Silverio intentó iluminar el área con su linterna, y cambió la longitud de onda que captaba su visor en varias ocasiones pero fue inútil, no pudo ver al asesino por ninguna parte.
—¿Cómo sabes que hay un asesino allí? —Diana no dejaba de cambiar la longitud de onda de su visor esperando atrapar al menos una sombra.
—¡Puedo olerlo! —Exclamó Louis con fuerza para que su enemigo escuchara.— Los Calau viven en una sociedad hipersexualizada, y todos utilizan una serie de feromonas artificiales para estimular al sexo opuesto, por supuesto imagino que intentan limpiarse antes de salir a una cacería, pero ¡yo todavía puedo olerlo!
Desde el fondo del corredor les llegó una risa confiada.
—Esa es la risa de una chica. —Dijo uno de los soldados.
—Así es, una chica mortal. —Louis apartó a Silverio y entró en el corredor primero que nadie.
Silverio intentó detenerlo pero Diana le hizo señas que lo dejara en paz.
—Él es el único que tiene una verdadera oportunidad contra esa asesina.
La Carter tenía razón, Rackham caminaba despacio, el corredor era casi tan estrecho como aquel por el que habían entrado a la cisterna, tres personas podrían caminar lado a lado con dificultad. Louis iba solo adelante aunque los otros lo seguían de cerca, pero algo en los suaves y muy mesurados pasos de Rackham les helaba la sangre a todos, si Louis era capaz de moverse con aquella suavidad y absoluto silencio, ¿qué podía esperarse de su enemigo que llevaba un traje de camuflaje óptico?
De pronto Louis se detuvo y se agachó un poco, mas adelante podía vislumbrarse la salida del corredor, Rackham olfateó el aire por un largo momento, o al menos eso le pareció a los otros. Entonces tomó la subametralladora que llevaba en la espalda con un movimiento suave, y sereno, con la misma suavidad y con un absoluto silencio se recostó de la pared derecha del corredor y se agachó aún mas, desde el punto de vista de Silverio, Diana y los otros quienes se habían quedado casi paralizados varios pasos atrás, casi no podían ver a Rackham entre las penumbras.
Pero de pronto un solo disparo de Louis rompió el hechizo, el fogonazo iluminó los ojos muy abiertos de Rackham quien de inmediato brincó de la posición agazapada que tenía arma en mano a la salida del corredor.
A Diana le pareció escuchar otros pasos acelerados que no eran los de su equipo y un quejido ahogado pero no estaba segura.
Cuando Louis llegó a la salida descubrió que el corredor daba a una amplia tubería de aguas blancas, pero sin perder ni un instante abrió fuego hacia la izquierda, y en efecto la ráfaga de balas hizo que una sombra apenas percibida se moviera en el umbral de la percepción, Rackham se abalanzó en loca carrera contra su enemiga.
Louis no podía verla, pero podía ver el rastro que dejaban sus pequeños pies en el polvoriento espacio entre la tubería y la pared, cuando estuvo lo suficientemente cerca para escuchar sus jadeos brincó sobre ella pero solo alcanzó a atrapar sus piernas, casi al mismo tiempo pudo ver como un plateado cuchillo salía de una vaina invisible.
—¡Muere demonio! —Exclamó la invisible muchacha al tiempo que empujaba la hoja con toda la fuerza de su brazo.
Rackham intentó apartarse, pero aún así lo atravesó por un costado, la armadura que se había puesto no permitió que la cuchilla penetrara de inmediato, pero la mano experta de la joven asesina buscó con habilidad y rapidez un resquicio entre las piezas del traje. Louis intentaba quitársela de encima sin soltarla, podía sentir el cuchillo buscando donde hincarse, la chica se hacía encaramado a su espalda así que Rackham la estrelló contra la pared, pero la misma fuerza del golpe consiguió que el cuchillo finalmente entrara en un brazo.
—Ahora morirás maldito demonio. —La Asesina se dejó caer al piso.
—¡Chica estúpida! —Gritó Louis pateando en la dirección de la voz incorpórea.
Rackham se sintió sangrar pero eso no lo detuvo, atrapó nuevamente a la chica y le arrancó la máscara, la chica era realmente jóven y también bonita, pero en sus ojos y en su sonrisa sardónica había el toque de locura de los Calau.
—Mi trabajo está hecho Demonio, ahora morirás.
Sin soltar a la chica Rackham se sacó la hoja, la olió, y la probó, pero no había nada extraño al menos nada que él pudiera percibir.
—¿Eres estúpida? ¿Por qué me mataría una herida en el brazo?
—¡Tú eres el estúpido! —Declaró la chica tras una risotada.— Es plata ¿no lo ves? Los demonios como tú no toleran la plata.
—Así que las supersticiones de mi padre han llegado a Casa Calau. —Louis le entregó la muchacha a Silverio y los demás soldados que junto a Diana habían llegado finalmente.— Plata ¿eh? ¿En cuanto tiempo se supone que me matará? ¿No tienes que atravesar mi corazón con una estaca de madera también? ¿No necesitas a un sacerdote de la Inteligencia para el proceso? —Rackham le mostró la herida sangrante pero no había en ella nada fuera de lo normal.— Yo me curaré de esta, pero ¿tu ignorancia quien la curará?
—¿De qué están hablando Louis? —Diana no había podido escuchar la conversación en su totalidad.
—Es una vieja historia, creo que ya conoces parte de ella. —Rackham comenzó a vendarse la herida y se aplicó un torniquete para reducir el sangrado.— Cuando era apenas un muchacho como ella, y vi el desastre que la Inquisición estaba haciendo en Júpiter, le pedí a mi Padre, que interviniera, era el Viejo de Casa Rackham, y se suponía que debía hacer algo. Pero el viejo era un creyente, así que no había manera de convencerlo, así que lo desafié a un duelo por el liderazgo de Casa Rackham, era demasiado joven e inexperto, no creí tener ninguna oportunidad de ganar, mi intención era avergonzar a mi padre y obligarlo a rectificar, pero aceptó mi reto y no me quedó otra opción mas que pelear, debí haber perdido entonces, pero tuve un golpe de suerte y lo derroté, por supuesto no pude matar a mi propio padre. Pero desde entonces, incapaz de creer que fue derrotado por un muchacho con algo de suerte sus psicosis se han inventado una fantasía en donde soy alguna suerte de Demonio. —Mostró la cuchilla de plata.
—Bueno, creo que deberíamos alegrarnos que solo te atacó con un cuchillo de plata. —Había tristeza y amargura en la sonrisa de Diana.
—¿Qué haremos con ella Louis? —Preguntó Silverio.
Pero entonces escucharon pasos que se aproximaban. Eran botas, pero también voces, voces familiares, de pronto entre la penumbra apareció una silueta, una hermosa mujer de piel oscura.
—Vaya que saben esconderse amigos… —La calida voz de Sheila les trajo un enorme alivio.— No se alegren demasiado, todavía tenemos que salir de aquí, los soldados de la Inquisición están por todas partes, vengan conmigo.
Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 4 de Agosto 2014

