La Universidad de Ganímedes era patrullada por una solitaria fragata, la Inquisición no le daba ninguna importancia al lugar; pero para Louis era un símbolo, aquel había sido su hogar por muchos años y aunque no sería de mucha utilidad estratégica en realidad, recuperar aquel lugar de las garras de su enemigo tenía un especial simbolismo.
Cuando la tripulación de la pequeña fragata Inquisidora detectó a la enorme flota de los rebeldes aproximándose a la órbita de la Universidad se les hizo claro que no tenía ningún sentido presentar batalla, así que pusieron pies en polvorosa de inmediato.
—Van a volver y no van a hacerlo solos —advirtió Sheila por enésima vez.
—Lo sé, —admitió Louis— pero no podemos huir eternamente, este es el punto en que comenzamos a recuperar lo que por derecho nos pertenece. Si la Inquisición viene a intentar sacarnos, tenemos que presentar batalla. Pero no tenemos que esperarlos de manos cruzadas, vamos a organizarnos.
Louis ordenó que la Fragata de Sheila y el Crucero se mantuvieran cerca de la Universidad mientras el pequeño transporte de personal desembarcaba algunos soldados en el interior de la estación para asegurar que estuviera vacía. Mientras tanto grupos de corbetas fueron posicionándose en una formación esférica tomando a la Universidad de Ganímedes como centro y así estar advertidos sin importar la dirección en que llegar la flota enemiga.
—No encontramos nada aquí Louis, la Universidad está vacía —Con la sonrisa burlona que al parecer era la marca de todo Calau, Silvio Diaz comandaba la unidad que había penetrado en la estación.
—Debemos hacer una revisión exhaustiva de micrófonos, cámaras y cualquier otro dispositivo espía. —Indicó Louis— pero eso puede esperar, por el momento retornen al hangar y estén preparados.
No tuvieron que esperar mucho cuando uno de los grupos de corbetas reportó la llegada de una considerable flota enemiga llegando por el suroeste en una órbita de intercepción.
—Según este informe nos sobrepasan tres a uno, y eso si consideramos a nuestras corbetas equivalentes a sus fragatas. —La voz de Diana temblaba un poco.
—No nuestras corbetas no son equivalentes a sus fragatas —Louis hablaba con una firmeza absoluta— aunque nuestras corbetas sean apenas de la mitad del tamaño, su velocidad, rango y poder de fuego las hace muy superiores, lo mismo puede decirse de la nueva Discreta de Sheila, las fragatas de la inquisición no pueden ni intentar compararse, pero es que estoy seguro que hasta los destructores enemigos tendrán problemas al enfrentarla.
—En esto debo respaldar a Rackham completamente —El Profesor Meyers que también estaba presente en el puente del crucero desde donde comandaba Louis no paraba de asentir ante las palabras de este.
Sin embargo el Profesor Pasternack sentado frente a una cónsola con los instrumentos de detección no se sentía tan seguro, él y Diana intercambiaron miradas llenas de preocupación.
Muy pronto todos pudieron ver lo que Pasternack veía a través de sus instrumentos una flota que amenazaba con eclipsar el brillo de las estrellas, compuesta no solo por fragatas, si no destructores, y cruceros también. Antes de darse cuenta Louis se descubrió respirando con fuerza ante aquella visión.
—¿De donde sacó la Inquisición semejante monstruosidad de flota tan rápido? —murmuró para si mismo, pero antes que nadie pudiera responder se irguió orgulloso en mitad del puente— Abre un canal Diana. —la chica no tardó en ejecutar la orden y pronto el mensaje de Louis podía escucharse en todas las naves presentes— ¡Oficiales de la flota de la Inquisición! Retírense mientras aún conservan la vida, la Rebelión de Júpiter va a recuperar este territorio; mi nombre es Louis Rackham, ustedes han aprendido a temer ese nombre, ¿o son tan estúpidos como para creer que pueden oponerse a mi?
