gritaba Violeta con un odio que no cabía en su cuerpo.

Muchos enemigos cayeron en aquel instante, y Diana aprovechó para terminar de alcanzar a Sheila, mientras los otros las cubrían y el enemigo intentaba recuperarse las dos mujeres también alcanzaron la válvula de la esfera magnética que Sheila se apresuró a abrir.

—¡Todos adentro ¡rápido! —Les ordenó.

Waldemar prácticamente lanzó a Perceval al interior, no muy atrás entraron los otros. Sheila cerró en cuanto estuvo adentro.

Afuera escucharon la explosión de otra granada.

—Lo hice, pero no obtuve respuesta, sospecho que la Inquisición nos tenía bloqueados Almirante. —Contestó Perceval entre dientes mientras el Doctor Francis se afanaba con rapidez en su herida.

Diana se aproximó a Louis y le alegró notarlo mucho mejor.

—Doctor, ¿cómo sigue Louis?

—Mucho mejor mi Señora, mucho mejor, sin embargo el veneno es muy persistente, si los refuerzos no llegaran, ¿me equivoco al pensar que tampoco lo harán los equipos que necesitamos?

—Lo dudo mucho Doctor. —Sheila se estaba sentando en los controles de la diminuta nave.— Aseguren bien a Louis y a Perceval, lo mejor es que salgamos de aquí antes de que intenten abrir la válvula a la fuerza.

—Un momento Sheila. —Intervino Diana activando la pequeña computadora de abordo.

—No hay tiempo que perder ¿qué estás haciendo?

—Listo, despega ahora. —Diana se asomó por una de las ventanas.

Sheila hizo despegar la nave y todos pudieron escuchar el característico sonido del aire escapando al vacío, y con el aire, los cuerpos de muchos soldados de la Inquisición.

—Diana ¿que hiciste? —Sheila no lo podía creer?

—Desactivé las medidas de seguridad de la Ciudad momentáneamente para esta válvula; todos los soldados que estaban en la escalera ahora flotan en el vacío.

—¿Y los civiles de la ciudad? —Preguntó la Almirante preocupada.

—No te preocupes, la válvula se cerró casi de inmediato, Sagan solo perdió un poco de aire.

—¡Mueran malditos! —Exclamó Violeta al observar los cuerpos de sus enemigos flotar al azar.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Miercoles 13 de Agosto 2014

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