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Los Cielos de Júpiter: Concilio

Kamelia, el conjunto de Ciudades Orbitales venidas desde la Tierra, se habían organizado en torno a Calisto, la luna de Júpiter en una suerte de nube esférica.

—No están tan desorganizados como nos gustaría creer. —Louis apuntó a la proyección holográfica.

—¿Será que acaso son tan inocentes que piensan que al negarnos el acceso a las minas de Calisto nos vamos a rendir? —Violeta expresó una pregunta que estaba en la mente de muchos.

—Mas bien creo que se están asegurando de tener ellos continuo acceso a las minas de hielo; —Pero la D’Aramitz tenía mejor visión táctica.— ¿Te das cuenta la cantidad de agua que una fuerza de ese tamaño debe consumir?

La sala de planeación se encontraba en penumbras, solo la proyección holográfica brillaba de forma sólida. Júpiter era representado como una suerte de colosal muro y a su lado el satélite, Calisto rodeado por la infinidad de ciudades orbitales y naves que componían a Kamelia.

Una oleada de proyectiles intentaba golpear a aquel colmenar orbital cada cierto tiempo, pero era inútil pues las defensas de las ciudades los destruían antes de que causaran ningún daño.

—¿Por qué continúas atacándolos de esa manera? —El Capitán Waldemar observó a Louis.— No veo el objeto de continuar desperdiciando munición de ese modo.

—No te preocupes por eso —lo tranquilizó Rackham— los proyectiles están compuestos de diferentes silicatos, así que los tenemos en abundancia. Mi intención con estos ataques es medir sus defensas, ¿a qué distancia se activan? ¿En todos los ángulos son iguales? Etc. Además cuando destruyen nuestros proyectiles solo crean mas micrometeoritos y mas polvo, lo cual les causará una enorme molestia a largo plazo.

—Hablas como si nosotros no fuésemos a recuperar esas órbitas nunca. —Allan estaba muy recuperado pero continuaba un dejo de amargura en su voz.— Cuando Kamelia se haya ido, ¿de quien será la responsabilidad de limpiar ese desastre?

Louis se quedó en silencio unos segundo como considerando su respuesta.

—Bien, lo primero que todos debemos entender es que muy posiblemente Kamelia no se vaya a ir muy pronto… —Rackham dejó caer aquella bomba en medio de la discusión y les permitió un par de instantes para absorberla.— Lo segundo es que, muy probablemente, que, ellos permanezcan aquí hasta morir. No creo que haya negociación con esta gente, no creo que se vayan a rendir nunca.

—No habrá negociación? ¿Sugieres que vamos a tener que matar hasta el último de ellos? Eso es inaceptable. —El concepto no entraba en la mente de Sheila.— Comprendo que tengamos que luchar una guerra cruenta, pero hasta el fanatismo de esta gente ha de tener un límite ¿no?

—No, Señora D’Aramitz, su fanatismo no conoce ningún límite. —El Gran Almirante Alberto Fernandez finalmente entraba en el salón.

Lo acompañaban los otros Almirantes, Bonafide y Gomez, junto a ellos venía una niña.

—Llegan temprano, los esperábamos dentro de una hora. —Louis se puso de pie y les indicó las sillas que debían ocupar en el otro lado de la mesa.— ¿Y quien es esta hermosa niña?

—Esta es la Dama Ana Rosa Troicinet de Marte, y es el cuarto miembro de nuestro concilio. —Bonafide presentó a la niña con gran pompa.— Ana Rosa, este es el… —las palabras se le atoraron cuando se dio cuenta lo que estuvo a punto de decir.— Señor Louis Rackham, líder de Júpiter.

—Es un placer Señor Rackham. —La niña hizo una pequeña reverencia.— Ellos dicen que es usted un Profeta, ¿es eso cierto?

Louis se agachó para quedar a la altura de la niña y la miró a los ojos con una sonrisa.

—Dime Ana Rosa, ¿parezco un sujeto que hace magia?

La niña lo miró por un momento como midiéndolo.

—¿Sinceramente? no. —Negó la pequeña.

—Pues allí lo tienes.

—Pero fácilmente podrías estar engañándome, los Profetas son así. —Ana Rosa procedió a sentarse en uno de los extremos de la mesa.

Louis se sentó en el otro extremo con una sonrisa en su rostro.

—¿Entonces esta pequeña niña formará parte del concilio? —Sheila no se lo podía creer.

—Vive y deja vivir… —Le susurró Violeta poniendo una mano sobre la suya.— «¿Qué nos importa a nosotros que traigan a una niña a la mesa o no?» —Le transmitió la Capitana a la Almirante por vía subconsciente.— «¿Te sientes ofendida acaso? Son sus costumbres, son extrañas, pero no debemos juzgarlos.»