No hubo respuesta de la flota Inquisidora, simplemente continuó su avance.
Louis le hizo señas a Diana que cerrara el canal y que volvieran a las comunicaciones encriptadas.
—Sheila, no esperes a que se encuentren a rango óptimo comienza a hacerles daño en cuanto puedas.
La respuesta de la D’Aramitz no se hizo esperar:
—No me enseñes como manejar mi flota Rackham.
Sheila se obligaba a sonar segura, pero lo que le mostraban los instrumentos de su fragata no era para estar tranquilo; además tener a Allan en una nave aparte la preocupaba por partida doble, por un lado no tenía a su artillero de confianza a bordo, y por otro lado se preocupaba de tener a su amante comandando una nave solo por primera vez. Respiró profundamente, era un hombre muy capaz, y aquella no era una nave cualquiera, era la vieja Discreta que habían navegado una y otra vez. La que estaba en problemas era ella, esta nueva fragata era toda una nueva experiencia, pero si lo que decían Rackham, Pasternack y Meyers era cierto no tenía nada que temer…
—Señora Almrirante —Ariadna había servido a Sheila por años, pero en la sala de reactores, moverse al puente era toda una aventura para ella, así que no era extraño que hubiera algo de timidez en su voz.— La flota enemiga se prepara para lanzar misiles.
—Excelente, pase la advertencia al resto de la flota, ¿nuestra formación está completa Señor Rodriguez?
—Ya casi Almirante D’Aramitz, pero estaremos listos cuando tengamos al enemigo en rango.
—Excelente, Ariadna abra un canal —cuando el canal estuvo abierto Sheila continuó— Caballeros no quiero héroes, cualquiera de ustedes que sea golpeado en lo mas mínimo pasa de inmediato al fondo de la formación… —Pero Sheila detuvo su discurso cuando notó la formación que las naves enemigos estaban asumiendo.— ¿Estos imbeciles creen que el mismo truco les va a funcionar dos veces?
La flota de la Inquisición abandonaba la formación compacta en que se venían aproximando las naves y comenzaban a desplegarse en una suerte de embudo que pretendía envolver a las naves Rebeldes.
—Sheila —la voz profunda de Rackham a través de las comunicaciones era inconfundible— en este momento estoy enviando a Alphonse y Genevieve con una ala de cazas a que revisen por detrás de esa formación.
—Pues no sé para que, —le respondió Sheila— sea que estén ocultando algo o sea que realmente intenten rodearnos, igual hemos decidido quedarnos y pelear ¿no es cierto?
—Tienes razón, pero nunca está de mas saber a que nos enfrentamos.
—En eso tienes razón, pero igual di a Alphonse, Genevieve y sus compañeros que no se arriesguen.
—Te estoy escuchando Sheila querida —le respondió Genevieve.— no te preocupes solo daremos un par de pasadas, nos tendrás de vuelta a la batalla antes de que el evento principal comience.
—Señora Almirante, el enemigo está entrando en nuestro rango de disparo. —Advirtió Ariadna.
—¡Fuego a Discreción! —la orden de Sheila se escuchó a todo lo largo de la flota.
Apenas la Almirante había dado la autorización los cañones de las mas de mil corbetas rebeldes abrieron fuego contra las fragatas Inquisidoras que estaban mas próximas, estas incapaces de responder al fuego debían contentarse solo con evadir, pero el daño que las armas de los rebeldes podían ejercer era considerable, en aquella primer andanada de disparos la Inquisición perdió cinco de sus fragatas y otras nueve quedaron visiblemente golpeadas. Sin embargo mientras su flota continuaba disparando Sheila sacaba las cuentas, el enemigo había perdido cinco de unas tres mil fragatas que podían observar, eso sin contar los destructores y cruceros que también podían ver, pero además, ¿qué ocultaba el enemigo por detrás de su formación?
—Señores —le dijo Sheila a su tripulación— espero que estén preparados, nos espera una larga batalla.