—Así es Almirante D’Aramitz, Ana Rosa es una de las últimas representantes de las Grandes Casas de Marte. —Explicó el Almirante Gomez con gravedad.

—Ana Rosa es madura mas allá de sus años, ella ha deseado estar presente en este concilio para velar por el bienestar de las gentes del Sistema Solar como ha sido el deber de su Casa durante generaciones. Pero… —Bonafide miró a la niña con una sonrisa.— Me ha asegurado que su principal interés entre nosotros es aprender. ¿No es cierto Ana Rosa?

—Completamente Almirante. —La niña era tan pequeña que la mesa apenas dejaba ver sus bonitos ojos.— Le aseguro a todos que no causaré problemas, estoy aquí para escuchar y aprender.

—Y eres bienvenida Ana Rosa. —Intervino Louis.— Escuchar y aprender, esa es una actitud de la que todos podríamos beneficiarnos.

El Gran Almirante Fernandez dejó caer su mano de forma sonora sobre la mesa.

—Los demás ya nos conocemos de antes así que podemos ahorrarnos las presentaciones, regresemos nuestra atención a la materia que nos atañe. El, Señor, Rackham, —Fernandez también tenía dificultades con los títulos al referirse a Louis— ha reseñado las dificultades que se nos podrían presentar al combatir el fanatismo de los habitantes de Kamelia, y estoy de acuerdo con él en casi todo.

—El casi siendo… —Louis apenas toleraba todas las dificultades y recovecos que los Inquisidores de Marte tenían para dirigirse a él.

—Kamelia no puede tener una mentalidad homogenea, es simple y sencillamente demasiada gente, nos gusta generalizar, nos gusta hablar de terranos, de fanáticos, pero nos equivocamos. —Fernandez gesticulaba con animo se notaba que tenía aquella idea en la mente desde hacía tiempo.— Ciertamente debe haber un grupo muy grande y muy extremo de gente que desea esta guerra, pero ¿no es lo mas lógico pensar que hay una inmensa mayoría de gente habitando esas ciudades que preferiría continuar viviendo sus vidas normales y corrientes? ¡Son personas como nosotros! Ciertamente algunos de ellos tienen problemas y desean vernos muertos y están dispuestos a matarse ellos mismos para conseguir ese objetivo, pero la madre que ve a su hijo marchar a una guerra por razones que no entiende, no puede pensar igual.

—Interesante punto de vista. —Sheila no se podía creer que precisamente el Gran Almirante se hubiese soltado aquel discurso.— Pero ¿a donde quiere llegar con eso? Son ellos los que han venido aquí a hacernos la guerra, no podemos cruzarnos de brazos.

—En ningún momento he pretendido insinuar tal cosa, Júpiter tiene todo el derecho a la legítima defensa, pero lo que propongo es que no convirtamos a esta guerra en un baño de sangre de gente inocente. —Levantó la mano para conseguir que Sheila que ya iba a interrumpir, le dejara terminar su idea.— Si pudiésemos controlar a los líderes religiosos, estos nuevos sacerdotes de esta falsa religión que son quienes instigan el odio entre esta gente.

—¿Y por controlar usted quiere decir matarlos? No sería eso mucho peor? —Violeta quería que Fernandez hablara con claridad.— ¿No les daría mas razones para odiarnos?

—Yo diría que los capturáramos y les diéramos un juicio justo, un juicio impartido por este concilio.

—Todo eso suena muy bonito Fernandez, pero ¿entiende usted la dificultad de capturar a esos hombres? —Louis solo tenía que imaginarlo para darse cuenta que era poco menos que imposible.— ¿Tiene idea de cuantos Sacerdotes hay en esas ciudades? ¿Se da cuenta lo bien defendidos que deben estar?

—Me entiende usted mal Señor Rackham, apresar a todos los Sacerdotes sería una locura, pero apresar a los cabecillas, apresar al propio falso Profeta… —Fernandez solo se atrevió a esbozar la idea.

Allan se puso de pie incapaz de creer lo que acababa de escuchar.

—¿Qué es lo que acaba de decir? ¿Ese sujeto está aquí? ¿No se quedó en la Tierra? ¿El falso Profeta está en Júpiter?

—Tenemos inteligencia que nos indica que en efecto aquel quien se ha atrevido a robar el nombre del Gran Profeta ha venido a las órbitas de Júpiter en persona. —Fernandez asintió una y otra vez.

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Miércoles 15 de Octubre 2014

 

 

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